Identidad, conflicto y afrodescendencia en el Caribe colombiano
Este es el título del nuevo libro del historiador Dolcey Romero Jaramillo, esta vez acompañado por Luis M. Caro Barrios y Laineth Romero Echávez, dos integrantes de su grupo de investigación Historia, Sociedad y Cultura Afrocaribe, de la Universidad del Atlántico y de la Simón Bolívar.
El libro fue editado por la Universidad Simón Bolívar, y contiene tres capítulos: San Benito de las Palomas: huella afrodiaspórica e identitaria en el Caribe colombiano (del profesor Romero); Vicisitudes y resistencias de los esclavizados de “ilícita introducción” en el Caribe colombiano durante el siglo XVIII (por los tres autores mencionados arriba), y Un caso de cimarronaje urbano en la Barranquilla del siglo XVIII (a cargo del historiador Romero Jaramillo).
El contenido de esta obra prosigue la línea trazada desde hace décadas por Romero Jaramillo y su grupo, consistente en resaltar la memoria y hacer la historia razonada de las personas esclavizadas bajo el dominio colonial español. Como en otros trabajos, aquí también se observa la predilección por esta problemática pero en relación con las poblaciones de la Región Caribe colombiana, lo cual ya es un leitmotiv en las investigaciones de este historiador y sus compañeros de trabajo.
Abordando los temas desde la perspectiva microhistórica se comprenden mejor los asuntos que se escaparían al análisis en una escala más amplia, por ejemplo nacional. El acercamiento hacia la identidad y la cultura en lo pequeño permite una penetración más profunda en los objetos de estudio y una mejor comprensión de los matices de los fenómenos, que de otra manera permanecerían ocultos.
Es lo que ocurre, por ejemplo, en el estudio del sincretismo cultural subyacente en el ensayo sobre San Benito de las Palomas, o en el caso de la existencia de un cimarronaje individual presente en Barranquilla, como se destaca en el capítulo dedicado a Nicolás Fester.
Insisto en que este abordaje de los problemas no solo es pertinente sino muy útil para esclarecer fenómenos singulares, que desaparecen cuando el enfoque se dirige hacia los contextos globales o hacia las estructuras que integran la sociedad.
A pesar de que en este libro se estudia a personas o grupos tradicionalmente invisibilizados (los cuales integraron las capas oprimidas, explotadas y discriminadas de la Región), los ensayos que lo componen en ningún momento se desbarrancan hacia el epíteto o hacia la defensa a ultranza de los protagonistas. Por el contrario, estos contienen un equilibrio premeditado que no desplaza la intención de los autores: profundizar en el conocimiento de los esclavizados, sin deslizarse hacia la construcción de mitos poco científicos.
Ese equilibrio es notable en el trabajo que cierra el libro, dedicado a Nicolás Fester. Del análisis se pueden extraer varias conclusiones: 1) hubo esclavos en Barranquilla, una población con muy pocos estudios en esta materia; 2) la relación esclavo-amo no siempre implicó un completo sometimiento de parte de la persona esclavizada; 3) el cimarronaje no fue solo colectivo sino individual; 4) el hombre esclavizado podía utilizar la legalidad existente para luchar contra un esclavista demasiado abusivo y para intentar un cambio en su condición de vida.
Con este libro se demuestra, una vez más, la importancia de la microhistoria o de la historia regional y local para abordar problemas que se pueden comprender mucho mejor utilizando esos acercamientos. Proceder de esta manera no solo ayuda a enriquecer la historiografía de las localidades sino de toda la Región Caribe, como ocurre con la obra aquí reseñada.