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Las mentiras del exrector Castillo

Cuando me embarqué en la lucha por la defensa de la Universidad del Atlántico tenía muy claro que eso iba a requerir mucho esfuerzo de mi parte, sobre todo porque la gente con la cual confrontaba se había habituado a jugar sucio, acudiendo a la mentira, a la demonización del oponente y a la descalificación del adversario empleando medios rastreros.

Pero nunca creí que el exrector Castillo y sus aliados llegaran a tanto para defender la parcela de poder que habían logrado en la Universidad, mediante un acuerdo que se gestó desde mucho antes de que saliera la rectora anterior, quien se fue presionada por sus enemigos internos y externos y por cumplir la edad legal de jubilación.

En los pasquines, en los corrillos y en las redes sociales, quienes osamos enfrentar el régimen politiquero y clientelista de Rafael Castillo Pacheco fuimos estigmatizados y presentados como unos demonios que atacábamos a los angelitos puros que se habían tomado la administración universitaria. La hoguera del macartismo se prendió contra todos nosotros,

El colmo de los colmos fue que, en su interés por descalificarnos, a los pasquineros y matoneadores se les fue tanto la mano que llegaron a tildar de paramilitares a profesores que se han caracterizado por confrontar la violencia de ultraderecha, con el único propósito de usar una mentira para construir un enemigo que luego intentarían golpear.

La mentira, la calumnia, la denigración, el macartismo y el matoneo fueron las armas preferidas de los defensores de Castillo, no de quienes le hacíamos oposición. Castillo y sus aliados convirtieron la mentira en su principal arma, y aparecieron ante la comunidad universitaria y ante la ciudadanía como agentes de la verdad, haciendo una hábil trasposición de los valores.

Todavía hay personas convencidas de que Castillo Pacheco hizo una buena gestión en los meses que rectoró la universidad (quienes no creen lo que escribimos de él y sus aliados), y no me refiero a aquellos que le apoyan porque les entregó alguna prebenda, sino a las personas que creyeron de buena fe en el proyecto del exrector.

Rafael Castillo le mintió a la comunidad universitaria en varios asuntos que explicaremos en esta columna. La hipótesis que intentaré corroborar aquí es la de que este individuo es el rector más mentiroso que ha tenido la institución en toda su historia. Nadie como él para presentar la realidad de manera tan distorsionada y amañada. Y que conste que en la Universidad han trabajado rectores que se acostumbraron a mentir sin ningún recato.

El exrector mintió con su famoso lema Seguimos avanzando. Todos creíamos que avanzábamos hacia una institución más sólida, pero lo cierto es que la politiquería y el clientelismo deterioraron las funciones administrativas de la Universidad. Según el informe preliminar ofrecido por los funcionarios de la actual administración el viernes 4 de septiembre del año en curso, en varias dependencias se contrató personas sin tener en cuenta criterios de idoneidad y se infló la nómina sin una causa racionalmente válida.

El modelo de cambiar prebendas por apoyo político casi cuadriplicó el número de contratados en la Vicerrectoría de Investigaciones. De 9 funcionarios que había en la administración anterior se pasó a 34, según los datos aportados por el Vicerrector de Investigaciones. Pero esto no es lo peor: lo más anormal es que muchas de las personas contratadas no reúnen las calidades mínimas para lidiar con los proyectos y con las otras tareas de una dependencia tan importante. El Vicerrector de Castillo entregó una oficina sumida en el desorden, anotó el nuevo Vicerrector de Investigaciones.

Otra dependencia destrozada por la mala política de Castillo Pacheco fue la Vicerrectoría de Bienestar. La nueva Vicerrectora destacó en su informe que ella estaba muy sorprendida porque cada día se encontraba con nuevas personas en su oficina que decían estar contratadas, y con algunas otras vinculadas como monitoras, sin que eso se pudiera constatar. Llamó la atención sobre una funcionaria de su Vicerrectoría que manejaba esa información pero que no la entregaba porque, supuestamente, “eso era de ella”.

Todavía el caos y la contratitis politiquera en Bienestar no ha sido cuantificado completamente, pero todo apunta a que esta Vicerrectoría fundamental para la Universidad seguía avanzando hacia el desastre, no hacia su fortalecimiento institucional. Si tú como nominador y como principal ordenador del gasto permites que la gente nombrada o contratada no lo sea por sus méritos sino porque te apoya políticamente, la consecuencia es la que ahora ofrece la Vicerrectoría de Bienestar Universitario: una peligrosa desinstitucionalización y un caos colosal.

