La Uniatlántico asediada
En los últimos días se han producido en la Universidad del Atlántico una serie de protestas, tomas y discusiones que han trastornado su funcionamiento habitual. La fuente aparente del conflicto es el supuesto recorte del presupuesto y la supuesta eliminación de algunas políticas sociales adelantadas por la Universidad.
En ambos casos se ha desinformado y actuado de mala fe por parte de algunos agentes internos y externos, interesados en desestabilizar. Se ha escrito y divulgado que un proyecto de presupuesto debatido en el Consejo Superior contiene una sustancial reducción en las finanzas universitarias y que ese hecho golpeará los programas sociales y la academia.
La verdad es que el proyecto de presupuesto sí contiene un reajuste en algunos de sus rubros, pero este no toca a la política de matrícula gratuita para algún sector del estudiantado ni la de los almuerzos subsidiados. Con esos cambios se pretende estructurar un presupuesto más ajustado a las necesidades de la Universidad, eliminando algunos ítems inflados que se acomodaron para la vigencia del año 2015, según lo que informan algunos miembros del Superior y funcionarios de la administración actual.
Es decir, lo que se está realizando por el Consejo Superior y por las autoridades universitarias no es una reducción del presupuesto sino una prospección sin cifras infladas, lo cual le permitirá funcionar a la institución sin tropiezos en la vigencia del año 2016. O sea, están armando un presupuesto realista que no se preste para las sospechas de los organismos de control o del gobierno nacional.
La rectora encargada, Rafaela Vos Obeso, le expresó a este columnista que ninguno de los programas sociales de la institución corren riesgo ni serán recortados, ni tampoco habrá recorte en los ítems destinados a investigación o a nueva contratación de profesores. Destacó que varios de esos programas estaban ya organizados desde la administración que antecedió a la del exrector Castillo, y que no pueden desmontarse porque hacen parte de medidas del gobierno central, ejecutadas por la dirección universitaria.
Agregó que se suspendió la convocatoria a un concurso de méritos para docentes, estructurado por el gobierno anterior, porque se detectaron irregularidades en la confección de los perfiles y requisitos y porque no existía reserva en el presupuesto para cubrir esa nueva erogación. Una vez resueltos estos dos problemas, dicho concurso de abriría sin inconvenientes el próximo año.
Los sectores que participan de la protesta han escuchado estos argumentos de parte de la rectora y de otros funcionarios, pero insisten en su idea del recorte presupuestal, para otorgarle sentido a su protesta y para tratar de ganarse el apoyo de la mayoría de los estudiantes. Han embarcado en el proceso a alumnos nuevos que nada saben de presupuesto y que tampoco tienen claro qué es lo que se oculta detrás de las apariencias.
De nada sirve demostrarles técnicamente que se está organizando un presupuesto equilibrado y sin problemas para la vigencia del próximo año, y que dentro de este se respetan los programas sociales y las actividades básicas de la Universidad. A ellos, en realidad, no les importa el presupuesto, sino torpedear y anarquizar el funcionamiento institucional.
¿Por qué se sigue en una protesta sin fundamento aparente, pues no habrá reducción del presupuesto ni recorte de los programas sociales de la Universidad? Porque el propósito de fondo de la protesta es presionar y desestabilizar, en un intento por sacar a la actual rectora encargada y a su administración.
¿Quiénes están detrás de esta protesta realizada ad portas de unos exámenes de admisión fundamentales para el Alma Mater y a menos de un mes de concluir el semestre académico? La gente que promueve el desorden está ligada a la administración anterior, la del exrector Rafael Castillo Pacheco.
Los líderes del movimiento son el montón de contratados y de líderes de la seudoizquierda universitaria que se entregó a Castillo por puestos y contratos. Esta no es una revuelta de alumnos ingenuos y desinformados sino una toma politiquera de la institución por parte de sectores que recibieron poder y beneficios del exrector Castillo.
