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La mutación de Álvaro Uribe

Es interesante imaginarse un escenario futuro en el cual haya desaparecido la guerra, como consecuencia de los diálogos de paz. Todo el espectro político nacional sería impactado por ese evento, que cambiará en sentido radical el modo como se enfrentan los extremos de la derecha e izquierda de la política nacional.

En el caso de Uribe y los suyos, estos perderían, por sustracción de materia, todas las motivaciones para armar complots o golpes de Estado, y no tendría razón de ser su actual política guerrerista y de oposición cerril a la paz, puesto que la pacificación se habría logrado por la ruta de los acuerdos políticos, y silenciando los fusiles como consecuencia de ellos.

El todo vale, justificado por la necesidad del enfrentamiento total contra las guerrillas y que se basó en una alianza abierta o tácita con los paramilitares, quedaría reducido a la simple corrupción, y no podríamos llamarlo todo vale, como tampoco tendría sentido la estrategia de emplear todas las formas de lucha de la contraparte.

Uribe no se enfrentaría más con Santos y le quedará muy difícil llamarlo traidor, después de jugársela por la paz negociada y, sobre todo, por lograr, hablando, lo que él no pudo conseguir a punta de plomo. La pacificación del país por la vía del diálogo sería la mayor derrota política de Uribe, y la máxima victoria y el mayor trofeo para Santos… un triunfo con más reconocimiento a nivel internacional que en nuestro propio patio, por aquello de las diferencias ideológicas que nos alimentan.

Si la paz se concreta con las FARC, Uribe y los suyos deberán mutar hacia otras posiciones de ultraderecha, descartando el camino de la guerra, quizás para siempre. Ya no tendrán cómo justificar su proyecto y perderían el electorado que odia a las FARC y que desea verlas reducidas mediante las bombas y las balas; él y su Centro Democrático eliminarían, también por sustracción de materia, su guerrerismo matrero, que luciría desfasado en la nueva coyuntura.

Perderían, además, su razón de ser: 1) la guerra mediática sucia de los uribistas, 2) la desinformación, 3) los intentos de desestabilizar al gobierno y al Estado y 4) el uso de la mentira como estrategia para engañar a los incautos o para atraer a quienes no querían la paz negociada.

En fin, si se logra la paz, Uribe y todos nosotros deberemos mutar hacia otra clase de política que no esté regida por los odios mutuos, sino dominada por la idea de construir otro tipo de sociedad, en que sea muy difícil que reaparezcan nuevas FARC, nuevos paramilitares y nuevos uribistas.