“Internetción” o la acción del internet informativo en la democracia
Las nuevas tecnologías acelerando el tratamiento y la transmisión de la información están cambiando la forma de comunicarnos y de nuestra sociabilidad. Este progreso tiene sus reversos, como la idea de que las redes sociales han vuelto la sociedad transparente, cuando lo que se refleja es más bien una sociedad de apariencias. El tsunami relacional con pantalla interpuesta y el anonimato casi asegurado, expone a la opinión pública en general y a cada individuo en particular, a toda clase de manipulaciones ideológicas.
Los intereses económicos del gran capital, de los partidos políticos y de los Estados, escrutan con la lupa estos reacomodos sociales, llegando a poner a su servicio la investigación científica en neurociencias y psicología. El marketing político es capaz de hacer un mapa exacto de las esperas de un electorado, y vender “el paquete programático” a cualquier partido interesado con capacidad de pago, como también preparar un candidato y volverlo apto para ganar las elecciones, sabiendo de antemano que no está obligado a cumplir sus promesas. En el caso de que las ilusiones de una población sean demasiado distantes de los verdaderos propósitos del candidato y su corriente política, otra manipulación más sutil y compleja está a la mano: los “fakes news” o noticias falsas. Aquí se reúne desde las nuevas tecnologías, neurociencias, marketing, hasta la metodología que utilizan las sectas.
El primer rasgo que detecta el reclutador de una secta es la fragilidad psíquica de la persona, los grupos también pueden tener fragilidades comunes. En un país como Colombia, el impacto del horror de la guerra y de los secuestros tienen traumatizada a la mayor parte de la población, si se le añade la debacle que causó la caída del petróleo y la corrupción en Venezuela, estos hechos reales se prestan de maravilla para maniobrar a los electores. Un ejemplo reciente de manipulación lo vemos con la empresa Cambridge Analytica acusada de robar millones de datos de usuarios de Facebook, para influenciar las elecciones presidenciales americanas, como también las del Brexit en Inglaterra. Si se mira la geografía de los resultados electorales, las grandes ciudades votaron por lo contrario. La hipótesis es que esas aglomeraciones estaban mejor informadas y la diferencia de los resultados no es tanto (como se dijo) por causas económica, pues en las grandes ciudades también hay desempleo y pobreza, por lo que la fractura electoral es probablemente informativa.
Falsas noticias y rumor se trenzan y se tranzan para propagarse y quedarse en las mentes de la opinión, y a pesar de los desmentidos y aclaraciones de rigor, la huella de la mentira se queda en los espíritus, como mínimo, en forma de duda. A pesar que la difamación es reprimida en general por la ley, los autores son, por el momento, difícilmente identificables. Se espera que con los avances de la técnica, puedan encontrar algún día los culpables. Es aquí donde el periodismo tiene una oportunidad histórica de erigirse en un contra poder efectivo y aliado a la democracia.
No es que los periódicos garanticen la verdad absoluta. Esta no existe. El filósofo Friedrich Nietzsche (1844-1900) es citado por su frase: “no hay hechos, sino interpretaciones”, el también filósofo Michel Foucault (1926-1984) remata diciendo que un hecho puede acoger muchas verdades, solo que el poder impone su verdad frente a las otras a través de sus instituciones y porque tiene más medios de difusión para hacerlo, pero el objetivo de la verdad del poder es única y exclusivamente para dominarnos. La pluralidad ideológica y el contraste de interpretaciones es un gaje de democracia y constituye una herramienta para comprender mejor lo que está en juego y que compromete nuestro destino colectivo.
El periodismo por internet es probablemente uno de los principales medios de comunicación que puede lograrlo por las siguientes razones: el periódico con soporte de papel es costoso en su elaboración material y en su distribución, además de no ser ecológico. La difusión periodística por internet no tiene límite de tiempo, ni de espacio, ni de pluralidad. Un periódico numérico, de hecho menos caro, puede deshacerse del monopolio que los grandes grupos financieros ejercen sobre él. Recordemos la dificultad económica que afrontó el Washington Post cuando destapó el escándalo del Watergate, donde no se trataba solo del espionaje ilegal del partido demócrata, sino también, de otra prácticas ilegales del equipo de Nixon y que a raíz de esas denuncias tuvo que renunciar de la presidencia de los USA. Además, sin un periodismo de investigación y sobre todo independiente, no se hubiera podido descubrir la astronómica evasión fiscal a escala mundial: Panamá Paper, Paradis paper, Luxembourg Leaks, etc., realizada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación ICIJ y que reúne alrededor de doscientos periodistas de la prensa mundial. El problema es que actualmente muchos de estos periódicos están amenazados financieramente porque sobreviven, en su mayoría, de la publicidad y de los créditos bancarios de los grupos económicos que ellos mismos denuncian.
La ventaja de un periodismo independiente, es que por su código de deontología; por la responsabilidad civil y penal de la jerarquía editorial; por la reputación de los periodistas y del órgano de difusión, que siempre estarán en juego, tienen interés en que el soporte del evento sea verídico: una cosa es interpretar hechos y otra es interpretar falsedades como los fake news. Es también responsabilidad del público de no aceptar únicamente la verdad del poder, de no aceptar mentiras y sobre todo de no ayudar a retransmitirlas. La diversidad de fuentes de información independientes que puede ofrecer el periodismo numérico es uno de los remedios.