Las cosas se parecen a su dueño
“Es que Alexis Mendoza fue un jugador muy apacible y así juega su equipo”. Lo cierto es que desde que el Junior es dirigido por Mendoza, el juego se hace mesurado, tranquilo, con pausa y sin prisa, con lentitud. Tanta que a veces desespera.
Muchas veces he oído decir que “Las Cosas se parecen a su dueño”. Por eso, si usted ve una tracto-mula, un camión o un vehículo cuatro puertas, blazer, llantas enormes y cabina grande, lo más seguro es que se imagine a su conductor una persona alta, gorda, de más de cien kilos y de brazos robustos. En cambio si ve un Renault 4 o un Alpine, usted cree que quien lo conduce es una persona flaca, bajita y de poco peso.
Cierto o no, tal apreciación corresponde a lo que la vista le deja ver en su entorno. Alguien dijo a la salida del estadio después del partido entre Junior y Medellín, “es que Alexis Mendoza fue un jugador muy apacible y así juega su equipo”. La misma frase la escuche horas después cuando ya hacía el frío análisis del encuentro en el que los “Tiburones” dejaron escapar la victoria en casa. “Junior juega como jugaba Alexis”. La frase iba acompañada de otras conjeturas como que Mendoza era demasiado sereno, que no desgastaba físicamente su condición y que prefería salir de su propia zona defensiva con manejo del balón, con tranquilidad y sin apresurarse.
Lo cierto es que desde que el equipo es dirigido por Mendoza, el juego se hace mesurado, tranquilo, con pausa y sin prisa, con lentitud. Tanta que a veces desespera. Con demasiada táctica de toque de balón, con el juego centrado y sin profundidad. Queriendo inclusive llegar al arco rival con toque-toque. Como si así se pudiera afrontar toda contienda.
Creemos que el manejo es importante, la tenencia de la pelota es fructífera pero en la medida en que esa fortaleza técnica vaya hacia adelante y no del medio hacia atrás. Frente al Medellín, Junior mostró esa faceta a la que nos tiene acostumbrado. Pero esta vez pienso que abusó demasiado con el juego centrado en el que los volantes creativos como Vladimir y Jarlan fueron presa fácil de sus marcadores. Fueron aislados y por ello el Medellín pudo replegarse y jugar a lo que querían.
Le faltó presión al local. Como le ha faltado en juegos claves como Millonarios y Nacional los dos últimos a los que sin embargo logró eliminar. Junior juega casi sin despeinarse; le apuesta más a la técnica y la tenencia del balón que a la velocidad y la fuerza. Pero además sus jugadores son o practican el fútbol inocente, no aplican malicia indígena y en las faltas que le cometen no dan base para que los árbitros sancionen con tarjetas a sus rivales.
“El futbol es para hombres y lo juegan los hombres” siempre se ha dicho. Pero la ingenuidad raya en la práctica juniorista. El equipo rojiblanco le hace fácil el trabajo a su rival. Medellín que llegó con una idea clara de replegarse y esperar alguna oportunidad de contragolpe o descuido local, vio entonces facilitado su trabajo ante un Junior que careció de ideas para superar el inconveniente.
De nada sirvió el marco pletórico del estadio. El aliento de sus hinchas, el colorido de sus tribunas y la alegría que se vivió antes y durante el partido. Ni el estruendo de los totes y bengalas ni el estallido de miles de gargantas que parecían reventar al grito de ¡Junior, Junior, Junior..!
Y entre el desaliento y la esperanza fueron saliendo los hinchas del estadio. Con la desilusión de saber que se pudo haber perdido gran parte de esa octava estrella; pero aún así, con un hálito de esperanza. Esa esperanza a la que nos tiene acostumbrado el equipo. Los títulos y los triunfos del Junior casi siempre han estado impregnados de ese ambiente. No es ahora. Que recordemos, desde su reaparición en 1966 la historia nos muestra muchos ejemplos.
La primera vez, que recordemos, se remonta al título del Torneo Apertura en 1976 bajo la dirección de José Varacka. Aquel triunfo 4-1 en el Romelio Martínez frente a Millonarios parecía darle una ventaja amplia para coronarse en el Campín. Sin embargo en Bogotá Millos nos venció por 3-1. Y en el alargue del juego que hizo la Dimayor, Millonarios marcó el cuarto gol para emparejar el resultado. Una gresca general obligó la suspensión del juego. La definición del ganador hubo que hacerse días después en sorteo de unas balotas. Junior sacó la pelota par y así logró el titulo. El público barranquillero debió soportar aquella paridera durante esos varios días.
Más recientemente recordamos aquel 2004 luego de la victoria 3-0 sobre Nacional. Parecía amplia la distancia. Nacional sin embargo nos empacó 5 goles en el Atanasio y con el 5-2 (gol de Ribonetto) en la agonía del juego, hubo que ir a los tiros penaltis. Junior se impuso y ganó el quinto título en medio de ese otro parto. Y más recientemente en el titulo del 2011 después de estar en desventaja con Millonarios 3-0 logró emparejar con idéntico marcador para vencer a los capitalinos y ascender a la final con el Once Caldas al que venció en tiros penaltis.
Y en este mismo torneo del 2016 debimos soportar el partido frente a Millonarios. También definido en tiros desde los doce pasos. Y finalmente ante Nacional en la semifinal. Otro parto ganado en los penales después del empate 1-1 en Barranquilla y el cero en Medellín.
Con Alexis Mendoza la costumbre se ha hecho ley. Junior es ese equipo de contrastes que hoy te brinda desilusión, rabia, tristeza y te lleva al borde de la desesperación. Y luego de eleva a la gloria, te devuelve el entusiasmo y la felicidad. Con este Junior nos hemos acostumbrado a perder la fé, pero también creer en la increíble, en conseguir lo imposible y en alegrarnos luego de la tristeza.
Ahí radica quizás ese hálito de esperanza que aun mantenemos los hinchas, los barranquilleros, en fin los seguidores de la divisa rojiblanca. Porque nos hemos acostumbrado a conseguir en patio ajeno lo que dejamos escapar en casa. No pudimos con el Medellín en el Estadio Roberto Meléndez. Esperamos conseguirlo en el Atanasio Girardot. Todo parece contradecir nuestras aspiraciones. Porque allá tendremos todo en contra: ambiente, público y árbitros. Pero aun así seguiremos creyendo en lo nuestro.
Aquí hicimos la fiesta y no pudimos gozárnosla. Que sean ellos ahora, los antioqueños los que la hagan. Y que seamos nosotros quienes la disfrutemos. Ojalá así sea.