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La justicia dura una semana

El problema de estos tiempos es que nada dura. Las noticias, los políticos, los escándalos, los fines de semana, el amor, los memes, todo pasa de moda. Las pendejadas y las vainas serias importan lo mismo, el escándalo de la Corte Suprema tendrá un tiempo de caducidad en la conciencia colectiva de Colombia proporcional al del ojo morado del Papa o el video de la joven que defendía su tesis.

Con el pasar de las semanas –porque medir el tiempo en años ya es como comparar décadas- la capacidad de sorpresa se va perdiendo. Lo que en otros tiempos lograban centenas de explosiones en el cine, hoy se alcanza con un par de historias de policías reventando habitantes de calle o violando inmigrantes. Las telenovelas se quedan cortas ante los feminicidios, las grabaciones hiperrealistas de infidelidades, mujeres agarradas de las mechas y demás enredos de pasión exagerada.

Se siente muy poco y por poco, los grandes medios de comunicación, mientras caen en el abismo de su propia obsolescencia, se aferran a cuanto titular amarillista se les aparezca. Salvo unos cuantos nombres sonoros, poco se pega, Odebrecht, plebiscito, ¿e-e-epa Colombia?... no vale la pena invertir tiempo y esfuerzo si a la siguiente semana habrá algo peor, automáticamente más relevante por la regla de actualidad y el placer de la inmediatez. Así nos la pasamos, ahorrando indignación, acumulando ignorancia.

La cuestión es si la quejadera por tanto tercermundismo que se nos desparrama por las calles va en serio o más bien es algo así como un tema de conversación para romper el hielo, como comentar sobre el calor evidente o el arroyo que el otro día arrastró un par de motos. No existe una intención real por cambiarlo y sí por perpetuarlo, activa e indefinidamente; de lo contrario nos quedaríamos sin tema de conversación y perderíamos un estilo de vida.

No vamos a sacar trufas de la yuca, pedir a la gente que se mantenga informada es como encomendar la vida a ganarse la lotería a punta de plegaria. Aun así, se puede esperar muy poco del futuro si usted llega ante un grupo aleatorio de personas, les pregunta quién es Luis Gustavo Moreno, Leonardo Pinilla, Alejandro Lyons, Leonidas Bustos, Francisco Ricaurte, Gustavo Malo y le responden que no han oído hablar de ninguno… está bien, que son muchos nombres, pero el último debería al menos despertar suspicacia.

Lo cierto es que un país que atraviesa el escándalo de corrupción en la rama de justicia más grande de los últimos tiempos debería, al menos, saber que está atravesando el escándalo de corrupción de la rama de justicia más grande de los últimos tiempos. Musa Besaile podría aparecer en un tarjetón para las elecciones parlamentarias de 2018 y ahí mismo los colombianos volverían a elegirlo, sin importar lo salpicado y lo nombrado.

Todo dura muy poco y aún menos la justicia de proyectores, la justicia de rating y compartidos, la gente lo sabe, en tal contexto vale más lo seguro, asegurar la comida de tres días, las tejas que se llevó la última tormenta, la bolsa de cemento. Total hoy estamos vivos, mañana quién sabe; lo único que tenemos por seguro es esta patria corrupta y el escándalo de la próxima semana.