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La Uniatlántico y el viacrucis de la elección de rector

Continúa el melodrama de la selección de rector en propiedad en la Universidad del Atlántico. En una columna anterior se anotó que, dadas las circunstancias y los intereses de los aspirantes, el “empate técnico” entre Prasca y Castillo muy difícilmente se iba a romper, debido al carácter inamovible de sus apoyos.

Según las últimas votaciones, los representantes del gobierno central y el Doctor Verano, junto a Leyton Barrios, no cederán en su propósito de que Carlos Prasca sea el nuevo rector. Por su parte, los representantes del estamento estudiantil y de los profesores, junto al de las autoridades administrativas, tampoco lo harán apoyando a Rafael Castillo.

El voto que podría desempatar el asunto es el del representante de los gremios, pero como Castillo y sus amigos saben que no está en su mochila, lo han recusado o vetado con todas las armas disponibles. Quien se gane ese voto (después de salvar las barreras legales interpuestas) obtendrá el triunfo definitivo, pues con él cualquiera de los dos bandos lograría el mágico número cinco.

Hay un  voto suelto en el Consejo Superior que irá hacia el campo que más cosas ofrezca. Ese es el del consejero Antonio Vallejo Morales. Antonio no está en el Superior para pelear por la academia, sino para conseguir poder y para acomodarse como político utilizando la representación de los exrectores.

Este personaje no le hace bien a la institución porque ha empleado su investidura para autopromoverse y para acolitar decanos de muy dudosa eficiencia. Tal es el caso de la señora Janeth Tovar, decana de la Facultad de Educación, quien es la principal responsable de la crisis de esa Facultad (a raíz de la reciente decisión del MEN, en cuanto a la no acreditación de licenciaturas), por su falta de liderazgo y capacidad de trabajo.

Antonio Vallejo Morales es el más fuerte apoyo de esta funcionaria incompetente en el Consejo Superior. Pero cabe anotar que Janeth Tovar está también muy cerca, políticamente hablando, de otros dos consejeros: Roberto Figueroa, representante de los profesores, y Jonathan Camargo, quien representa a los estudiantes. La crisis de la Facultad de Educación tiene mucho que ver con estos personajes, quienes son aliados de Janeth Tovar.

Vallejo Morales utiliza a Salim Mattar como su comodín en el Superior, a sabiendas de que es casi imposible que gane la elección. A la final, a Vallejo no le interesa el profesor Salim, sino lo que pueda obtener para sí en el juego de intereses en que participan quienes ven a la Universidad como un botín.

Si el voto de Vallejo pudiera servirle a alguien, lo más seguro es que iría a las alforjas de Castillo, pues este y su gente están acostumbrados a obtener apoyo entregando prebendas y poder, como ya se vio en los once meses que estuvo al frente del barco universitario.

Pero el voto de Vallejo por Castillo solo sirve para empatar a cuatro, de acuerdo con lo ocurrido en la última sesión del Consejo Superior. Castillo cuatro (incluyendo el apoyo de Vallejo, quien tiene al profesor Mattar como una veleta, pero no del destino sino de sus apetitos personales) y Prasca cuatro votos.

El empate lo disuelve el voto del Intergremial, pero ya sabemos que los castillistas dejarán la sangre en la arena para evitar que César Lorduy (o el reemplazo) participe en la elección, pues su aval sería para cualquiera, pero nunca para Castillo. Recuérdese que cuando sacaron a Rafael Castillo de la rectoría (porque estaba usando el puesto para perpetuarse en el poder), uno de los votos que lo hizo salir fue el del Intergremial.

¿Cómo se podría resolver este melodrama convertido en viacrucis? Es prácticamente imposible que Salim Mattar sea elegido rector, debido a como está definida la correlación de fuerzas en el Superior. La cuestión solo podría tener salida a favor de Castillo o de Prasca.

A ambos les falta un voto. Pero el votante número nueve ha sido recusado porque es el que permitiría sacar humo blanco de esta parodia de intereses creados en que se ha convertido la elección de rector. Y como este no es de Castillo, los castillistas lo vetarán cueste lo que cueste.

