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Las tres perlas del Caribe y el compromiso deportivo

La designación de la ciudad de Cartagena como sede de los próximos Juegos Nacionales en el año 2019, nos luce a ojo de “buen cubero”, una decisión salomónica de parte del Presidente Juan Manuel Santos.

Teniendo ya Barranquilla la sede de los Juegos Centroamericanos y del Caribe (2018) y teniendo Santa Marta la sede de los Juegos Bolivarianos (2017) ¿qué mejor entonces que darle el derecho de ser anfitrión a Cartagena? De esta manera, la Costa Caribe se ve premiada por el gobierno nacional, lo que constituye una forma de retribuir los favores de la región para el mandatario en  su pasada campaña de reelección presidencial.

Quizás para Medellín y la región antioqueña la decisión no fue la que ellos esperaban. Y en ese sentido podrían sentirse “despojados” de un derecho que tal vez por merecimientos deportivos les correspondían. Antioquia es desde hace bastante rato la región más poderosa en materia deportiva. Los resultados en el historial de los Juegos así lo indican.

En estas decisiones pesa y muchísimo el aspecto político. En ese orden de ideas, el Presidente Juan Manuel Santos, como experimentado y conocedor del manejo político, sabía que repartiendo favores podría mantener satisfecho a toda la región del Caribe. Santa Marta, de antemano favorecida con los Juegos Bolivarianos, tiene un buen pretexto para adelantar obras de infraestructura, no solo en el aspecto deportivo, sino también en comunicaciones, vías terrestres  y otros frentes que la Perla del Caribe ha debido emprender desde hace mucho tiempo.

Con Barranquilla como sede de los Centroamericanos y con proyectos de grandes alcances en construcción de escenarios y recuperación de otros, tiene garantizado un  desarrollo  en todos los frentes por los otros cuatro años y para muchísimos años más. Con los Juegos Centroamericanos el orden de inversión por parte del Gobierno Nacional es cuantioso. Y con el aporte nacional para los Juegos Nacionales de Cartagena también se vislumbra enormes inversiones económicas para la Ciudad Heroica y sus municipios subsedes. Todo ello implica desde luego  granjearse una enorme simpatía y agradecimientos de los caribeños para con el Presidente Santos en lo que le resta de gobierno y en lo proyectado para el siguiente cuatrenio para los que se barajan nombres de sucesores.

La designación de Cartagena para los Juegos Nacionales del 2019 era un compromiso del propio mandatario colombiano quien había prometido su escogencia si en los juegos pasados Bolívar se ubicaba entre los cuatro primeros puestos del certamen. Bolívar cumplió. Fue cuarto. Además, y como punto de afianzamiento, el saliente director de Coldeportes  Andrés Botero, quien nunca se mostró partidario del nombre de Barranquilla, le recomendó al Presidente dar su voto por Cartagena.

Pero a todas luces, en el análisis que nos permitimos hacer de las circunstancias-creemos- como dije al principio, fue la decisión más salomónica y justa aunque entendamos que todo obedece a manejo o intereses de orden político.

Lo que corresponde ahora a los mandatarios tanto de Santa Marta, como de Cartagena y Barranquilla es la de ahondar esfuerzos ante el tiempo apremiante para cada una de las realizaciones deportivas. Pareciera lejano los Juegos Bolivarianos del próximo año, pero ya está aquí, a la vuelta de la esquina. Parecen lejanos los Juegos Centroamericanos y del Caribe del 2018; pero igualmente el tiempo corre a pasos agigantados y no se puede pretender dejar todo para última hora como es la costumbre. Igual para Cartagena a los Juegos Nacionales del 2019 también se vislumbran veloces ante las obras de infraestructura que hay que adelantar.

Quizás la que mejor preparada se encuentra sea la capital de Bolívar por los escenarios que ya existen desde los pasados Juegos Centroamericanos del 2006 que mostraron y dejaron a Cartagena bien posicionada en obras deportivas.

Lo cierto de todo es que la Costa Caribe ha sido, sin duda, favorecida con estos tres eventos que en tres años seguidos ( 2017-2018-2019) mostrarán nacional e internacionalmente la mejor cara de nuestro deporte. En lo que respecta a Barranquilla, el gran compromiso es de doble envergadura: preparar competitivamente a nuestros atletas para cada compromiso, algo que no se ha cumplido de la mejor forma y los resultados así lo demuestran. Y el segundo ítem comprometido es el que tiene que ver con la construcción y restauración de escenarios deportivos. También en este aspecto hemos fallado ostensiblemente.

No queremos que la Costa Atlántica, y en lo particular Barranquilla sea anfitrión de una gran fiesta internacional, como son los Juegos Centroamericanos, y que sean otros, los visitantes quienes se gocen esa gran fiesta deportiva.

Si bien, nos regodeamos y nos damos golpes de pecho anunciando que somos la ciudad de mayor y mejor desarrollo progresista de Colombia, también en materia deportiva debemos fundamentar y soportar tales afirmaciones. Solo así, podremos seguir diciendo lo que en derecho deportivo nos corresponde: ¡Nadie nos quita lo bailao!