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Esta vez El Niño sí llegó

Las familias cafeteras golpeadas por el terremoto del 10 de agosto no están solas. La Federación Nacional de Cafeteros ejecutará, de la mano del Gobierno Nacional, la reconstrucción rural. Ninguna otra institución tiene la capacidad que construimos en casi un siglo en la ruralidad cafetera. Ya lo hicimos en 1999 y hoy, tras visitar más de 22.000 familias en los cinco departamentos afectados, comenzamos a construir las primeras viviendas.

Pero mientras reconstruimos, llega una amenaza distinta. No golpea en segundos sino en silencio, durante meses, y alcanzará los 23 departamentos donde se cultiva café. El Niño dejó de ser un pronóstico. Ya comenzó.

El índice que mide el calentamiento del Pacífico llegó a 1,80 °C entre junio y agosto. En 1997 y 2015, los dos Niños más severos de las últimas tres décadas, estaba por debajo de 1,5 °C en esa misma época. La NOAA asigna 75% de probabilidad a que supere 2,5 °C antes de fin de año, lo que lo convertiría en el más intenso desde 1950. En junio, 28 de los 32 departamentos del país ya registraron déficit de lluvias.

El desafío es global. El Niño seca el sudeste asiático, en donde amenaza la palma de aceite, arroz, azúcar y trigo en Asia y Australia. Llega sobre un sistema debilitado por fertilizantes encarecidos, energía costosa y biocombustibles que compiten con los alimentos. El Banco de la República ya elevó a 6,9% su pronóstico de inflación para fin de año, en buena parte por este fenómeno.

El café está en el centro de esta tormenta. Vietnam e Indonesia, que producen cerca de la mitad del robusta mundial, enfrentan sequía. En Brasil el golpe puede llegar diferido, con la cosecha de 2027. Y todo ocurre en un mercado sin reservas, pues entre 2020 y 2025 el mundo acumuló un déficit cercano a 18 millones de sacos que aún no se repone. Sin inventarios, cada saco que se lleve el clima se sentirá en la oferta mundial.

Cenicafé analizó 16 estaciones de su red durante los dos eventos pasados. En ambos, la precipitación de diciembre y enero cayó entre 55% y 80%. La cosecha que hoy recogemos tendría una afectación limitada en volumen, pero relevante en calidad. Habrá riesgo de grano averanado, floraciones que dependerán del regreso de las lluvias y dificultades para llenar la mitaca en el centro y el sur del país. Además, habrá condiciones propicias para la broca. Detrás de cada uno de esos riesgos hay una familia que vive de su cafetal.

La Federación no esperó a que el fenómeno se declarara. En el segundo trimestre ejecutamos al 100% un plan de fertilización de $40.000 millones a través de la Protección Anticipada del Ingreso, con recursos del FEPC. Lo aplicamos en plena temporada de lluvias para que los cafetales entraran a la sequía mejor nutridos. Y esta semana subimos el precio de la pasilla de $10.000 a $12.000 por kilo y ampliamos de 20 a 30 los granos brocados que se pagan como excelso. La Garantía de Compra seguirá asegurando que cada caficultor reciba el mejor precio posible.

Planeamos con el peor escenario de sequía hasta marzo. Desde octubre reforzamos el control de la broca, que se duplicó en 2016. Estaremos muy cerca al caficultor.

Pero es importante la franqueza, ninguna institución puede detener El Niño. Lo que sí podemos es reducir el daño, y eso exige responsabilidad compartida. El Estado debe garantizar el abastecimiento de energía, y al Gobierno le pedimos alivios de deuda y una línea de crédito que se active automáticamente con el dato de lluvia de las estaciones de Cenicafé, con una tasa subsidiada por el FEPC, además de recursos para reservorios en almácigos, lotes jóvenes y beneficio del café. La industria mundial debe entender que la escasez no se resuelve presionando al productor, sino remunerando su esfuerzo. Y en cada finca, la disciplina de siempre será la primera línea de defensa.