De tal manera que mientras siga el impedimento legal del representante de los gremios, nunca saldrá rector en propiedad. En consecuencia, estamos en un punto estático, sin movimiento posible, debido al equilibrio de las fuerzas enfrentadas.

Parece que el gobernador quiere barajar de nuevo, es decir, borrar todo y comenzar de cero. Pero aquí ocurre la parte cómica del melodrama: los supuestos enemigos se unen para evitar que los dejen por fuera. Los votos fijos de Castillo y, por lo menos, un voto fijo de Prasca se cierran en un solo cuerpo para eludir el borrón y cuenta nueva.

Es decir, no se puede elegir rector en propiedad en el marco de este proceso cansón que ya lleva sus años, pero tampoco es posible echar todo lo andado en el cesto de la basura, porque los mismos del empate técnico que evita la elección se unen como un solo equipo para no dejar hundir este viacrucis. ¿Cómo reventar este galimatías?

En vista de la imposibilidad de romper los equilibrios actuales, algunos quizá le apuesten a ganar las nuevas representaciones al Superior que se elegirán en los meses próximos. Para eso, hasta el gobernador se muestra dispuesto a sacrificar a la actual rectora para colocar un nuevo rector encargado que trabaje en función de esa idea.

Lo trágico del asunto sería que a una rectora que lo ha hecho bien (a pesar del saboteo sistemático interno), le pongan de reemplazo a un inepto como el señor Álvaro Lastra (echado de la Facultad de Derecho por incapaz), o a una persona como Janeth Tovar, decana de la Facultad de Educación y principal responsable de su crisis académica (esta señora tendría en el Superior los votos de Figueroa, Camargo y Vallejo, sus aliados en la debacle de Educación).

El señor gobernador no debería desesperarse tumbando una administración (como la de la profesora Rafaela Vos Obeso) que ha sido un dique de contención contra la politiquería y el clientelismo. Si no ha gozado del apoyo de los depredadores, de los castillistas o de Antonio Vallejo Morales es porque nunca se plegó a sus apetitos.

Es importante lo que ha hecho esta rectora tratando de limpiar los procesos de contratación interna, de evitar incurrir en los mismos vicios de Castillo Pacheco y sus amigos, soportando la paquidermia de la Junta Pro Ciudadela (que no arregla ascensores y otros detalles quién sabe por qué), en medio de un mar de calumnias y de saboteo promovido por los depredadores, como para que salga de la rectoría de la forma como siempre han querido sacarla sus enemigos.

Los depredadores y los castillistas son tan falsos que dañan o sabotean los procesos internos, y luego aparecen ante los medios de comunicación culpando a otros de lo que ellos mismos provocan. El sabotaje generado por estos (porque aspiran a tomarse la Universidad) es presentado, cínicamente, como si fuera realizado por otros. Por cosas como esa este columnista ha escrito que dicha fracción de la izquierda universitaria inmoral (y otros individuos o grupos descompuestos) son similares a los uribistas.

Señor gobernador: la situación de la Universidad del Atlántico es muy delicada, por el riesgo de que caiga otra vez en manos de quienes no aman la academia, pues entran a ella a hacer política, propagar su ideología o conseguir prebendas o poder.

Si no sale humo blanco de esta guachafita que no parece tener solución, lo mejor es comenzar otro proceso, pero garantizando que las distorsiones politiqueras internas y externas no cuenten en la escogencia de un académico no politiquero para dirigir la institución. ¿Podrían Lastra, Tovar o cualquier otro decano acolitado por Antonio Vallejo ser garantes de algo así?

Lo mínimo que se puede pedir es que no embarquen en el encargo de rector a alguien que solo llegue a satisfacer sus apetitos políticos o sus intereses económicos. Recuerden la triste y problemática gestión de Rafael Castillo Pacheco, cuando casi desarma la institución en sus once meses de rectoría, y a quien tuvieron que echar a sombrerazo limpio.

La Uniatlántico necesita un rector que la ame y que sepa defender la academia y la institucionalidad del asedio de los depredadores. ¿Es esta una petición muy elevada, señor gobernador Verano?