Entre Alexis y Fuad pudo más la dignidad
Como nunca antes, que tengamos recuerdos, habíamos visto o percibido tanta “movilización virtual” para defender una causa nuestra, es decir una causa o un personaje representativo de la ciudad. Es el caso que en las últimas horas causó tremendo revuelo y se convirtió un episodio novelesco traído de los cabellos.
La renuncia del técnico Alexis Mendoza tras las declaraciones del dueño del club Fuad Char Abdala, motivaron toda clase de comentarios, señalamientos y rechazos en la comunidad barranquillera. No fueron solo los hinchas junioristas con los que se respalda el equipo, no fue solo el gremio periodístico casi que en general, aún aquellos que comprometidos por una pauta publicitaria se muestran complacientes y justifican acciones de quienes tienen el poder económico. Unos más, otros menos de los que pertenecen a este grupo de comprometidos también se pronunciaron en desacuerdo con las desafortunadas e imprudentes declaraciones de Fuad Char Abdala.
Esta vez, el clamor fue total. Incluyendo al barranquillero de raza pura, al adoptado en nuestra región, y los propios caribeños de todos los departamentos de la Costa Norte. Y todavía, más allá de las fronteras regionales, desde el interior del país, la propia prensa del interior dio a conocer su posición de rechazo y condena por la actitud del directivo, calificándolas de prepotentes e irrespetuosas.
Alexis Mendoza pasó de ser “el Reo condenado por Rey” que intentó colocarlo en la picota pública, a ser el personaje de mejor reconocimiento en estos momentos. Su actitud y decisión de hacerse a un lado al saberse ofendido en su dignidad, causó dos contenidos simultáneos: por un lado sirvió para ratificar su don de persona, su condición de técnico ejemplar que le merecen y, le merecieron como jugador, el distintivo de Caballero del Deporte; y por otro lado, sirvió para colocar en el escarnio público al mayor representante de una familia a la que se le reconoce el poder plenipotenciario en el orden económico, político y hasta deportivo en la ciudad y el departamento.
Y fue precisamente el haber ofendido al más representativo icono de los barranquilleros: el Junior, lo que motivó el pronunciamiento de todo un pueblo. No fue solo del hincha o el “aficionado aquel que prefiere quedarse en una tienda o estadero tomando cerveza y viendo por televisión el partido de su amado equipo” como sarcásticamente lo expresó el máximo accionista del club. Fueron muchos más, fueron todos los que en algún rinconcito de su alma, guardan como el más preciado tesoro, ese símbolo y esos colores rojiblanco del que creen y consideran mejor equipo del mundo, así sea el peor del fútbol colombiano.
En ese punto radicó y radica la inocultable molestia de toda la gente. Hay quienes dicen que prefieren que les ofendan mentándole la madre, pero jamás que pisoteen esa insignia nacida en 1924, criada y amamantada popularmente, pero manteniéndose orgullosa y altiva durante 92 años de vida.
No importa en manos de quien esté, no importa a quien o quienes pertenezcan. Porque como simbólicamente se sabe, Junior no es de nadie en particular; Junior es de toda Barranquilla y como tal debe ser tratada. Por eso siempre queremos verlo ganar, siempre queremos verlo campeón, por eso siempre su gente es exigente y exige lo mejor.
Alguien nos dijo a manera de propuesta que si de verdad los dueños del club quieren mantener a Mendoza como técnico, que el propio Fuad convoque a una rueda de prensa y públicamente presente excusas y pida perdón a Alexis. Tal vez así el técnico pudiera reversar su decisión. Pero como sabemos que Fuad no va a hacerlo, solo nos queda esperar que el nuevo entrenador del Junior sea un verdadero profesional capaz de darnos títulos de campeón, los que a Mendoza no le dejaron dar. Seguro estamos que a la vuelta de un tiempo, uno, dos o más años Alexis regresará y entonces nos entregará los títulos que por ahora no le permitieron convertirlo en profeta de su tierra.
Esperar que el nuevo técnico no resulte ser un “encantador de serpientes”, de esos que llegan del Cono Sur (Argentina o Uruguay) que hablan con “tecnicismo” y voces de engañifas que envuelven incautos como saben hacerlos los “paisas culebreros”. A esos a los que sí les entregan todo lo que exigen aunque al final de la jornada se les “revienten las cometas”.