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La embarrada de Fuad Char

Es cierto que el Junior es una institución privada que controla la familia Char. Esto provoca que las decisiones fundamentales a su interior sean definidas por la Junta Directiva, por el Cuerpo Técnico y por los demás funcionarios administrativos, pero contando siempre con el visto bueno de los socios con más poder, entre los cuales el principal accionista es Fuad Char.

La posición dominante de Fuad le permite influir sobre el movimiento de jugadores y técnicos, y lo ha convertido en una especie de súper poder con capacidad para incidir decisivamente dentro de la institución, y para conectarse con los medios y con la hinchada como su representante, incluso sin estar en ningún cargo directivo.

La creencia de que el Junior es un simple negocio que se puede manejar de cualquier manera se reforzó por el comportamiento inadecuado de Fuad Char con respecto a Alexis Mendoza.  Sin embargo, el club es una empresa privada que ofrece un servicio público con influencia sobre mucha gente que lo percibe como suyo, porque hace parte de la ciudad y porque está integrado a su identidad y a su sentido de pertenencia.

Por esa razón, el accionista mayoritario no puede decir o hacer lo que sea sin afectar el interés colectivo, porque Junior es una empresa con proyección social adherida a los sentimientos de sus seguidores y porque eso lesiona la cosmovisión de la hinchada, cuyo equipo es visto como un representante destacado de la ciudad y de los anhelos de quienes le siguen.

Junior no es un circo donde los jugadores y el técnico pueden ser zarandeados y humillados cada vez que se le ocurra al accionista mayoritario, porque eso no solo afecta la dignidad de los subalternos sino que hiere la sensibilidad de una afición que siente al cuadro como suyo, debido a que muchos valores simbólicos pertenecen a la gente no por razones económicas sino porque hacen parte de su imaginario o de su identidad.

¿Por qué Fuad Char provocó esa crisis inesperada e innecesaria que llevó a renunciar a Alexis Mendoza? Uno podría pensar que el móvil de la imprudencia está en la arrogancia de un dueño capaz de decir o hacer lo que sea de su club porque es suyo y ahí está su dinero. Es posible que la falta de sindéresis del principal accionista tenga esta raíz principal.

Quizás el irrespeto de Fuad hacia Alexis sea la consecuencia de un malestar oculto por los errores que el estratega cometió en el pasado al frente del onceno, o porque la forma de ser del técnico era un obstáculo para las decisiones del dueño, lo que explicaría, tal vez, la crisis como un medio para sacarlo.

Pero esta interpretación suena exagerada si se piensa que la gestión del estratega, en general, fue muy buena y que ya era aceptado por la plantilla de jugadores y por la afición.

Otra causa posible de la embarrada es que Char se haya extralimitado en sus expresiones debido a su modo de ser costeño y porque estaba mamando gallo con los periodistas, sin entrar en detalles sobre las circunstancias previas que habrían influido en su estado de ánimo, el cual determinó su locuacidad desbordada.

A una persona como Alexis, las palabras del principal accionista le parecieron irrespetuosas, indignantes y cargadas de mentiras, sobre todo porque creyó que se inmiscuía de modo impertinente en su trabajo, y que lesionaba su dignidad al exponerlo ante la opinión pública como el causante de decisiones delicadas que él ni siquiera conocía.

Como lo explicó a los medios, Alexis nunca se pronunció en contra de la venida de Teo o del delantero argentino, por lo cual las mentiras de Fuad destrozaban la buena relación que en algún momento tuvieron, transformándose en una afrenta contra su condición de técnico y de persona. En tales circunstancias, la renuncia era la única salida honorable que le quedó enfrente.

No cabía otra alternativa, porque él no es un pobre tipo despersonalizado sino un caballero, y los señores no funcionan como los patanes, a quienes no les importa pisotear a los demás, volándose todas las escuadras de las buenas maneras.

Esta situación le sirvió a Alexis para probar sus límites, porque otro técnico se hubiera agachado, por el puesto o el dinero. Cabe esperar que la experiencia le sirva al principal accionista para no perder el hilo del respeto a los demás.

El revuelo que provocó la crisis en los medios y en las redes sociales demuestra que el Junior no solo pertenece a los Char, sino a la hinchada que lo sigue. Los dueños y los directivos no pueden hacer con el equipo lo que les venga en gana sin afectar la sensibilidad y los intereses de los seguidores.

Porque, como alguna vez escribiera Álvaro Cepeda Samudio, ese onceno es la querida de Barranquilla y, por tal motivo, cualquier problema en sus entrañas es, de inmediato, un asunto público.

Quien ataca a la institución o a sus miembros también se mete con los junioristas, que no lo son por plata sino por sentimiento, sentido de pertenencia y tradición. Cualquiera puede ser dueño del Junior, pero lo que representa este equipo es patrimonio de Barranquilla.

La institución es una empresa privada que ofrece un servicio público recreativo trascendental para la ciudadanía y, por lo tanto, debe ser manejada con mucha prudencia y con mucho respeto hacia los subalternos y la hinchada, sobre todo porque, más allá de lo económico, el Junior sigue siendo una pasión y un sentimiento de las mayorías citadinas y regionales.

El Junior es la querida de Barranquilla y, como todo amor profundo, requiere consideración y buen trato. Trabajar por la superación de la crisis es el único camino posible. Y ojalá la embarrada de Fuad Char sirva como instrumento para no repetir esta historia.