La era Gamero
Después de la crisis innecesaria provocada por el principal accionista (y luego del paso casi fugaz, sin pena ni gloria, de Giovanni) asumió las riendas del Junior el samario Alberto Gamero, segundo entrenador del Departamento del Magdalena que dirige nuestro equipo (el otro fue Pedro Vásquez; el Pibe solo fue asistente de Luis Grau).
Gamero llega al Junior cargado de experiencia y con las charreteras de un general de cinco estrellas en materia de dirección técnica. Su paso por varios equipos del fútbol nacional le ha permitido conocer los trucos ocultos de este juego, y a los jugadores que participan en él.
Ese conocimiento le sirvió para traer una tropa de gladiadores en todas las líneas que ampliarán la buena base con que ya contaba el club. El tener varias alternativas para cada puesto redundará en beneficio de la competencia entre los atletas, y debería elevar la calidad competitiva del onceno.
Gamero es un técnico curtido (sobre todo por el trabajo en el campo), que ha demostrado liderazgo y temperamento como para no dejarse manosear ni de los jugadores ni de los dirigentes. Y conoce bien el deporte, a tal punto de saber que el respeto por la función de cada quien y por la institución es el fundamento en el que se debe asentar una relación armónica entre todas las instancias del equipo.
El nuevo entrenador le ha caído bien a la hinchada, la cual desde ya apoya su gestión y desea verlo triunfar. Él entiende que a los junioristas les agrada el buen fútbol y los equipos sólidos, que funcionen bien atacando y defendiendo. Estas circunstancias afortunadas (un líder que sabe y un hincha que lo estima) son condiciones indispensables para hacer varias campañas buenas al frente de un cuadro que hace parte de los amores explícitos de Gamero.
Dejando a un lado las proporciones (y más allá de las derrotas, las victorias y los empates), lo que deseamos es que el samario inaugure en Junior una era distinta de estabilidad y progreso, de modo parecido a como lo hizo el escocés sir Alex Ferguson, quien dirigiera el Manchester United desde 1986 hasta 2013, posicionándolo como un gran club en el ambiente británico e internacional.
La era Gamero debería intentar no solo la creación de un conjunto de respeto a nivel nacional sino también en el ámbito latinoamericano, como ya lo había soñado Alexis Mendoza. Para lograr ese objetivo es pertinente desarrollar al club como un verdadero club en todos los campos, es decir, en los niveles administrativo, deportivo, de infraestructura física, de manejo de la cantera, y de inclusión de los seguidores, entre otros tópicos.
Es decir, en un auténtico centro de recreación deportiva que sepa aprovechar la magnífica hinchada que le acompaña en la Región y el país, y que deje atrás la pequeñez de las estrategias cortoplacistas, que solo satisfacen a la afición por un rato, como hasta ahora ha venido ocurriendo.
Para lograr una institución mejor organizada ni siquiera se requiere mirar hacia Europa sino hacia algunos equipos del patio, como es el caso del Atlético Nacional. La dirección de este cuadro no solo contrató a un técnico capacitado, sino que le está dando continuidad a unas estrategias y a unos procesos, que ya arrojan sus frutos en la competencia interna e internacional.
Alberto Gamero podría liderar una era distinta de estabilidad y transformaciones a fondo en su amado Junior. Pero esto solo podrá ser posible si entiende que él no solo debe ganar partidos, sino ayudar a convertirlo en una institución modelo que no sea únicamente apreciada porque le paga bien a los jugadores, o porque se le considera un equipo grande en el contexto nacional.
Un equipo grande (como el que añora el capitán Sebastián Viera) no es el que hace respetar su feudo, sino el que está a tono con las líneas de funcionamiento institucional de los mejores clubes a nivel planetario, así esto suene como un sueño desmedido.
La era Gamero podría contribuir a alcanzar ese precioso sueño si el técnico es consciente de que no se trata solo de dirigir jugadores, sino de transformar a Junior en lo que debe ser: un club que cumpla su función social recreativa de mejor manera, diversificando sus actividades y desarrollando sus estructuras como lo exige la coyuntura.
Para esto también es necesario que los dueños, los directivos y el responsable de las victorias en el campo de juego piensen en función de equipo grande, no de equipo chico. Que dejen a un lado la visión exitista de ganar por ganar y se arriesguen a apostarle a una institución sólida, que gana y se impone porque es fuerte y está bien estructurada.
Junior no es un simple negocio…podría decirse que ni siquiera es una empresa rentable que brinda exagerados beneficios económicos a los empresarios que lo controlan. Junior es más que todo un patrimonio de Barranquilla y de la Costa, y es mejor pensarlo así para quererlo verdaderamente grande.
Pero un Junior grande requiere que sus líderes lo piensen soñando alto, siguiendo los modelos ya mencionados. Y un Junior más respetable urge de dirigentes con visión, que estén más allá de la simple ganancia monetaria, que se sintonicen con las necesidades de la ciudad, y que razonen con sentido de gloria, de prestigio merecido, y de dejar entre nosotros una impronta imborrable.
¿Será Alberto Gamero capaz de liderar otra era en el Atlético Junior? Esa es, por lo menos, la esperanza de los corazones junioristas. Porque un equipo realmente grande es lo que necesitamos todos… sin ninguna duda.