Rafael Castillo Pacheco le dejó a la Universidad una tremenda papa caliente porque para sostenerse en la rectoría infló la nómina de contratados en varias dependencias, mediante la táctica de cambiar contratos o puestos por apoyo político. En esa dinámica clientelista y politiquera poco le importó el buen gobierno y la idea de las finanzas saludables, pues lo único que le preocupaba era su interés de convertirse en rector en propiedad.
Su aceptación y legitimidad interna no descansó sobre la base de unas finanzas sanas y del buen manejo administrativo sino sobre un oportunismo y un populismo que estaban desangrando el presupuesto, al entregarle a los líderes estudiantiles y profesorales prebendas de diverso tipo para garantizar su apoyo. Ninguna institución pública puede ser viable con una política tan desastrosa como la implementada por el señor Castillo, en el corto tiempo que estuvo dirigiendo la Universidad.
La coyuntura actual que atraviesa la Universidad es causada por el asedio de quienes están desesperados porque se acaba el año y se avecina una revisión de los contratos que otorgó Castillo Pacheco. Esta gente buscaba su oportunidad para presionar, antes de que terminara el 2015, y esta se le presentó con los exámenes de admisión.
A ellos en realidad no les importa un pepino el presupuesto, porque si les importara no se hubieran aliado con Castillo para depredar a la institución. A ellos tampoco les importan los más de dieciséis mil estudiantes de la Región Caribe que se inscribieron para aspirar a los más de tres mil cuatrocientos cupos que ofrece la Uniatlántico.
Está claro que lo principal de la protesta permanece oculto detrás del disfraz ideológico y político y de la aparente lucha justa. No es la defensa de la Universidad del Atlántico lo que les preocupa sino la defensa de su interés particular, expresada en un contrato o en una prebenda. Y para seguir presionando y tratar de ganar, se valen de alumnos incautos e ingenuos que, llenos de buena fe, les creen todas sus mentiras.
Esta es la raíz de sus gritos, de la agresividad, de la grosería y del bullying (o matoneo) que aplican en las redes sociales o en el campus universitario contra todos los que nos hemos atrevido a denunciar la politiquería y el clientelismo implementados bajo el gobierno del exrector Castillo. Esta es la papa caliente que le dejó el desastroso exrector a la actual administración universitaria.
Ningún argumento técnico convencerá a los tomistas. Su lucha no es por un presupuesto justo y equilibrado ni por los programas sociales, que no corren ningún peligro. Su levantamiento es contra una administración que está intentando equilibrar las cargas después del desastre entregado por el señor Castillo, luego de un año de pésimo gobierno.
Los contratados de la seudoizquierda son capaces de dañar con su estrategia los exámenes de admisión y de destrozar un semestre que está llegando a su final por defender sus apetitos particulares. Con eso demuestran que no les preocupan realmente las mayorías regionales ni la buena marcha institucional. Su interés particular está por encima del interés de la mayoría de la comunidad universitaria.
Su único propósito es seguir en el poder, para continuar con sus prácticas de depredación y politiquería. Luchan por unos contratos que pueden desaparecer si se hace un examen riguroso y honesto de las necesidades de cada dependencia. Porque es imposible mantener los sueldos de personas sin función o que no van a trabajar, pues muchos de los contratos no se otorgaron por razones de mérito o de necesidades probadas sino bajo el criterio de entregar prebendas a cambio de apoyo político. Este modelo acaba con cualquier institución pública, sobre todo si es tan frágil como la Uniatlántico.
La defensa del presupuesto y de los programas sociales son falsas banderas sin asidero en la realidad. Lo cierto es que una minoría de seudoizquierdistas está poniendo en entredicho los intereses generales de las mayorías estudiantiles, profesorales y de los trabajadores; esa minoría que se entregó al exrector Castillo por contratos y puestos es capaz de dañar la culminación del semestre. ¿Por qué motivos y con qué derecho?