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Junior: un alivio en medio de la tormenta

 “Muerto el toro, acabada la faena”, reza el refrán en el argot popular en la tauromaquia. No creo sea este el caso en el fútbol en el que toma parte nuestro representativo que lleva por nombre Junior. Alguien me dijo la frase con la que iniciamos esta nota haciendo referencia al triunfo del cuadro rojiblanco la noche del miércoles en el estadio Roberto Meléndez.

“Aja ¿y ahora qué?, Junior ganó al Chapecoense, se acabó la racha de doce partidos sin ganar, así que ya ustedes los críticos deportivos dejarán de echarle vainas al técnico Giovanni Hernández y a los directivos del club”.  

“Se acabó una faena, pero no la fiesta” le respondimos. El hecho de haber frenado una vergonzosa marca de doce juegos sin ganar, no quiere decir que se ganó el año y por eso hay que dejar de criticar la mala campaña del equipo. Es un alivio en medio de la tempestad en que está envuelto el plantel desde hace buen rato. Pero no quiere decir que se ha clasificado en la Copa Suramericana a la ronda siguiente. Falta un partido en tierras brasileras. El resultado fue sumamente apretado y hay que jugar ahora en casa de los brasileros.

Pero además, siguen pendientes la Liga Águila, en la que prácticamente estamos por fuera aun faltando cinco o seis partidos, y la Copa Águila en la que Junior sigue defendiendo el título del año pasado. “Situación Moroline” como diría el ya fallecido Marcos Pérez Caicedo para resaltar el grado de dificultad que enmarca al equipo rojiblanco.

Pero hay algo, muy por encima del resultado conseguido frente a los brasileros en la Suramericana o teniendo en cuenta las posibilidades que aún le quedan al Junior en la Liga y la Copa Águila. Y es el criterio que caracteriza al periodista de nuestra Costa Caribe. Aunque con muchas y reconocidas excepciones que gustan del carameleo y la complacencia por intereses personales, el grueso de la familia del periodismo crítico impone su sello personal sin importar la categoría que por estrato social, político o económico ostente algún personaje.

La mejor o más reciente prueba de ello la dio el periodismo barranquillero a la familia Char y más concretamente al “Cacique Pluma Blanca” del club Fuad Char Abdala cuando decidió salir de Alexis Mendoza, cuando pretendió regañar a la hinchada aconsejándole que se quedará en los estaderos degustando frías cervezas y frente al televisor en vez de ir al estadio a acompañar al equipo. “Yo también haría lo mismo, me quedaría en la esquina tomando cerveza y viendo cómodamente el juego del Junior”, dijo entonces.

Y como para redondear la faena con “estocada final”, Fuad Char designó a Giovanni Hernández como nuevo técnico del plantel, contrariando además la creencia de los periodistas y la voz del pueblo que aspiraban a tener un más experimentado y conocedor de la causa juniorista. Los dos primeros partidos bajo el mando de Giovanni no fueron más que un espejismo, rezago quizás del buen fútbol que había implementado en el grupo Alexis Mendoza.

Todo eso es cosa del pasado, dirán algunos y lo que importa ahora es el presente. Es cierto, pero por lo mismo, el presente rojiblanco sigue siendo preocupante. No tenemos nada seguro y a lo que más se aspiraba-creo yo- era a estar clasificado entre los ocho mejores en procura de la octava estrella tan esquiva. Misión casi imposible. Ojalá, para consuelo de tontos, nos quede la posibilidad de conquistar la Suramericana que es muy remoto o la retención de la Copa Águila.

Todas estas consideraciones, pertenecientes a mi resorte, pero que recogen el sentimiento de mucha gente, para que desde ya y ojalá quienes tienen la responsabilidad del club, hayan adelantado o estén adelantando los contactos urgentes y necesario para conseguir verdaderos refuerzos para la campaña 2017. Refuerzos en gran número y calidad futbolística acorde con las necesidades para llegar a un nuevo título. Y no con jugadores del montón recomendados por “los cometeros” tradicionales y conocidos en el medio. No más indisciplinados y “juguetones”  de momento, ni “goleadores esporádicos” de esos que anotan cada vez que hay diluvio. Goleadores de verdad nacionales o extranjeros, que estén siempre presentes, que se entreguen por la causa y que sientan el sudor de la camiseta.

Jugadores con capacidad de conducir en el medio, con criterio de líder y con voz de mando ante árbitros y contrarios. Cinco años de la última conquista es tiempo más que suficiente para volver a ser campeón. Solo así podremos seguir siendo considerados equipo grande en Colombia.  Por lo pronto soportaremos con estoicismo las burlas de quienes creen que el puesto 17 en la tabla es la que nos merecemos.