El colmo de los colmos es que un programa que le sirvió a Castillo para ganar popularidad y aceptación (el de los almuerzos subsidiados), también fue muy mal descrito por la Vicerrectora de Bienestar. El exrector mintió sin recato sobre esa iniciativa, al decir en Atlántico en Noticias que Rafaela Vos Obeso la iba a desmontar. Por el contrario, la nueva rectora explicó en un comunicado público que no acabaría el programa de almuerzos subsidiados, desmintiendo al señor Castillo.

Sin embargo, el informe de la Vicerrectora de Bienestar mostró un panorama muy lamentable de este plan de ayuda a los estudiantes más desfavorecidos. Dijo la funcionaria que el almuerzo subsidiado era servido en condiciones inhumanas, sin ningún respeto por los alumnos que lo recibían, quienes hacían unas filas infernales bajo la inclemencia del clima y al lado de un parqueadero donde se levanta el polvo.

Esta política le sirvió a Castillo para hacer populismo y para ganar apoyo, pero es imposible que se siga adelantando de manera tan inadecuada y tan desordenada. El desorden cunde a la hora de repartir el almuerzo, y parece ser, según lo expresado por la Vicerrectora, que hay personas ajenas al estudiantado que también se benefician de él, como es el caso de ciertos celadores.

La Vicerrectora cuestionó el hecho de que la empresa encargada de preparar los almuerzos (La Vianda) reciba una suma muy elevada ($4.000) de la Universidad, lo que unido a los ochocientos pesos que deben entregar los estudiantes coloca los almuerzos subsidiados casi en el mismo precio de los que se venden en los alrededores, sobre todo porque los alumnos deben pagar el jugo o la gaseosa por aparte.

Un programa tan importante para los estudiantes beneficiados no puede ser tan mal manejado; es necesario mejorar su ejecución para favorecer a los alumnos que lo reciben y para evitar que los dineros públicos vayan a parar a la empresa privada, a través de contratos mal estructurados y antieconómicos.

A pesar de que el balance aún no está completo, el Seguimos avanzando del exrector Castillo se convirtió en un lema que ocultó lo que realmente ocurría en la administración universitaria: un desastre originado por el modelo perverso de cambiar cargos, presupuesto y prebendas por apoyo político. La Vicerrectoría de Docencia, Talento Humano y otras dependencias de la Universidad también se inflaron por el efecto de la estrategia politiquera de Castillo.

Pero donde más ha mentido el exrector es en el aspecto financiero de la institución. Entre enero y abril del año 2015 se acumuló una deuda de $1.500.000 por concepto de tiquetes aéreos. La idea que entregaron los funcionarios en su informe del viernes 4 de septiembre es que se fue muy laxo a la hora de otorgar los tiquetes, sin tener en cuenta criterios de racionalidad, pertinencia e impacto de la actividad de los viajeros al interior  o hacia afuera de la Universidad.

Volar al exterior entusiasma, y si no se tienen suficientes controles o filtros académicos la consecuencia es que se cuele gente que vuele sin merecerlo o por la simple razón de que era amigo del rector-candidato quien, según las palabras de un asistente a la reunión, era quien aprobaba en última instancia quién volaba, pasando por oficinas previas muy permisivas.

Sería importante que se investigara a fondo acerca del viaje de unas cuarenta personas a Rusia, y sobre el viaje de un número elevado de profesores a Cuba, entre quienes se colaron varios que no debían viajar. No está de más destacar que la deuda por los tiquetes aéreos se acrecentó en los tiempos en que el exrector decidió luchar por la rectoría en propiedad.

Pero la mentira más grande de Castillo Pacheco gira alrededor del déficit financiero de la Universidad. Cuando la Contraloría Departamental publicó sus cifras destacando que de enero a abril de 2015 la Universidad acumulaba un déficit que sobrepasaba los veinte mil millones de pesos, Castillo salió a los medios a “demostrar” que era falsa esa aseveración.

El exrector no sólo aseguró que la Contraloría estaba equivocada en sus datos sino que en la Universidad no había déficit, que él había logrado que los ingresos fueran superiores a los egresos en el año 2015, en los mismos meses del hallazgo de los funcionarios del organismo de control.

