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Electricaribe

Electricaribe fue creada como una solución ante la crisis de las empresas distribuidoras y comercializadoras de energía en el Departamento del Atlántico y la Región Caribe. Recuérdese que la antigua Electrificadora del Atlántico y sus pares de la Costa se habían convertido en un caldo de cultivo del clientelismo, la politiquería y la corrupción.

No hay nada que dañe más un servicio público tan fundamental como estas tres plagas promovidas por los depredadores de los dineros y de los cargos públicos, pertenecientes a todo el espectro político. La mejor estrategia para que las empresas de servicio público funcionen bien es blindándolas contra el cáncer del clientelismo, la politiquería y la corrupción.

El gobierno de la época creyó que privatizando tales empresas las salvaría de su crisis estructural y, mediante esa estrategia, podría entregarle un servicio eficiente a la población. Ese fue el escenario en el cual entró en escena Electricaribe, convertida hoy en el peor karma de los costeños.

La Electrificadora del Caribe S.A. E.S.P. fue el resultado de un proceso en que intervinieron las anteriores Electricaribe y Electrocosta, entidades que habían sido capitalizadas en un 65% (hacia el año 1998) por un consorcio internacional constituido por la Houston Industries y la compañía Electricidad de Caracas.

Hacia el año 2000 entró en escena Unión Fenosa, que asumió el control de Electricaribe y Electrocosta al comprar la participación de los anteriores inversionistas privados. En diciembre de 2007 fue formalizada la fusión de las dos compañías distribuidoras y comercializadoras de energía en la Costa, luego de cumplir los trámites de ley.

La integración de Unión Fenosa con Gas Natural, ocurrida en el año 2009, pareció abrirle nuevas y mejores perspectivas a Electricaribe, al pertenecer a una gran compañía encargada de distribuir gas natural en el interior del país y energía eléctrica en la Región Caribe.

Pero hacer parte de Gas Natural Fenosa (una compañía que sirve a más 4 millones de personas en 11 departamentos del centro, oriente y norte de la nación) le ha servido de muy poco a la empresa privada que surte de energía eléctrica a la Costa, a pesar de nutrirse, bajo esa influencia, de la experiencia internacional.

Electricaribe opera en la Región desde hace mucho tiempo sin levantar cabeza, en cuanto a eficiencia en el servicio. En eso se diferencia de otras instituciones manejadas por los privados o por el Estado, que sí muestran buenos resultados en esa materia, tanto en la Costa Norte como en el resto del país. Un par de botones representativos de buena calidad en el servicio serían la Triple A y las E.P.M de Medellín.

¿Por qué Electricaribe se ha convertido en el patito feo de los servicios públicos en la Región? ¿Qué ocurre en esta compañía, que no logra cuajar un buen funcionamiento en una actividad tan importante para la economía y para los hogares de la Región?

El hecho es que la empresa no se ha consolidado como un modelo de buen trabajo, a pesar del largo tiempo que lleva operando aquí. Esto obedece a la falta de inversiones para mejorar las líneas de distribución y para reemplazar los equipos obsoletos, que se resienten con los cambios en el clima. La consecuencia de tal desbarajuste son los continuos apagones, que han creado un problema de orden público, al provocar la protesta justa de los usuarios.

El gerente general de Electricaribe, José García Sanleandro, sostuvo hace poco que la empresa ha sido asfixiada por las deudas y por el robo de energía. Los fraudes al sistema, la deuda de los gobiernos locales y de los usuarios morosos arrojan un monto de más de ochocientos mil millones de pesos.

Aquí está la clave para entender por qué Electricaribe, en vez de decidirse a mejorar el servicio, le echa la culpa de sus problemas a la cultura del no pago y del robo de energía. Esta explicación permite comprender por qué la compañía tampoco ha cumplido con el plan de inversiones por más de un billón de pesos que acordó con el gobierno nacional.

Es decir, en el fondo el gerente general arguye que el operador no mejora porque no le pagan, y parte de los clientes no quieren pagar porque el servicio es malo. Este es, indudablemente, el círculo vicioso más perfecto, y es también una papa caliente que le quema las manos al gobierno central, el cual tiene la potestad para enfrentar y definir el espinoso asunto.

¿Qué hacer con Electricaribe? La solución no es nada fácil. Esta compañía hace parte de un conglomerado compuesto por inversionistas nacionales y extranjeros, que presta un aceptable servicio de distribución de gas en otras partes del país. Pero el hecho es que aquí la empresa se convirtió en un karma insufrible, y por eso la gente está rebotada, y el alcalde Char y otros gobernantes quieren sacarla del juego.

Electricaribe es una compañía en crisis interna y con una profunda inefectividad donde más duele: en la calidad del servicio a los usuarios. Sus pasivos están por encima de los tres y medio billones de pesos, y lo peor es que nadie la respeta: ni los consumidores rasos, ni los gobernantes, ni el empresariado.

Quizá lo menos traumático es una intervención del gobierno nacional para hacerle una reingeniería profunda a la entidad. Pero eso requiere mucho dinero y, tal vez, esa sea la causa de las actitudes tan tibias de los funcionarios nacionales ante la problemática.

El gerente general de Electricaribe se agarra del no pago y del fraude, y si no le pagan no puede invertir, planteando un círculo vicioso sin puerta de salida, pues en la actual coyuntura de vacas flacas al Estado le queda de para arriba apoyar financieramente, y si decide hacerlo porque las normas lo permiten ¿quién garantiza que García Sanleandro y sus amigos no sigan en las mismas?

Sacar a Gas Natural Fenosa del mercado no parece fácil (por su aceptable funcionamiento en otros lugares), y Electricaribe hace parte de ese consorcio. ¿Podrá el gobierno desbaratar este karma para reemplazarlo por otro operador? ¿Recurrirá a los fondos públicos para reflotar una compañía que ha demostrado la más completa ineficiencia?

Cualquier solución que se adopte demandará mucho dinero, sobre todo si se trae otro operador privado o si se convierte a Electricaribe en una empresa pública. Lo problemático del asunto es que, en el caso de la distribución de energía, en la Región han fracasado los modelos públicos y los privados.

De acuerdo con la experiencia histórica crear una empresa pública de energía eléctrica es muy riesgoso, por el peligro de la politiquería, el clientelismo y la corrupción. Y dejarle el campo a los privados (sin un control o supervisión del Estado) puede dar lugar a la aparición de engendros ineficientes, como esta Electicaribe, el mayor dolor de cabeza de los costeños.