Share:

La izquierda que necesita Colombia

Si concluye bien el proceso de paz con las guerrillas, de seguro habrá un fortalecimiento de la izquierda nacional. Pero lo que salga de ese proceso (ya sea como nuevo partido o integrándose a los grupos existentes) debe ser distinto a lo que hasta ahora han ofrecido los demás integrantes del espectro político, especialmente los que llamamos grupos o partidos tradicionales.

Esto quiere decir que la izquierda fortalecida deberá representar bien los intereses de los sectores populares y, sobre todo, de los trabajadores asalariados. Pero, además, tendrá que construir un perfil que la distinga de los otros componentes de la política, en cuanto a su funcionamiento. Basándonos en la historia del país, algunos de los rasgos de ese perfil podrían ser:

1) Colombia requiere de una izquierda que luche con fuerza y coherencia contra la corrupción. Hoy por hoy uno de los graves problemas del país reside en este asunto. La plata del Estado, que es el dinero de todos, ha servido para engrosar las chequeras de los politiqueros y de los oportunistas, cuyo único plan consiste en asaltar el erario por la vía de los contratos leoninos, del serrucho y de la venalización de los funcionarios estatales.

2) El combate decidido contra la corrupción debe conducir a considerar los dineros públicos como sagrados, y a procurar que su uso tenga por norte resolver los problemas generales y los de los sectores más débiles de la población, para atacar a fondo las injusticias, la extrema desigualdad económica y la falta de suficientes oportunidades.

3) La izquierda deberá combatir por el fortalecimiento de las instituciones, ayudando a ampliar la democracia y a desarrollar un clima legal que niegue la discriminación de cualquier tipo o las inequidades ante la ley. Es decir, tendría que transformarse en un bastión del pluralismo y de la libertad.

4) A Colombia no le sirve una izquierda clientelista y politiquera, porque eso sería más de lo mismo. Tampoco le será útil una izquierda depredadora, que vea las empresas o instituciones del Estado como un botín para satisfacer las necesidades de sus militantes o de sus aliados. Esto es lo que han hecho toda la vida los partidos tradicionales más corruptos, y por eso es pertinente deslindar campos con esos sectores y con sus prácticas destructivas.

Hay muchos proyectos que se pueden organizar (sobre todo en los campos) para aplicar las energías creadoras de todos esos militantes con vocación social que quieren ayudar, sinceramente, al pueblo. Tales iniciativas, junto con las que se organicen en las zonas urbanas, servirían para ofrecer una salida a los reinsertados de la guerrilla que ingresan a la vida legal y que requieran una oportunidad laboral o de otra clase.

Esto ayudará a paliar la presión sobre las empresas e instituciones del Estado que deben entregar servicios públicos (como las universidades), cuya función se vería entorpecida por la necesidad de ofrecer empleos por razones políticas. La izquierda debe ayudar a cuidar esas instituciones que le sirven al pueblo con coherencia, sin dañarlas sometiéndolas a presiones políticas que las destrozan.

5) El país necesita una izquierda que no solo posea un discurso de defensa de lo público sino que, en la práctica, defienda con todo las instituciones públicas, ayudando a protegerlas del clientelismo, la politiquería y la corrupción, para que cumplan a cabalidad sus funciones sociales. Lo más vergonzoso sería que la nueva izquierda que resulte de la paz siguiera la ruta de los individuos y grupos que se han beneficiado de esas lacras de la política nacional.

6) La nación necesita una izquierda menos demagógica, menos contestataria y menos gritona. La coyuntura que se abrirá con la pacificación la obligará a ser más pragmática y propositiva, a ejecutar proyectos por el país y por la gente y a entender mucho mejor la diferencia entre oponerse y ejercer tareas concretas para cambiar a fondo la república.

En resumen, Colombia requiere de una izquierda que abandone del todo la tradición  socialista totalitaria y le apueste a la libertad, a la democracia y al pluralismo, estableciendo diferencias fundamentales con el clientelismo, la politiquería y la corrupción, que son, de lejos, los peores flagelos de la política nacional.