¡Junior y Comesaña sin el pan y sin el queso!
Aquellos que pregonaron que Julio Comesaña llegaba como el “Salvador” de la “debacle” en que había dejado Alexis Mendoza al Junior, imaginamos que ahora, estarán arrepentidos de haber alzado la voz para apuntalar tal afirmación. Los resultados del equipo al mando del estratega uruguayo han corroborado nuestra creencia de que lo de “Julio VIII” no es más que un espejismo. Un oasis en el desierto. Es como sembrar en tierras de cizañas.
¿Cuál es la diferencia futbolística entre lo de Alexis y Comesaña? ¿Cuál el cambio futbolístico del plantel? Se dijo por parte de directivos y el propio nuevo cuerpo técnico que Mendoza no supo manejar a sus jugadores, que algunos de ellos eran utilizados equivocadamente y que Comesaña llegó a poner la casa en orden. Y se afirmó, basado en los dos primeros juegos del uruguayo, que el tratamiento futbolístico había cambiado radicalmente entre lo que nos dejó el colombiano y lo que implantó el estratega del Uruguay.
Solo espejismo de momento. Porque después de las dos primera fechas de Comesaña, el juego fue el mismo o quizás peor. Porque el fútbol insulso de un toque improductivo y el manejo paquidérmico del plantel ha sido cava vez más notorio y desesperante. A tal punto que el público en su mayoría, conocedor de lo que es capaz de ofrecer Comesaña, no ha querido volver al estadio.
Y para que no se diga que estamos creando falsas imputaciones, podemos mostrar, y eso se patentiza en los numeritos, la pésima actuación del equipo bajo el mando de “Julio Octavo”. Todo eso enmarcado en prácticamente eliminaciones a nivel nacional e internacional. Tres de tales eliminaciones reales y una virtualmente encajonada quizás hasta el domingo,
Veamos: bajo la dirección de Comesaña nos eliminó y en nuestra casa el club Flamengo en la Copa Suramericana con un categórico 3-0. Bajo Comesaña nos eliminaron del campeonato del 2017 (Finalización). También en nuestro patio y ante un rival como el América. Con Comesaña nos “eliminó” en nuestro propio estadio el Boca Jr. Al no poderle vencer en un partido en que todo estaba servido para clasificar a semifinales de Copa Libertadores. Y como si fuera poco, quedamos al borde de la eliminación de la semifinal del torneo por Liga al perder también en nuestro patio ante el Medellín el domingo pasado y cuando supuestamente se hacía un homenaje a la madre. ¡Qué bonito regalo a las mamás...!
Lo peor de todo es que toda esa actuación ha quedado dibujada en un juego arcaico, del pasado, con un fútbol de toque-toque que nada produce, con un fútbol de paso lento, caminado, sin profundidad y con “lujos” inoficiosos. El juego que tanto se le criticó y que supuestamente costó el puesto a Mendoza fue con Comesaña llevado a grado superlativo. Y lo peor es que el técnico actual no ha podido o no ha querido superar esa práctica de juego tan crítico y desesperante que ha merecido el repudio de la afición.
Aquellos que afirmaron que con Comesaña se iba a cambiar de mentalidad, que con el uruguayo se abrían las puertas en la búsqueda de la octava estrella, no pueden, al menos, -suponemos nosotros-que estar arrepentidos. Ha sido totalmente un fiasco. Peor la medicina que la enfermedad, porque la fiebre no está en la almohada ni en la sábana. “El mal está en todo el cuerpo”.
Siempre hemos sido contrarios a la persistencia de un técnico como Julio Comesaña que en ocho veces al frente del equipo solo se le pueden reconocer dos cosas: el título del 93 cuando contaba con verdaderas estrellas como El Pibe, Valenciano, Víctor Pacheco, Mackenzie, Niche Guerrero, Pazo y Alexis Mendoza entre otros, y cuando salvó al equipo del posible descenso en el 2008.
Del resto todo ha sido fracaso y más fracaso. Nunca creímos tampoco en aseveraciones de directivos que al respaldar a Comesaña lo hacen siempre bajo el argumento de que “conoce a los jugadores, conoce el ambiente de la ciudad y conoce a la afición”. De ser así, nadie contrataría técnicos sin recorrido en los equipos. ¿Acaso Santa Fe no fue campeón en el 2014 con un técnico como Gustavo Costa acabado de llegar? ¿No fue campeón Santa Fe de la Suramericana del 2015 con Gerardo Pelusso acabado de llegar? ¿Acaso Nacional no fue campeón con técnicos como Osorio y Reynaldo Rueda acabados de llegar? Acaso Millonarios no fue campeón recientemente con un técnico como Miguel Ángel Russo acabado de llegar?
Lo que realmente se requiere es un técnico moderno, con conocimientos de avanzadas en el mundo actual, con jugadores que apliquen un juego de rapidez mental, de profundidad, de velocidad constante y de desmarque en toda la cancha y no de elementos incapaces, en confort, que les da igual ganar o perder, que no sientan el fervor de una hinchada herida desde hace bastante rato. Jugadores mediocres en fútbol y en mentalidad. Y para eso se requiere una cabeza visible que sepa dirigir. No sirve de nada seguir con un fútbol de toquecitos cortos, de devoluciones permanentes hacia atrás, con miedo de enfrentar al rival, con miedo de rematar al arco y sin atrevimientos ofensivos como el que practica el equipo de Comesaña.
Junior es un equipo que “no enamora, no atrae, no convoca porque no se sabe a qué juega”, dicen los aficionados. Lástima porque teniendo elementos importantes como Chará, Teófilo, Cantillo, Díaz, Piedrahita, Pico, Arias y Pérez que constituyen una base importante se hayan dejado envolver en planteamientos tácticos de un técnico que luce desactualizado y supremamente medroso, que se confunde y confunde a sus dirigidos.
No sabemos si con todo este recorrido negativo Julio Comesaña vaya a continuar al frente. Lo único que le queda es el domingo ante Medellín, de visitante. Es decir, buscar en casa ajena, lo que no supo o no quiso hacer en su propia casa. La misma ilusión que nos intentó vender de visitante frente al Palmeiras.
Lo que sí queremos advertir a los directivos del club es que si deciden un cambio, no se les vaya ocurrir traer de nuevo a un “Zurdo” López. Sería tanto como desbordar la copa de la paciencia en la hinchada que sigue siendo maltratada sin solución a la vista porque los directivos parecen no ver más allá de sus narices. Si queremos a un Junior de verdad campeón, comencemos por contratar un técnico con charreteras de campeón. No olvidemos que todo comienza por la cabeza y no por los pies.