La culpabilidad conveniente de Prieto y la mermelada inocente de Santos
La conveniente confesión de Roberto Prieto, con respecto al dinero que recibió en 2010 para la campaña de Juan Manuel Santos de parte de la empresa brasilera Odebrecht, ha puesto el foco de la atención pública en una arista del caso que resulta relativamente inocua para los involucrados pues, casi con total seguridad, el CNE no podrá investigar al ‘honesto’ manizaleño por prescripción de términos.
Lo curioso es que cuando el nombre de Roberto Prieto empezó a ser relacionado con los sobornos repartidos por Odebrecht no fue por haber recibido plata hace lejanos y prescritos siete años, por el contrario, fue cuando el cordobés Otto Bula lo relacionó con dinero entregado en la campaña de 2014, para facilitar la entrega de un contrato de la vía Gamarrá-Ocaña, que hace parte del proyecto de la Ruta del Sol.
Un millón de dólares habría recibido, un millón de dólares todavía enjuiciables, porque los delitos de esa magnífica gesta electoral no han prescrito, sin embargo, Prieto confiesa el delito que, probablemente, no tenga ningún costo más que roer un poco más los huesos del capital político de Juan Manuel Santos, casi inexistente en todo caso.
Lo cierto es que este acto de constricción gratuita ni siquiera vino por iniciativa propia, producto de un repentino arranque de honestidad, Prieto confesó sus lazos con la brasilera Odebrecht cuando las pruebas ya eran demasiado evidentes como para seguirlo ocultando.
Otto Rodríguez y María Fernanda Valencia ya habían confesado haber recibido dinero girado por Odebrecht para imprimir afiches de la campaña Santos; El Tiempo ya había señalado que Prieto visitaba la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) para hacer ‘lobby’ por concesiones, trabajo que no le correspondía.
Hasta ese punto, el empresario manizaleño se mantuvo firme en la postura de su absoluta honestidad y pulcritud, nunca había contactado con Odebrecht ni, mucho menos, había recibido un peso de estos.
No me viene a bien el conspiracionismo latinoamericano con el que queremos explicar las proezas de nuestra maldad o torpeza supina, sin embargo, habría que tener una inocencia que hiciera ruborizar a los ángeles para no sospechar que Prieto estuvo tan untado de mermelada brasilera en el 2014 como confiesa haberlo estado en el 2010.
Hablando de mermelada, aunque parece una palabra fácil para azotar el endeble Gobierno Santos, que solo puede sostenerse a través de engranajes bien ‘engrasados’, resulta difícil no ver su efectividad e inconveniencia para la democracia cuando uno escucha las palabras de Clara López, una de las candidatas que perdió contra Santos en 2010 (como fórmula vicepresidencial) y en 2014.
La hoy ministra de Trabajo de Santos, no solo defiende el “todo fue a mis espaldas” que hizo tan famoso al 8000 veces impoluto Ernesto Samper y que nuestros políticos se han dedicado desde siempre ha mantener vigente, sino que llega al extremo de decir que la confesión de Prieto tiene “valor civil”… apague y vámonos.
Entonces ‘mea culpa’ y Dios nos perdone por acusar al doctor Álvaro Uribe de corrupto porque más de 10 altos funcionarios de su Gobierno han sido enjuiciados por alguna forma de corrupción (violenta o financiera). Interceda el firmamento por el victimizado Andrés Arias, que por un caso casi idéntico al de Santos se encuentra hoy penando en el extranjero.
Santos no sabía que sus gestores de campaña recibían sobornos de empresas extranjeras a sus espaldas, ¿por qué iba a saber Arias que sus propios gestores de campaña (también en el 2010) recibían sobornos de empresas nacionales?
Mockus, en un acto que ha sido calificado de una “nobleza” absoluta, aseguró que lo que hizo la campaña de Santos fueron unas “cositas malas” y vuelta de página. Pero, resulta difícil obviar los intereses que Mockus comparte con el Gobierno Santos. El exalcalde de Bogotá fue uno de los más activos partidarios de la campaña del ‘Sí’ en el plebiscito y, por cuenta de este activismo, recibió dinero del Gobierno.
Que irónica es la vida, el que denunció las relaciones de Mockus con Santos fue el nefasto Álvaro Uribe y, aunque duela aceptarlo, es evidente que aquellas acusaciones hechas en 2015 hoy tienen mucha relevancia, es más en aquella ocasión el primero que salió a defender a Antanas fue el mismo Santos, no es de extrañar que este último le pague el favor en el presente.
El dinero que recibió Mockus no fue ilegal, eso hay que aclararlo, pero no se puede negar que su objetividad para hablar de este caso es más que cuestionable. Después de todo, la mermelada es dulce y confunde.