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En manos del hampa

Mil doscientos policías de vacaciones en tiempos críticos como el fin de año 2016 y comienzos del  2017 resulta inaudito para cualquier sociedad como la nuestra sometida a toda clase de delincuencia y en la cual la población ha estado desguarnecida desde hace bastante rato.

Pero en Colombia estamos y nada de esto debería extrañarnos, menos aún en una ciudad como Barranquilla y su área metropolitana en el que el delincuente pulula a sus anchas a sabiendas que nada importa si es capturado porque más demora su captura que el volver a las calles a delinquir.

Razón tiene el alcalde Alex Char al reclamar airadamente la falta de control por parte de la policía.  Su reacción, casi que iracunda, es apenas el resultado de incansables recomendaciones a la fuerza pública que pareciera no importarle cada llamado de atención por parte del mandatario y al agobiante ruego de la comunidad.

Por una parte el alcalde reclama que las exigencias de la policía son atendidas prontamente. La entrega de seiscientas motocicletas, la colocación de muchísimas cámaras de vigilancia, la dotación de equipos modernos de comunicaciones, la construcción de CAI y el aumento del pie de fuerza para diciembre pasado trayendo de otras regiones no menos de mil agentes de policía, deberían corresponder a una respuesta altamente positiva en la disminución de crímenes de toda clase.

Pero por otra parte, la policía responde que de nada sirve todo este empeño si a la vuelta de la esquina el atracador y el asaltante ríe  a mandíbula batiente sabiendo que a pocas horas de su captura podrá estar de nuevo en sus faenas. El control debe ir más allá. El control debería cobijar también a jueces corruptos que a cambio de la “mermelada” tan de moda en todas las esferas del país, cambian la libertad del delincuente por el manojo de billetes percibidos.

Es cierto, como afirma el alcalde, que todo el mundo en Barranquilla y el área metropolitana sabe dónde están las ollas expendedoras de drogas y toda clase de vicios, todo el mundo sabe dónde viven y se esconden los delincuentes, todo el mundo sabe dónde se sitúan los atracadores, fleteros y asaltantes de buses.  Y mucho más, la policía sabe también quiénes son y como “trabajan” los delincuentes.

También es cierto que la falta de oportunidad de trabajo y de estudio conlleva  a muchas personas a delinquir. Y también se sabe que la llegada constante a la ciudad de gentes de otras regiones y del exterior del país nos ahoga cada cada vez con más severidad con el consabido “rebusque” que en gran parte no es más que el disfraz en el que se esconde el delincuente.

Hay que ir más allá señor alcalde. Usted fue desde su primer mandato un animador para la construcción de las que usted denominó “Mega cárceles”. Y pidió al gobierno central su concurso para que este proyecto fuera una realidad. Hoy, en su segunda administración y a diferencia de su primera posición, ha estado callado en tal sentido. Igual prometió sacar al ejército a las calles para ayudar a la policía en el control. Tampoco se le ha escuchado ni exigido que esto se cumpla.

Señor alcalde, tiene usted razón en sus reclamos airados pero ajustados a la realidad. En momentos críticos como fin de año y comienzos del nuevo la policía no puede dar vacaciones a 1.200 agentes dejando desprotegida a la población, ausentando de los llamados cuadrantes a quienes tienen el deber de proteger y “abriéndole las puertas” al fleteo, al asaltante de buses, al expendedor de drogas y al sicario en moto que asesina sin contemplación.

Terminada la fiesta de fin de año, comenzó el pre carnaval y la tradicional fiesta se acerca a pasos agigantados. Así mismo de gigante debe ser el control y seguridad que se debe brindar a toda la población. 

Treinta y siete crímenes en apenas 10 días de enero es un índice totalmente alarmante que requiere no solamente del acostumbrado consejo de seguridad  que se convoca y se efectúa cada vez que hay situaciones como la actual. Se requiere y es urgente tomar medidas extremas; más allá de regresar a esos 1.200 policías que están de vacaciones, de sacar al ejército a las calles y si es posible también la Armada Nacional, es necesario acabar de verdad con los expendios de drogas que están distribuidos en los cuatro puntos cardinales, se necesita colocar en el escarnio público los nombres de los jueces que a cambio de la “mermelada” dejan libres a los delincuentes por supuestos malos procedimientos o por no captura en flagrancia.     

No es solo en el sur, ni en el occidente o el oriente. También en el norte y más allá del marco urbanístico  de la ciudad. Las bandas criminales están distribuidas y se han apropiado de los espacios que deberían estar en el manejo de seguridad y hoy figuran en manos de las bandas que se pasean de la sala al comedor. 

¿Será acaso necesario señor alcalde, volver a aquellos tiempos en que grupos especiales de seguridad y limpieza exterminaban a los malhechores de la ciudad? No creemos ni queremos llegar a tales extremos. Pero tales interrogantes son hechos y planteados a diario por muchas personas que se sienten ahogadas en cuatro paredes. O mejor, en manos del crimen y la delincuencia en general.