¡En sus marcas…Listos…ya...!
Ni siquiera tiempo para calentar nos quieren dejar. El récord de velocidad de Jesse Owens en los Olímpicos de Berlín (1936) 9.4 segundos en los 100 metros planos se vuelve añico ante los 30 segundos que ofrecen Ministros y Presidente Santos para bañarnos.
Con la tan cacareada crisis energética y de agua prevista para los próximos días y cuya responsabilidad se ha achacado al llamado fenómeno de El Niño y no a la improvisación y falta de responsabilidad del gobierno, los colombianos estamos abocados a adquirir nuevas costumbres como la de bañarnos con treinta segundos de agua y con minutos contados de luz.
Según el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas y el de Minas Tomás González, estas deben ser las nuevas costumbres a que nos vemos obligados en todo el país. Nos gustaría saber si los barranquilleros, samarios, cartageneros, en fin los costeños en general, podremos bañarnos en tan solo treinta segundos. Tal vez a los señores ministros de hacienda y minas les alcance el tiempo y el agua. Por conocimiento que tenemos los caribeños, sabemos que los cachacos bien podrían sobrevivir con tan limitadísimo líquido. Al fin de cuentas, los cachacos- según cuentan-están acostumbrados a bañarse cada dos o tres días. O que sus baños consisten en abrir un poco la llave del lavamanos coger un poquitico de agua para pasarse por la cara y otro poquito para limpiarse las axilas. Pero no es la costumbre costeña. Ni la de la mayoría de los colombianos.
¡Treinta segundos, ni para calentar!
Por la misma inclemencia del clima, los costeños y residentes en zonas calurientas necesitamos bastante agua en el cuerpo para apaciguar y resistir los embates diarios del calor. Y por la misma necesidad del canicular sol, debemos acudir al abanico eléctrico o el aire acondicionado para refrescar nuestra existencia física.
¿Qué tal que se nos racione el agua a tal punto de poder recoger apenas una bandejita o un baldecito para bañarnos? Y ¿qué tal que se nos racione la luz durante 20 de las 24 horas? Tendríamos que bañarnos pegados de a dos o tres personas al mismo tiempo compartiendo el mismo chorrito de agua. Y dormir con puertas y ventanas abiertas y acomodados en esteras o hamacas en las terrazas de las casas para resistir el calor. A expensas, entonces, de los ladrones y delincuentes que ni siquiera requieren de estos facilismos para sus fechorías.
¿Por qué achacar y cargar la culpa de la falta de previsión al ciudadano colombiano y no a las grandes empresas prestadoras de los servicios de agua y generadoras de energía que no previeron y adoptaron medidas de emergencia para estos casos? Máxime cuando por el llamado cargo de responsabilidad se han recaudado muchos billones de pesos cuyo destino deben ser precisamente para estos eventos de la naturaleza.
Sí, cierto es, que se hace necesario guardar y proteger el agua. Como cierto es que no debemos dejar llaves abiertas cuando nos afeitamos o lavamos las manos. Y que en las casas no se lave la ropa todos los días y que los platos, vasos y enseres de cocina se laven aprovechando simultáneamente el líquido. Pero tampoco es para llevarnos a los extremos pretendidos por el gobierno y sus ministros, mientras los grandes prestadores de estos servicios esenciales derrochan los dineros acumulados de impuestos y más impuestos que cada día agobian más a las familias.
El fenómeno de El Niño es más un descuido nacional por falta te previsión que por la misma escasez de agua que el clima nos registra todos los años. En este tema llevamos casi veinte años y todavía no ha habido manera de prever por ejemplo mecanismos de embalses y creación de hidroeléctricas que sirvan para contrarrestar los efectos dañinos de agua y energía cuando estos aparezcan. Razón tiene la abogada Andrea Rojas, de la Universidad del Rosario cuando dice “bañémonos en treinta segundos porque las compañías mineras necesitan esa agua”. Y también razón tiene el ciudadano Pablo Puentes cuando manifiesta que “el gobierno Santos manda a decir que se bañen en 30 segundos porque le vamos a acabar el agua a las multinacionales”.
“La fiebre, como decían las abuelas de antes, no está en la sabanas”. Ni “al ahogado hay que buscarlo rio arriba”. La solución hay que buscarlas por otro lado. Por ejemplo, como dicen algunos suspendiendo las licencias mineras y así se mantienen las fuentes hídricas. Las técnicas usadas para extraer hidrocarburos que consiste en que luego de hacerse profundas perforaciones al terreno se le inyecta a alta presión grandes cantidades de agua. Estas demandas del precioso líquido contribuyen enormemente al desgaste del agua que necesitan los colombianos. Pero que el gobierno prefiere entregar a las multinacionales mineras sin importar el mal que inflige a la población.
¡Y qué decir de la energía eléctrica!
Tan alarmante es la situación que la facturación de los recibos a partir de noviembre, se verán enormemente incrementados. Como si el servicio, en el caso particular de los costeños fuera de primera calidad. Pésimo servicio de empresas como Electricaribe que reciben como premio mayores ingresos por su paupérrima acción. Y como para apaciguar los ánimos o disimular los embates que se avecinan, el Presidente Santos y sus ministros anuncian que el Palacio de Nariño estará discretísimamente alumbrado en navidad y que los colombianos todos debemos ahorrar al máximo la corriente eléctrica.
En pocos días veremos paradójicamente ciudades como Medellín, Bogotá, Cali y otras mostrando orgullosas sus monumentales figuras navideñas que engalanan calles y edificios. Sería recomendable señores del gobierno que aunque sea por esta vez y ante la alarmante crisis eléctrica que se suspendieran estos engalanamientos de luces y colores que por miles y miles de focos y bombillas nos brillan y alegran tradicionalmente los tiempos navideños.
En lo que respecta a Barranquilla, no sería tan traumático-creemos nosotros- toda vez que durante los últimos 20 años nos hemos acostumbrado a estar “iluminados” con los tan desgastados adornos y figuras treboleras en la Avenida Olaya Herrera, en la calle 84, calle 72 y pare de contar.
Y, dependiente, porque va concadenado, todo este caos que ha merecido debates en el Senado y públicamente en todo el país, habría que preguntar al Gobierno ¿por qué no ha ordenado una investigación profunda a los responsables del caos? ¿Por qué, los organismos de control como Contraloría, Procuraduría y hasta la misma Superintendencia de Servicios Públicos no se han adentrado en investigar qué pasó con los 14 billones de recaudos por impuestos pagados por los ciudadanos para prever casos como estos? Inoperantes han sido estos entes de investigación y control. Dejando que sea el pueblo el que padezca las inclemencias mientras el dinero en mano de socios y dueños de generadoras de servicios se fugue al exterior.