Lo invisible y lo posible
Ampliar el perímetro habitual de la democracia y explorar nuevas modalidades de su ejercicio es la mejor manera de afrontar los innombrables desafíos que tiene la humanidad. A nivel doméstico, lo poco que tenemos de democrático se desdibujó hasta la caricatura en las elecciones pasadas. El fiscal general denunció públicamente un fraude electoral con métodos profesionales y de gran empresa, acusación tardía que concierne solo a las elecciones parlamentarias de marzo pasado. De lo que sucedió en la Registraduría en las dos vueltas presidenciales y de la manipulación, incluyendo las mentiras mediáticas, los sondeos y los aportes económicos subterráneos ni una palabra.
Si nos consideramos demócratas y presumiendo un juego electoral limpio hay que aceptar el triunfo uribista, aunque con una desazón de incomprensión inmensa, por ejemplo, no tiene mucha lógica que en los departamentos de la costa Caribe más golpeados por la miseria, el hambre y la corrupción, como La Guajira y Córdoba gane el partido donde se atrincheraron varios de los responsables de esa situación o como Cartagena que siendo una de las ciudades que alberga más pobres en el país, ganara el candidato uribista. Si estos resultados no son debidos al fraude en el escrutinio o de las maquinarias, que son el sobrenombre de la compra de votos y el clientelismo, habría otra explicación a este fenómeno, incluyendo otras actualidades, como en lo que se llama en psicología cognitiva “la ceguera atencional”, comprobada en un experimento conocido como “el efecto del gorila invisible”.
Los psicólogos estadounidenses Daniel Simons y Christopher Chabris de la universidad de Harvard realizaron un video (1990) de un minuto donde dos equipos jugaban basquetbol. Los voluntarios que lo observaron tenían como consigna contar los pases de balón que cada equipo efectuaba en el transcurso de la partida de básquet. La imagen de un gorila (una persona enteramente disfrazada) aparecía frente a la cámara dándose golpes en el pecho durante 9 segundos. Al preguntar a los voluntarios, cuántos pases había hecho cada equipo, estos respondían sin equivocarse casi siempre, pero cuando les preguntaron si habían visto algo más, algo inusual o un gorila, alrededor del 50 % de las respuestas eran negativas. Los autores atribuyeron estas fallas de desatención a las limitaciones que tiene la percepción humana que no es capaz de mantener una vigilancia consciente multifocal, la atención es desafortunadamente mono-focal, de ahí que la metáfora sobre la atención visual estableciendo una analogía con un foco de luz que ilumina la información seleccionada y deja en la oscuridad la información no seleccionada. Este mecanismo se extiende igualmente a toda la actividad cognitiva (el que podemos dedicarnos a varias ocupaciones a la vez, se debe esencialmente a los automatismos que adquirimos con la experiencia y la repetición). Así de la misma manera que nos engañan los ilusionistas, los políticos y sus asesores nos distraen con mentiras, difamaciones y alarmas dramáticas sin fundamento, permitiendo que el gorila nos haga mofa de frente sin atinar a verlo.
La ceguera atencional es utilizada con tal maestría, que se criticó con virulencia la burla a las leyes por ciertos compatriotas, cuando entraron alcohol a escondidas en un estadio en Rusia o las injurias hechas a unas aficionadas japonesas, mientras que pocas protestas se alzan contra un “honorable” senador que ofende el honor de la madre de una colega.
Si alguna duda asalta el espíritu sobre la veracidad de los diez millones de votos del partido uribista, sucede lo contrario con los ocho millones de votos en favor de la paz, del clima, de la educación, del empleo y en contra de la corrupción de la Colombia Humana y se puede contar con la determinación y voluntad de esta nueva fuerza política. Tanto más cuando la opinión pública cobra cada día más protagonismo volviéndose una actriz incontestable de la participación democrática, sobre todo a la hora de dirimir derechos que se contradicen como el derecho a la vida y el derecho de libre empresa o el derecho al beneficio y en los casos donde el derecho de las minorías transcienden la globalidad social. En Perú, la movilización ciudadana hizo recular la explotación minera en la montaña de los siete colores. En Estados Unidos se pudo, igualmente, frenar la despiadada política migratoria y a los niños, por el momento, no los separarán de su familia.
Al instar de las administraciones locales y progresistas en Estados Unidos, que se oponen a las políticas anti-ecológicas del presidente norteamericano, en Colombia comienza a declarase la misma resistencia, como la del gobernador del departamento de Boyacá prohibiendo el fracking. Algunos autores como Jacques Attali, predice el desmantelamiento progresivo del “Estado Providencia” que garantizaba después de la II guerra en Europa una protección social satisfactoria (en Colombia ni siquiera nos asomamos a la ventana de esa política de Estado). El autor recomienda que de ahora en adelante, los individuos no tendrán otra alternativa que la de tomarse completamente en mano. Esto es en realidad el deseo íntimo del pensamiento neoliberal, teniendo no obstante razón, en el sentido que, para defender el clima, extirparse de la pobreza y luchar contra la corrupción, le corresponde a cada individuo su parte de esfuerzo. Pero si se cuenta con el apoyo institucional, aprovechando que muchas capitales departamentales votaron por la Colombia Humana, le da a la ciudadanía un margen de acción, para atarearse en la infinidad de posibilidades que nos ofrece la post-modernidad. A pesar que se tenga que bregar con un gobierno central retrogrado y conservador, las gobernaciones departamentales, las alcaldías, las asociaciones y los individuos tienen el albedrio de optar o no por un desarrollo solidario.