Esta apreciación, aparentemente cierta, estaba en desacuerdo con un informe técnico presentado a principios del 2015 al Consejo Superior por un funcionario de la universidad (a quien Castillo despidió después), en el cual se afirmó que se acumulaba un déficit que podría paralizar a la universidad en los meses futuros. Algunos expertos también estuvieron de acuerdo con la idea del déficit, en escritos publicados en los medios, como fue el caso del economista Iván Romero Mendoza.

El único que no vio el peligroso déficit fue el inefable señor Castillo, para quien este no solo no existía sino que se atrevió a mostrar unas finanzas sanas y unos ingresos en crecimiento que le auguraban un porvenir floreciente a la institución. El exrector intentó ocultar el problema financiero y por eso agarró por el camino fácil de mentirle a la comunidad universitaria y de presentarse ante la ciudadanía como el único que sabía de ingresos y egresos.

A todos nos pareció muy raro que con esa voraz política de asedio al presupuesto, que con tanta viajadera sin criterios académicos de peso, que con tanto contrato repartido para conseguir apoyo político, todavía la institución se moviera en la bonanza a nivel de ingresos y que los egresos bajaran como por arte de magia. Esto nos llevó a pensar en dos cosas: o que Castillo era un mago de las finanzas, o que era un mentiroso de tiempo completo.

En el informe ofrecido por los funcionarios de la Vicerrectoría Administrativa, otra vez salió a relucir que quien no dijo la verdad sobre nuestras finanzas fue el exrector encargado, pues la Universidad sí ha venido acumulando un déficit que avanzó peligrosamente bajo la tutela de este administrador politiquero.

En la reunión informativa del 4 de septiembre se le preguntó con insistencia a los funcionarios respectivos si en algunos de los meses del año 2015 (hasta el mes de agosto) los ingresos habían superado a los egresos y la respuesta fue que no; también se preguntó si en algún mes de enero a julio había ocurrido que los ingresos superara a los egresos y la respuesta fue un rotundo no.

La Universidad no ha tenido superávit sino déficit en los meses que evaluó la Contraloría Departamental y, sin embargo, Castillo Pacheco le dijo al Consejo Superior que esto no era así sino al contrario, y que ese organismo de control estaba errado en su análisis de las finanzas universitarias; en los medios de comunicación se presentó como el sabelotodo en finanzas, insinuando que todo el mundo estaba equivocado.

Pues bien: según los datos aportados por la Vicerrectoría Administrativa, quien queda como un mentiroso es Rafael Castillo Pacheco, ya que el déficit sí existe y ha puesto en riesgo el funcionamiento normal de la Universidad. Para que la nueva rectora encargada pudiera ordenar el pago de la mesada del mes de agosto de activos y jubilados, hubo que hacer de tripas corazón, es decir, raspar el caldero, como se dice en la jerga popular.

La conclusión es que la situación financiera de la institución es grave, y si el déficit no se cubre con dineros frescos enviados por el gobierno nacional, será imposible pagar los sueldos que faltan para cerrar este año. De acuerdo con los datos preliminares que manejan los funcionarios de la Vicerrectoría Administrativa, el déficit supera los $16.000.000.000, o sea, se acerca a los cálculos que hizo la Contraloría Departamental, y que también enunciaron algunos expertos.

En resumen: Rafael Castillo Pacheco no solo organizó un régimen politiquero y clientelista que lesionó la administración universitaria (al inflar la nómina con gente impreparada e innecesaria), sino que le mintió a los estamentos, al Consejo superior y a la ciudadanía externa  acerca del estado de las finanzas de la Uniatlántico.

Este señor, que ha mentido para desvirtuar las críticas técnicas realizadas por los organismos estatales y por los expertos, ha interpuesto una tutela para que lo regresen a su antiguo cargo de rector encargado. Una pregunta inevitable salta de inmediato a la vista: ¿para qué quiere regresar este pastorcito mentiroso?

Posdata: agradezco la firme posición que asumieron en defensa de la libertad de prensa y de opinión quienes dirigen zonacero.info, los colegas Jorge Cura Amar y Laurian Puerta Ordóñez. La crítica no puede ser censurada por los amigos de la mentira y por quienes (como el señor Rafael Castillo Pacheco) no respetan los bienes o los dineros públicos.