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Jugamos a nada, ahora jugaremos al todo por el todo

Independiente de lo que suceda en los partidos frente a Polonia y Senegal, la actuación de Colombia frente a Japón, más que inesperada por el resultado, causó extrañeza y perplejidad por lo que fue la conformación y modificaciones durante el juego.

Dicen que es muy fácil criticar después de conocer el resultado de un juego; cierto es y más si como en el caso referente, se dan motivos para hacerlo.  Pero aun así, se hace necesario sacar conclusiones y plantearlas a la luz precisamente de dicho resultado. Comenzando por lo que creemos fue la primera equivocación del cuerpo técnico: la nómina conformada para iniciar el compromiso. Jugadores como Murillo en la defensa, Lerma, en el mediocampo e Izquierdo en la supuesta “línea de ataque” acompañando al “Tigre” Falcao.  Pékerman sorprendió a todos. Nadie esperaba esta nómina teniendo disponibles a otros jugadores de más experiencia y actividad reciente como Zapata en la línea de zagueros, Aguilar o Uribe en el medio y de Muriel en el ataque.

 A ello sumamos la ausencia de James Rodríguez por dolencias musculares siendo que fue utilizado en el segundo tiempo. Creemos que si estaba para medio tiempo, lo mejor era colocarlo en la primera etapa para  comenzar a dominar el juego. Como si fuera poco, el técnico Pékerman en los cambios decide sacar del partido a Juan Guillermo Cuadrado quien era el de mejor ofensa y quien desdibujaba las marcas contrarias, a tal punto que solo a él le cometieron reiteradas faltas.

No conforme con todo esto, decide cambiar a Quintero, el hombre de las ideas para darle curso a James, cuando el cambio indicado inicialmente era el de Barrios por Lerma en la zona medular. Y cuando se esperaba la presencia de Muriel por Izquierdo que no funcionaba, decide colocar a Carlos Bacca, de corte similar a Falcao.

Horas después de la penosa derrota ante el Japón se conocieron informes en el sentido que en el cuartel de concentración de Colombia hay un empresario que entra y sale como Pedro por su casa. Es un empresario que supuestamente representa a los jugadores Izquierdo, Mujica y Quintero.  Se especula que la presencia de este empresario ejerce influencia en el cuerpo técnico y que quizás por ello fueron colocados como inicialistas estos jugadores.

Si bien todo esto puede tener asidero, lo triste de la caída ante los japoneses no es solo por el marcador, sino por la actitud de los jugadores en la cancha. Apáticos,  tímidos  y sin ejercer ningún  tipo de presión aun en desventaja en el marcador y cuando se estima se deben arreciar las fuerzas en busca del empate. Esta selección de Colombia se me asemejó muchísimo al Junior del último semestre en la Liga. Jugadores que se dedicaron a ver jugar al contrario, especulando demasiado con el toque-toque improductivo en el medio, sin atreverse a rematar  al arco rival y devolviendo balones desde el medio al arquero Ospina. Igual que el Junior parsimonioso timorato y sin vocación ofensiva.

Extraño también fue como los integrantes del seleccionado mostraban cansancio o falta de consistencia física. Los jugadores tuvieron mucho tiempo de concentración y trabajo, alejados del bullicio mundanal y con todas las herramientas para adelantar la preparación. En vez de lucir enteros y sin fatiga alguna, mostraban faltos de ritmo y condición física. Parecían zombis sin dirección alguna. Hay quienes consideran que Colombia entró a la cancha con aire de sobrador y creyendo de antemano que nada impediría el triunfo frente a los japoneses.

Tal comienzo causó la gran desilusión en Colombia. Y aunque se sigue pregonando  la fe en lograr avanzar, lo cierto es que ahora todo parece más complicado. Los rivales de turno Polonia y Senegal  al criterio de los entendidos se muestran igual o mejor futbolísticamente que los propios japoneses.

Si bien la desilusión fue enorme en todo el país, en Barranquilla fue –según creo- mucho más patente por ser esta la sede de la Selección, la plaza donde se consiguió la clasificación al Mundial de Rusia. Y todo indicaba que esta presencia colombiana en la cita universal debía ser mejor o por lo menos igual a lo de Brasil 2014.

 La razón o pretexto, como se quiera decir, por el hecho de tener un jugador menos desde los tres minutos, no justifica la derrota. Porque lo que se condena no es tanto haber perdido, sino la manera como se perdió. El equipo no tuvo motivación, careció de garra y “mística ovalada” y pundonor para afrontar la contienda. La actitud de los jugadores es lo que se critica y se condena aunque Falcao y el técnico Pékerman digan que se jugó con verraquera y disposición.

Queda entonces el resto del camino, bastante espinoso, pero comprometido para limpiar las espinas e intentar llegar al objetivo trazado. Compromiso de todos y cada uno de los inter antes del equipo; comenzando por el técnico Pékerman quien deberá entender que se equivocó y que debe retomar el camino correcto y no repetir los errores del primer partido.

El domingo frente a Polonia sabremos si la ilusión debe seguir latente o si por el contrario es hora de recoger y empacar maletas para iniciar un nuevo proceso pensando entonces en el mundial del 2022.