Junior, ¡ridículo!
¡Triste, vergonzosa, humillante! Cualquier calificativo que pueda darse es poco para lo que fue la presentación el miércoles del equipo Junior en el Estadio Roberto Meléndez. Triste para una afición que acudió creyendo en tres puntos que lanzara a la primera posición al cuadro rojiblanco. Vergonzosa, porque el plantel lució sin vergüenza alguna frente a un rival nominalmente mucho menor. Humillante, porque los chicos del Envigado pasearon como quisieron a los locales en medio de una rechifla y desaprobación general por la actitud del onceno ”Tiburón”.
Todo esto como resultado a una serie de equivocaciones, comenzando por la conformación inicialista por parte del cuerpo técnico. Experimentar con Deivy Balanta como marcador de punta teniendo a Germán Gutiérrez, dejar por fuera a Pico para darle puesto a Narváez, no tener en cuenta a Piedrahita y creerse ganador antes de jugar cobró caro la osadía planteada ante los anaranjados de Antioquia.
Nadie podía imaginar que Envigado, uno de los coleros del torneo, con una nómina de jóvenes futbolistas que carecen de recorrido profesional y cuya nómina mensual debe ser apenas la cuarta parte de la que demanda Junior pudiera atreverse a violentarnos en nuestra propia casa. La idea final que se llevaron los hinchas al final del compromiso es que Junior fue “sobrador”, creyendo que ese pequeño onceno visitante no sería capaz de darle pelea.
Y fue cobrado por ventanilla tal creencia, tal menosprecio, tal mirada por encima del hombro. Esta vez se escribió de nuevo aquella historia bíblica de David y Goliat. O como reza popularmente “el enano venció al gigante”.
Pese a todas estas consideraciones, para muchísimos seguidores del cuadro de casa, el resultado no debería extrañarse demasiado. Porque Junior ha lucido en este torneo como un equipo de media tabla, con altibajos seguidos y sin un juego definido; con un fútbol por momentos agradable y a ratos desconcertante. No hay una constante que brinde garantía de ser considerado entre los favoritos. Pese a contar con la nómina más costosa del campeonato, este equipo bien puede mostrarse en la “cúspide del cielo, como bajar veloz a los confines del infierno”.
Dicen que las comparaciones son odiosas, pero sin duda, muchas veces son necesarias. Aquel reciente equipo de Julio Comesaña hace menos de seis meses a lo largo del torneo mostró un juego armonioso, agradable, de toque y goles, de espectáculo y recreación para el público. Este de Alexis Mendoza, más reforzado y con una línea futbolística que debería ser mucho más consistente, por el contrario nos muestra un sistema de juego tedioso, paquidérmico en el transporte del balón, confundido defensivamente y sin claridad en la definición.
El de Comesaña no acudió a la gran final como se esperaba por lo timorato del técnico, por volverse ultradefensivo con ventajas mínimas y por la falta de una buena lectura a la hora de los cambios durante el juego. Este de Mendoza luce errático en la definición, sin brújula conductora en el mediocampo y por errores infantiles a la hora de defender el área.
Pero igual que Comesaña, Alexis parece también confundido en la lectura de los juegos, en la conformación de nóminas inicialistas y en la demora en las variantes. No se entiende que tanto el técnico uruguayo como el barranquillero tiendan a guardar reservas para compromisos siguientes en vez de tratar de asegurar lo que se tiene presente; es decir ganar ahora y luego pensar en lo que viene. El cuento de conformar equipos mixtos o darle reposo a titulares para no desgastarlos ni a Comesaña ni a Mendoza les ha dado resultados. En cada contienda hay que disponer de lo mejor que se tenga. Aplicar el pensamiento de los managers de béisbol: “Gano hoy y mañana ya veremos”.
En el caso del Junior, porque la idea de contar con dos equipos para atender los compromisos de Liga, de Copa Colombia y Copa Libertadores no ha sido positiva. Los ejemplos son repetitivos. Tampoco se puede aceptar el hecho que la falta de solo dos jugadores: Chará y Cantillo desdibujara el sistema táctico o juego colectivo del Junior. El domingo pasado frente a Millonarios, el equipo brindó 45 mágicos minutos, fútbol esplendoroso y de calidad dominante. Pero también allí quedó plasmado una vez más el conformismo de técnico y jugadores. Dos goles fueron suficientes, pero el triunfo debió ser mucho más aplastante. La cantidad de goles también cuenta para definir posiciones. ¿Acaso, Envigado frente al Junior tuvo contemplación con uno o dos goles? Siempre buscó marcar más y más.
Junior estima que con una pírrica ventaja en gol es suficiente. Y bajo el pretexto de reservar energías se dedica a darle trámite al resto del juego. Como lo hizo frente a Millonarios porque se venían dos juegos más en la semana ante Envigado y el sábado frente al Caldas.
En el equipo corre ya la idea que la pasividad y muestra angustiosa de Mendoza dirigiendo, se ha hecho contagiosa en los jugadores. Y que así como luce Alexis en la línea de cal, así recorren los jugadores la cancha. Y se está haciendo viral comentarios en el sentido de que en el plantel hay “roscas”, que los jugadores escogen partidos y que Alexis ha perdido autoridad frente a sus dirigidos.
Se hace necesario y urgente entonces un cambio de mentalidad. Comenzando por el cuerpo técnico y que involucre a sus dirigidos. De lo contrario nos estaremos acercando una vez más a otra “calamidad” como la de recientes torneos en los que tanto se habló y prometió en la búsqueda de la octava estrella que cada día se hace más difícil.
Esa “correteada y baile” que dio Envigado por la displicencia de los nuestros no debe volver a ocurrir. Esa actuación ridícula debe ser totalmente corregida. Si no se toman las medidas urgentes no se podrá creer en este Junior modelo 2018 que con tanto furor se anunció. Y tampoco se podrá exigir que aumente la cantidad de hinchas al estadio. Espectáculo como los que brinda el equipo no concuerdan con las exigencia de una muy maltratada afición rojiblanca.