La verdad sobre el uso de la mentira sistemática en la Uniatlántico
Álvaro Uribe Vélez suele llamar a sus delincuentes de cuello blanco hombres probos, muchachos impolutos. Probo significa, según el DRAE, que tiene probidad u honradez. Impoluto es sinónimo de limpio o sin mancha.
Los dos conceptos han sido utilizados por este personaje para dar a entender que sus muchachos son personas decentes, que no han cometido delitos, y que son, además, objeto de una cruel persecución o venganza criminal por parte de sus enemigos, la cual los convierte en lo que nunca han sido, o sea, en criminales verdaderos.
Uribe Vélez, Ordóñez Maldonado y quienes se les parecen han envilecido la política aún más al saturarla de mentiras y desinformación para confundir a la gente. Emplean la mentira sistemática como un recurso político para conseguir apoyo, de la misma manera que lo hizo Donald Trump en los Estados Unidos o como lo hacen otros dirigentes inescrupulosos en varios lugares del planeta.
En la Universidad del Atlántico también se viene empleando la mentira sistemática. Pero lo curioso del asunto es que ese uso no parte solo de los ultraderechistas que siguen a Uribe y a Ordóñez, sino de personas y grupos que se les enfrentan ideológica y políticamente.
Esto es curioso pero a la vez muy delicado, porque uno supone que los individuos o grupos que la usan deberían exhibir otra clase de comportamiento, derivado de unos principios y valores que los niegan para la mentira, el cinismo o cualquier otra actitud más normal en gente moralmente descompuesta.
El grave problema padecido en la Uniatlántico es que la utilización sistemática de la mentira es promovida por quienes se autoproclaman defensores de la verdad, y por quienes se consideran moralmente superiores o exentos de manchas o estigmas morales.
Quizás lo más vergonzoso es el hecho de que ese empleo sistemático de la mentira sea el pan de cada día estimulado por un sector de la izquierda universitaria, una izquierda descompuesta a la cual no le preocupa la verdad, ni los principios, ni los valores. Para no pecar de injusto, cabe aclarar que no se trata de toda la izquierda, sino de una fracción inmoral de esta.
Y no se trata de toda la izquierda (aglutinada en partidos o agremiaciones estudiantiles) porque me consta que, tal vez, la mayoría de esa izquierda no comparte los métodos de quienes han mentido o denigrado a los demás para conseguir apoyo político, y esa parte mayoritaria de la izquierda hasta ha llegado a oponerse a quienes usan la ideología para desarrollar practicas antiéticas o corruptas en contra de la Universidad.
A esa izquierda corrupta, inmoral, que pisotea la verdad y utiliza la mentira sin escrúpulos es a la que hemos calificado como los depredadores, junto a otros núcleos que no posan de revolucionarios, pero que tampoco tienen escrúpulos para desarrollar comportamientos que lesionan el presupuesto o la administración universitaria.
Todos esos sectores coaligados son un riesgo tremendo para la institución, pues de dientes para afuera dicen defenderla, cuidar lo público, pero en la práctica solo tienen en la mira utilizarla para sus fines ideológicos, políticos o económicos. A los depredadores nunca les ha interesado la academia, o el adecuado funcionamiento institucional, sino ordeñar la ubre universitaria en provecho propio o de sus amigos.
Este columnista se impuso el sacrificio de analizar a fondo lo que ocurre en la Universidad (a través de rigurosos procesos investigativos) y ha develado una serie de verdades hasta ahora no respondidas con argumentos sólidos por ninguno de los depredadores. La evidencia de ese esfuerzo está contenida en la gran cantidad de columnas que el público puede revisar aquí, en el archivo de zonacero.com.
El principal interés de ese trabajo consiste en defender la institución del asedio de quienes no la aman y de los que la instrumentalizan con fines ideológicos, políticos o económicos. Esto abre un debate sobre la razón de ser de la institución y acerca de lo que cabe hacer para protegerla.
