Gabriel García Morales ¿traicionó a Uribe Vélez?
La vieja táctica de Uribe y los suyos para eludir a la justicia colombiana, o para engañar incautos, ha sido cambiada. Cabe recordar que ante cualquier acusación contra él o alguno de sus alfiles, siempre salía al paso arguyendo que eso era fruto de una venganza criminal.
El sambenito de la venganza criminal le ha servido al líder y a sus amigos para darle un contentillo y una justificación a sus seguidores, y para tratar de eludir la acción de la justicia en el país y en el exterior, disfrazando la acción de los jueces en contra de los supuestos o reales actos de corrupción (o de otro tipo) con un ropaje de persecución política.
Jorge Noguera, Andrés Felipe Arias, María del Pilar Hurtado y los demás exfuncionarios que huyen (o están presos), no cometieron ningún delito, según la tramoya del uribismo, sino que han sido objeto de una feroz persecución política, mediante la cual se busca convertir en delincuentes a prestantes, probos e impolutos ciudadanos. El cinismo en su estado más puro nunca se había expresado tan nítido como en esta falsedad descarada.
Uribe repitió y repitió en Colombia y en el exterior la táctica de la persecución política en su contra para justificarse ante sus seguidores, para eludir a la justicia y para contrarrestar a los adversarios con una tergiversación muy fructífera, a pesar de que esa supuesta persecución política desde la justicia es solo un invento mediático, una máscara para encubrir la real catadura corrupta o delincuencial del uribismo.
Asistimos ahora a un cambio momentáneo de esa estrategia de la persecución, por otra menos fuerte pero también efectiva para eludir responsabilidades políticas: en el caso del exviceministro de Transporte de su gobierno, Álvaro Uribe Vélez no ha sacado su arma tradicional para escurrir el bulto, es decir, de manera casi incomprensible no ha dicho que su funcionario implicado en actos de corrupción es otro perseguido político. ¿Por qué?
Gabriel García Morales, exviceministro de Transporte y Director (encargado) del INCO en el gobierno Uribe, fue sindicado y detenido por la Fiscalía bajo los cargos de haber recibido una millonada en dólares, para favorecer a la multinacional brasileña Odebrecht.
Uribe Vélez, en este grave caso, no ha salido a enmascarar a su exfuncionario con el sambenito de la persecución política por parte de la Fiscalía y del gobierno Santos, sino que cambió de táctica. ¿Por qué? Desde el punto de vista de la violación de las normas legales establecidas, el asunto de García Morales es similar al de otros de sus seguidores, pero Álvaro Uribe nada que lo protege.
¿Por qué Uribe deja inerme y expuesto al pobre García Morales y no lo escuda con la estrategia de la persecución política, como sí lo hizo con otros de sus entrañables amigos, sometidos al escarnio público y a los fríos barrotes?
Si la que sindicó y apresó fue la Fiscalía, una institución señalada por él en el pasado como agente de la cacareada persecución política, ¿por qué no se la enfila al Fiscal y por qué abandona de manera casi incomprensible a su exfuncionario caído en desgracia?
Álvaro Uribe Vélez será cínico y mentiroso, pero tonto… ni de fundas. Él es consciente de que la investigación no arrancó en Colombia sino que hace parte de un proceso internacional liderado por los jueces norteamericanos. ¿Y en qué palo se puede sostener el muñeco uribista de que la justicia del norte también realiza una persecución política contra los alfiles del uribismo?
Esta es la razón de fondo que lleva a Uribe a sacrificar a su exsubalterno, negándole la aplicación de la clásica estrategia de la persecución política. Es decir, para Uribe Vélez el señor García Morales no es un perseguido político (entre tantos que ha defendido), sino un probable delincuente pescado por la justicia de los Estados Unidos y detenido por la Fiscalía de Colombia.
Como al expresidente le queda de para arriba defenderlo con el sambenito de la persecución política (pues la justicia nacional no es la que inició y dirige el proceso, sino la norteña), hábilmente, como siempre lo hace, Uribe descarta la persecución y se inclina por otro truco.
Para el expresidente, Gabriel García Morales no es un perseguido político sino un traidor. El exviceministro traicionó su confianza, lo engañó y traicionó también al montón de mujeres y hombres que integraron su gobierno, compuesto por gente honesta e impoluta, pero que ha sido objeto de una atroz persecución política orquestada por la justicia y el gobierno colombianos.
De ahora en adelante asistiremos a otro hábil y novedoso parapeto mediático del señor Uribe (y de sus adláteres), para eludir su responsabilidad política: cuando alguien sea cogido con las manos en la masa y sin escapatoria, como parece ocurrir con el pobre García Morales, el uribismo no saldrá a pregonar que se trata de un perseguido político.
La nueva mentira para pescar incautos ya no será la persecución política sino el engaño al expresidente Uribe. Todo aquel que caiga en desgracia ante la justicia internacional no lo será por la malévola venganza criminal, sino porque el jefe fue engañado.
Esta es una habilísima estrategia parecida a la del elefante de Samper, porque significa que Uribe no vio nada y que todo se hizo a sus espaldas, a través de un engaño que él censura como si se creyera su propia mentira.
El pobre Gabriel García Morales ha sido abandonado por su jefe y por los creyentes del uribismo, quizás porque no es químicamente impoluto, como los otros uribistas purasangre caídos en desgracia.
Este exfuncionario del gobierno Uribe no es un perseguido político sino un simple traidor. Quien lo llevó al poder, ya lo echó a la jaula de los leones y, para rematar, se lavó las manos como Poncio Pilatos.