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La sindicación de Uribe contra el historiador Mauricio Archila

En el medio académico y de los historiadores se conoce desde hace mucho tiempo la labor realizada por Mauricio Archila Neira, docente e historiador de la Universidad Nacional de Colombia. A este importante investigador fue a quien descalificó en un trino el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Uribe afirmó que Archila Neira era un apologista del terrorismo y, por lo tanto, no podía hacer parte de la Comisión de la Verdad, pues su enfoque solía ser sesgado y calumnioso. Lo que el expresidente no tuvo en cuenta es que Archila Neira no fue escogido para dicha Comisión; sin embargo, ya el daño estaba hecho.

Hacer lo que hizo Uribe contra un intelectual como Archila Neira equivale a una amenaza de muerte, como ya lo han destacado varios columnistas. Y esa sindicación es similar a eso porque constituye un señalamiento público que le puede servir a cualquiera de pretexto para atentar contra la integridad física del calumniado.

Este es un país con una extendida polarización, y todavía saturado de odio y profundas heridas por la guerra de varias décadas. Algún matón de la ultraderecha, que cree a pie juntillas lo que dice Uribe, podría tomar el señalamiento como un mandato para atentar contra Mauricio.

Es posible que la gente que está detrás de los asesinatos selectivos de los líderes sociales haya leído la calumnia de Uribe y utilice sus frases como un motivo para intentar algo contra el historiador Archila. ¿No cabe esperar cualquier cosa de los matones de la ultraderecha, o de la mano negra que asesina dirigentes populares?

En consecuencia, la sindicación de Uribe Vélez hay que tomarla muy en serio, porque en un contexto inundado de odio (donde existen sectores empeñados en sabotear el proceso de paz) hay que esperar de todo, incluidos los atentados sistemáticos contra los académicos de mentalidad crítica e independiente.

En el pasado, a los opositores del gobierno se los sindicaba de amigos del terrorismo, y esa sindicación equivalía a colocarles una lápida en el pecho, como ocurrió bajo el mandato de Uribe Vélez con los periodistas, magistrados y otros ciudadanos que pretendieron decir la verdad sobre lo que ocurría.

En una situación como esa, con denuncias falsas y amenazas repetidas, fue asesinado el colega Alfredo Correa de Andréis, estigmatizado previamente por el gobierno de Uribe Vélez. La diferencia con la actual coyuntura es que, quizás, las instituciones ya no están bajo la influencia de la ultraderecha ramplona y de sus aliados, los paramilitares.

Ahora los planes de exterminio selectivo se cuecen en los escenarios privados, por la misma gente que perseguía opositores tildándolos de amigos o apologistas del terrorismo, y bajo la misma idea de arrasar con quien les criticara, o con los que no estuvieran de acuerdo con sus tropelías.

La sindicación grosera e irresponsable de Uribe Vélez contra Mauricio Archila Neira es, también, un atentado contra la academia y los historiadores de espíritu crítico, que no están de acuerdo con los abusos de los poderosos en la actualidad y en el pasado.

La agresión representa un intento de acallar las voces que desde la academia confrontan el maltrato de las mayorías, y que critican las situaciones con apego a la verdad, sin rendirle pleitesía a los detentadores del poder. Ese comportamiento independiente, definido éticamente a favor de la verdad, es el que pretende castigar Uribe Vélez, al calumniar sin ninguna consideración a uno de nuestros mejores académicos.

Lo que Álvaro Uribe Vélez hizo contra Mauricio Archila es una muestra idéntica de lo que ya ocurrió en la época de la Seguridad Democrática, y es también una señal de lo que podría ocurrir si lo más degradado de los políticos del patio llegara de nuevo el poder.

Esa sindicación fue, además, un atentado contra la libertad de pensar y contra el pensamiento crítico, la cual ha puesto en riesgo inminente al historiador Archila Neira. Por eso debe ser rechazada por todos en Colombia, especialmente por quienes aspiramos a la paz y a la construcción de una democracia más robusta.

El terror, la calumnia y la mentira deben extirparse de la política nacional. Los métodos de exterminio, propios de la guerra, tienen que ceder su lugar a la decencia, a la honradez y al respeto. La verdad no puede ser silenciada, ni sus mensajeros lanzados a la hoguera, como lo pretende Uribe Vélez.

La historia no oculta nada, y lo que fue… algún día será conocido y divulgado, así se intente matar moral o físicamente a quienes la producen. Todo lo que Uribe y los suyos hicieron en este país se estudiará con detalle algún día. Y ninguna de sus estrategias de terror servirá para silenciarlo. Ni ahora ni nunca.