Se ha escrito que la principal razón de ser de la Uniatlántico es la academia, entendida como docencia, investigación y extensión, principalmente. Si este argumento es válido, resulta obvio que lo principal a defender en la institución es su tejido académico, y todos los procesos administrativos destinados a conservarlo o mejorarlo.
Lo ideólogos, los políticos y quienes solo se mueven por fines económicos no entienden el asunto de esta manera, pues para ellos lo más importante es el “trabajo político”, la propagación de una ideología o utilizar los cargos y la plata del presupuesto para repartir prebendas.
Esta última acción lesiona la función académica de la alma mater, al introducirla en un proceso sociopolítico que desemboca en el clientelismo y la politiquería, y que, además, somete la administración a las actitudes rapiñeras de quienes no la ven como un medio para mejorar la academia, sino para conseguir dividendos político-ideológicos o económicos.
Hemos demostrado con suficientes pruebas que este fue el modelo que impuso en sus 11 meses de rectoría el señor Rafael Castillo Pacheco para intentar perpetuarse en el poder. Ese modelo inmoral y depredador de lo público está en la base de las consultas amañadas que ese señor ganó entre los estudiantes y profesores.
Pero de nada han servido las evidencias publicadas (muchas de las cuales aún circulan en la web) sobre la entrega de cheques a sus aliados en el Consejo Superior o acerca de los contratos otorgados a sus amigos políticos. La verdad sobre esas prácticas lesivas les ha rebotado, y los implicados siguen esparciendo la mentira de que esto no es así.
La respuesta de los depredadores ha sido una campaña ruin de desprestigio contra mí (basada en la mentira y las calumnias), pero no una refutación de los argumentos planteados que surgen de las pruebas. Ante las denuncias de malos manejos, de politiquería y clientelismo, los depredadores actúan como Uribe: macartismo, calumnias, falsedades y confusión, para que la gente crea lo que no es y para seguir ocultando su verdadero rostro.
El método de Uribe es el de los nazis, y el de los depredadores es muy similar, pero con la diferencia de que estos se creen puros, santos, y dicen actuar a nombre de una supuesta santidad revolucionaria que solo existe en sus cabezas, alimentada no por la realidad sino por sus propias creencias.
Los depredadores han recibido contratos, dinero y otras prebendas pero jamás reconocen eso, aunque la evidencia ya sea pública. Para completar el cuadro, no se defienden con la verdad (porque no tienen cómo) sino acudiendo a las mentiras. Han buscado desde hace largo tiempo desestabilizar a la institución difamando, lanzando chismes para confundir, y propalando la desinformación.
Un hecho sintomático de este modus operandi fue lo ocurrido con el Bloque H. Los depredadores no escucharon nunca los argumentos de los técnicos y de los científicos, pues su único propósito era vender el chisme de que ese Bloque se iba a caer por culpa de la administración.
El Bloque H nunca estuvo en aprietos por problemas estructurales, pero ellos le decían a la gente, para aumentar su terror, que ese edificio se estaba desplomando, debido a la ineficiencia de los administradores. El propósito era mentir para estimular el caos y para luego pescar en río revuelto. Eso es Joseph Goebbels en estado puro.
El Bloque H goza de muy buena salud, pero ni en los pasquines ni en ningún otro medio público nadie de los depredadores ha salido a declarar que se equivocaron, que era mentira lo que planteaban y que todo obedeció a una campaña sistemática de falsedades para desestabilizar, buscando tomarse a la institución para depredarla.
El caso más reciente que ha provocado un escándalo público es el de los tres estudiantes que, en conjunto, han gastado casi cincuenta años para culminar sus carreras. Este es un problema relacionado con lo que se analiza, es decir, con el hecho de que se llega a la Universidad no a hacer academia sino política, a promover una ideología o a utilizar la institución como negocio particular.
Por más problemas que tenga la normatividad interna, aquí también subyace un asunto relacionado con la ética y con la forma como algunas personas ven la institución. Si tú no vienes con el objetivo de hacer una carrera profesional, sino con el propósito de prebendear, organizar partidos o hacer negocios pues no te conviene terminar la carrera, solo pelechar en la institución, o utilizarla como un instrumento para tus objetivos no académicos.
