La academia en la Uniatlántico
La academia es la razón de ser de la Universidad del Atlántico. La academia entendida como docencia, investigación, extensión y todo lo que esté conectado al arte, la ciencia, la técnica, el humanismo, la cultura, a aprender, a enseñar, a crear y reproducir conocimientos, etcétera.
Todo debería estar supeditado a la academia en una institución como la nuestra, aunque uno sabe que para algunas personas y grupos lo académico no es lo primordial, pues está subordinado a otras agendas económicas, ideológicas o políticas. Cuando la Universidad es convertida en un simple medio para fines distintos a su principal razón de ser, puede perder su norte y caer en un pantano de disputas inútiles, que deterioran su tejido interno.
Es lo que ocurre cuando los depredadores de lo público se apropian de la institución para ponerla al servicio de sus propósitos politiqueros, clientelistas o de simple asalto del erario. En este caso, la Universidad soporta un grave riesgo, pues el desorden patrocinado por los corruptos la conduce al caos y a perder su importante función social, centrada en ofrecer una educación de calidad a los hijos del pueblo de la Costa que acceden a ella.
Es por esto que todo lo que tienda a mejorar nuestros programas y que represente un logro o un reconocimiento del trabajo académico que realizamos, debe ser resaltado, como ocurrió recientemente cuando el Ministerio de Educación Nacional renovó algunos registros calificados para carreras que estaban en entredicho, y destacó las calidades de otros programas de la institución.
Mediante Resolución Número 17425 del 30 de agosto de 2016, el Ministerio resolvió el recurso de reposición interpuesto por la Rectora Rafaela Vos Obeso contra la Resolución Número 108337, del 01 de junio de 2016, que había negado el Registro Calificado al programa Técnica Profesional Turística, articulado en ciclos propedéuticos con los programas Tecnología en Gestión Turística y Administración de Empresas Turísticas.
Es decir, en una sola decisión el Ministerio había negado el registro para funcionar legalmente a tres programas interconectados entre sí y adscritos a la Facultad de Economía. Con la resolución 17425 y con las resoluciones 17424 y 17426 del 30 de agosto de 2016, ese alto órgano de administración y regulación educativa decidió desmontar las resoluciones que negaban el funcionamiento legal de los tres programas mencionados.
De tal manera que a partir de la fecha anotada y mediante documentos firmados por el Viceministro de educación Nacional, los tres programas de marras obtienen de nuevo su registro calificado por 7 años, para funcionar sin ningún inconveniente. Esta decisión se tomó después de recibir los documentos del recurso de reposición interpuesto por las autoridades universitarias, en cabeza de la representante legal, Doctora Rafaela Vos Obeso.
Con esto se cierra un ciclo que dio para protestas, pasquines y pugnas, mediante las cuales se buscaba anarquizar la institución tomando como pretexto el hecho de que el Ministerio les había retirado los registros calificados a los tres programas reseñados.
Es pertinente resaltar, no solo los errores que se hayan podido cometer por parte de nuestros funcionarios en el evento del retiro de los registros, sino la celeridad y dedicación con que trabajaron para reversar esa medida y convertir un problema negativo en una oportunidad para demostrar que si se trabaja con buena fe y teniendo como norte los intereses académicos, los resultados positivos llegarán más rápido de lo esperado.
Esa reposición de los registros calificados es un parte de tranquilidad para los estudiantes de las tres carreras, para los profesores y administrativos, y, además, representa un logro de los equipos que lucharon por reversar una decisión muy negativa para la imagen académica de la institución.
Cabe reconocer que también representa un logro de la actual administración universitaria, dirigida por la Rectora Rafaela Vos Obeso y por la Vicerectora de Docencia, Clara Fay, quienes han estado sometidas al bombardeo de los depredadores y de otros adversarios, no solo por este hecho infortunado, sino porque no quieren ceder a las pretensiones de los que todo lo resuelven a punta de politiquería, clientelismo y violencia.
