En el Junior: mucho ruido y pocas nueces
Seis meses atrás cuando se anunciaron nombres de Yorley Mena y Jessy Mena y se habló de James Sánchez y del defensor Arias etc. si bien dijimos que nos agradaban las noticias en tal sentido, hacíamos al tiempo la advertencia de que aún faltaba algo más. Nos referíamos entonces a refuerzos en el medio como lo es un verdadero volante 10 y un delantero goleador porque con Ovelar y Toloza no era suficiente.
El tiempo dio la razón a quienes así nos pronunciamos. Un poquito más y estuviéramos hoy celebrando el octavo título de campeón y no el noveno de subcampeón. La lección no fue aprendida y los lamentos aparecieron luego de finalizado el torneo del semestre primero.
A pocas horas de comenzar el segundo torneo, la historia parece repetirse. Se anuncian nombres como Faber Cañaveral, un vallecaucano que según afirman los entendidos tiene clase y manejo en dos áreas medulares, frena y ataca. Y se anuncia a Sebastián Hernández, un cachaco de 30 años que ha recorrido muchos equipos colombianos y extranjeros. Un jugador que según sabemos tiene dominio del balón y sabe desplazarse. Su defecto, según los entendidos, es que se enlaguna, es decir que por ratos se pierde en la cancha. No es del estilo de Vladimir que siempre está ahí, en los 90 minutos, listo para recibir y avanzar. Sebastián es como se dice, un futbolista de sangre fría, que deslumbra con una jugada personal pero que así mismo pasa inadvertido por otro rato.
Cañaveral Y Sebastián, son hasta el momento las dos grandes contrataciones del Junior. Se ha especulado con otros como jugadores Wilmar Barrios un mediocampista de ida y vuelta cuyos derechos pertenecen al Deportes Tolima y a algunos empresarios, lo que ha hecho difícil su contratación. Y se anuncia también a Michael Rangel, de propiedad del Nacional y quien estuvo jugando para Millonarios.
Al momento de redactar esta nota, no se tenía definido lo de Rangel ni lo de Barrios, aunque los entendidos afirman que en las próximas horas llegarán a la ciudad y se concretarán las negociaciones. Sea que se dé o que no se dé, lo cierto de todos es que ninguno de los nombres anunciados hasta ahora son motivantes como para mover el torniquete tal como las agujas del reloj entre la hinchada.
El público sigue esperando mejores anuncios. Nombres que de verdad conciten la atención y que la gente se sienta complacida como para producir la compra masiva de los bonos. No importa si esos refuerzos son de Panamá, venezolanos o haitianos. No. Lo que interesa es que sean verdaderos refuerzos para un equipo que afrontará tres compromisos simultáneos y que quiere llegar a su octavo título después de tres intentos infructuosos.
Los directivos del Junior no deben ni distraer la atención con nombres y jugadores del mediocampo con características mixtas. Si bien se entiende que vienen a aportar a la causa en los múltiples compromisos, las mayores exigencias siguen concentradas en el volante 10, un verdadero armador en el medio y un delantero goleador. Y en este orden de ideas muchos siguen añorando y esperando anuncios como los que en su tiempo dieron Víctor Ephanor, Juan Ramón Verón, César Lorea, Julio César Uribe, Javier Ferreira, entre los extranjeros; o de los colombianos Alfredo Arango, Toño Rada, Iván Valenciano, Víctor Pacheco y Pibe Valderrama. Que los hay, los hay. Solo que hay que saberlos buscar, en el mismo suelo colombiano o en canchas extranjeras.
Volante de esas características y goleador de esas características. Esas son las necesidades del equipo, y esas las exigencias de una afición agotada de sufrimientos y con la ilusión de una nueva restrella. Solo si se dan dichas exigencias, estamos seguros que todos seremos ganadores: directivos, técnicos, hinchas, periodistas y por supuesto el equipo.
Es hora de volver a enamorar a la hinchada, tal como lo prometió hace seis meses el técnico Alexis Mendoza. Y para lograrlo se necesitan jugadores como los que hemos señalado, ases como los del pasado, traídos hoy al presente. Que hagan del Junior el verdadero ejemplo del fútbol barranquillero. Y obviamente con la gran ilusión de la octava estrella. Para no quedarnos en el solo pensamiento de mucho ¡ruido y pocas nueces!