Si le quitas la oportunidad a otra personas, eso no es problema tuyo porque estás cumpliendo una misión que consideras sagrada y que está, según tu perspectiva, más allá de lo académico. En este caso, los objetivos no académicos traen consigo unas prácticas que niegan lo académico, porque se le considera irrelevante o secundario.
¿Cuál fue la reacción de los castillistas y de los depredadores ante la denuncia que sobre esos tres estudiantes hizo un medio local? En vez de indagar honestamente sobre el origen del asunto para encontrar la solución, todos a una tendieron a justificar a los implicados por razones políticas, ideológicas o por simple oportunismo o amiguismo.
Es claro que la raíz del mal no está solo en la laxitud de la legislación, pues también tiene que ver con la mentalidad y los intereses de los denunciados y, sobre todo, con el hecho de que ingresaron a la Universidad privilegiando su trabajo político-ideológico o sus intereses económicos.
Esta es la verdad de fondo de este asunto, pero a los castillistas, a los depredadores y al oportunismo (o amiguismo) internos y externos no les interesa la verdad sino la mentira y, además, desinformar para ocultar el trasfondo de la problemática. Igual como procede su enemigo Uribe.
¿Acaso ese amiguismo y oportunismo se ha preguntado si los tres estudiantes cometieron un error o una falta ética? Para nada. Lo que les preocupó, aunque suene raro y hasta cómico, fue quién filtró los datos a la prensa. Es decir, el castillismo ha reventado tanto los valores internos que el problema para él no es quién comete un supuesto delito, una indelicadeza o un comportamiento inmoral sino quién le entregó los papeles al periódico para que hiciera la denuncia.
Otra vez: ¿no es este el mismo método de Uribe el cual, ante las denuncias sobre malos manejos, nunca rebate los argumentos o las pruebas que las sustentan sino que distrae la atención hacia otro lado, tratando de salvar a sus delincuentes y buscando hundir o calumniar a quienes los ponen en evidencia?
Como en el caso de Uribe, la mentira sistemática en la Uniatlántico es utilizada por agentes políticos a quienes no les interesa la verdad, y que obtienen réditos políticos de la confusión y la desinformación. En el caso de los fascistas, de la gente de Uribe y de Trump, uno entiende que la falta de escrúpulos sea la raíz de su comportamiento deleznable.
Pero ¿qué podemos pensar de un sector de la izquierda universitaria que utiliza pasquines mentirosos, que calumnia sin recato moral y que destroza la honra de quien sea solo para descalificar al contrario o tomarse el poder? ¿Todo está permitido para ellos (dada su creencia en la pureza de sus objetivos revolucionarios) o, por el contrario, también deben observar los códigos morales que rigen para las personas de carne y hueso, que no se creen santos? ¿Ese comportamiento mentiroso e inmoral no es sinónimo del todo vale de Uribe?
Es claro que quienes se autoproclaman revolucionarios o de izquierda tienen también la obligación moral de respetar la verdad, y de respetar la dignidad y la honra de los demás, aunque no piensen como ellos. Pero la práctica de esos individuos alimenta la mentira, el macartismo, la desinformación y las malas maneras porque sus intereses ideológicos y políticos también se ponen por encima (muy por encima) de la decencia y de la honradez política.
Así como ubican a la academia en un segundo plano, también colocan la verdad y la decencia muy por debajo de todos sus antivalores y de la causa mesiánica que creen encarnar. Esa transmutación de todos los valores ha dado lugar a una subcultura violenta donde el pasquín y el macartismo son los medios dominantes, por no mencionar otros más burdos.
¿Hacia qué clase de revolución llevará la práctica de estas personas? ¿Es realmente revolucionario mentir y engañar, copiando los métodos de Uribe? Sí, como lo enseñó Marx, la práctica es el principal criterio para la elaboración de la verdad, ¿por qué los depredadores no defienden la verdad sino la mentira sistemática?