Es bueno el cilantro, pero...
La invasión -que así podemos llamarla- de gente del vecino país venezolano a Colombia, en especial a ciudades fronterizas y a la Costa Caribe, si bien merece -como lo ha merecido- el sentido humanitario de tenderles la mano, ha sido consecuencialmente motivo de creciente alarma para la ciudadanía en general.
Ello debido a la falta de un verdadero control de las autoridades migratorias y de quienes tienen la responsabilidad de salvaguardar el derecho a la vida. En el caso específico de Barranquilla y municipios del Atlántico como Soledad, Malambo, Sabanalarga, Campo de la Cruz etc. es indudable que dentro de la enorme cantidad de personas que han llegado desde hace más de un año y que son miles y miles, se han involucrado indocumentados y malhechores que desestabilizan a los habitantes de la ciudad y la región.
Bien cierto es que Colombia, pese a estar sumida en violencia intestinal desde hace más de sesenta años por los enfrentamientos entre guerrillas y la fuerza pública además de paramilitares ha mantenido el sentido humanitario para ayudar a desplazados propios y extraños. En el caso que nos ocupa hoy, no podemos dejar pasar lo que viene sucediendo con los muchos miles de personas que desde Venezuela han copado y siguen copando regiones del país.
Barranquilla ha sido una de las ciudades más afectadas. La población ha crecido incontrolablemente. Y si bien se le ha dado cabida a los hermanos venezolanos que han huido del régimen dictatorial de Nicolás Maduro, entre esa gran cantidad de personas, se han colado malhechores que sin consideración alguna cometen toda clase de delitos y crímenes.
Muchas son las denuncias conocidas en las que venezolanos están involucrados en asaltos, robos y crímenes cuyas víctimas han resultado inclusive familiares que han dado posada y tendida manos a los visitantes necesitados. Recientemente se dio noticia sobre una banda dedicada al asalto de buses interdepartamentales entre Barranquilla, Cartagena y otras ciudades costeñas.
A esto se suma el alto grado de contagio de enfermedades de transmisión sexual como el sida, y epidemias de sarampión, malaria, tuberculosis, desnutrición y otras que han traído venezolanos y que por lo continuo se ha vuelto sumamente difícil para las autoridades de salud.
Hoy quienes han levantado la voz para pedir a las autoridades que si no son capaces de controlar el ingreso de tanto migrantes, entonces los devuelvan a Venezuela y que el problema originado por el gobierno de ese país, sea resuelto precisamente por Nicolás Maduro. Quienes así piensan, sostienen que los problemas delincuenciales de Venezuela no se le pueden agregar a la de los barranquilleros en el que además se suma el índice de desempleo y la inseguridad que agobia a esta ciudad. “La presencia masiva de venezolanos en Barranquilla y la región Caribe es una bomba de tiempo que en cualquier momento puede estallar” han denunciado especialistas en materia de salud y seguridad.
Es hora de aplicar decisiones severas en tal sentido. De otra manera, “seguirá creciendo el enano” y cuando se intente detener el problema sea mucho más complicado. No significa la pérdida del sentido humanitario en este caso para los venezolanos, sino la de velar y salvaguardar la vida y patrimonio de los barranquilleros y de todos los colombianos en general.