La lucha por la academia en la Universidad del Atlántico sigue avanzando y se expresa en otros logros, como la resolución del MEN # 16967 del 22 de agosto de 2016, mediante la cual se resuelve la solicitud de extensión del programa de Licenciatura en Música, ofrecido bajo la metodología presencial por nuestra institución en San Andrés y Providencia.
Este programa recibió el aval del registro calificado por 7 años para seguir operando en la las islas caribeñas, de la mano de los funcionarios y profesores de la Facultad de Bellas Artes, lo cual se convierte en otro puntal académico de nuestros equipos, empeñados en llevar las carreras más allá de los espacios tradicionales de la Universidad.
Para quienes sabemos lo que representa la acreditación de alta calidad, resulta muy meritorio que nuestro programa de Farmacia haya obtenido la reacreditación de alta calidad, concedida por el MEN mediante la Resolución Número 16832 del 16 de agosto de 2016. Esa acreditación es el máximo nivel a que puede aspirar cualquier carrera universitaria que funcione en el territorio nacional, y en eso consistió el importante logro de los equipos del pregrado de Farmacia.
Otros avances en materia académica son la Maestría en Historia, que ya está operando manejada por nuestros funcionarios, y la reacreditación de alta calidad del pregrado de Historia, a través de la Resolución Número 16808 del 19 de agosto de 2016, emanada del MEN bajo la firma de la Ministra Gina Parody.
La ruta de la academia es el único camino posible para nuestra Universidad, con el propósito de ofrecer programas cada vez mejores para beneficio de los habitantes del Caribe colombiano. Todo lo que distorsione sus procesos o nos aleje de ese camino se convierte en enemigo de la institución y de los intereses de las mayorías populares que se forman en el Alma Mater.
Por eso debe ser un propósito común luchar por la acreditación de alta calidad para todos los programas, en vez de andar intrigando por los puestos, por el erario y por desestabilizar a la institución.
Los enemigos de la academia (algunos de los cuales suelen disfrazarse con las mejores intenciones) deben entender que el tejido universitario es alérgico a la violencia, a la politiquería y al clientelismo, pues estas lacras destrozan su principal razón de ser, que es la academia.
Y no solo se trata de mejorar la calidad de la docencia, de la investigación y de la extensión, sino de elevar la calidad de las instalaciones físicas para adecuarlas al progreso académico. Es pertinente que las autoridades universitarias y los mandos medios se comprometan también en una revolución de las pequeñas cosas.
Una revolución de las pequeñas cosas que desemboque en el mejoramiento de los ascensores, de los baños para los estudiantes, de los aires acondicionados en los salones de clase y de los abanicos en los mismos. Desde la rectoría hasta el último de nuestros trabajadores en el tema del mantenimiento debería existir un compromiso explícito para lograr que la infraestructura funcione como un relojito, haciendo los mantenimientos requeridos y el seguimiento a los elementos infraestructurales para tenerlos siempre a punto.
Esta revolución de las pequeñas cosas beneficia, sobre todo, a los profesores y estudiantes, que son el alma de la institución, y favorece el desarrollo de la academia y la consecución de la tan añorada acreditación institucional. En este asunto nuestros funcionarios deberían estar muy atentos, pasando incluso por encima de los saboteadores que dañan los bienes públicos para sembrar la idea de que nada funciona bien entre nosotros.
Seguir trabajando por la academia es, también mejorar las condiciones de trabajo y estudio de nuestros docentes y estudiantes, mediante esa revolución de las pequeñas cosas, que debe estar en el centro de la atención de todos nuestros administradores.
Si el objetivo final es alcanzar la acreditación institucional de alta calidad, debemos perseverar en la acreditación de nuestros programas y en adelantar esa revolución de las pequeñas cosas que nos ayudará a ser mejores para beneficio de las mayorías regionales.