El valor del café no nace en una pantalla
En los últimos días, el mercado internacional del café volvió a recordarnos una realidad que los productores conocemos desde hace años, y es que el precio ya no responde únicamente a la oferta y la demanda.
En cuestión de horas, la bolsa registró el mayor movimiento diario de los últimos 26 años. En un día registro un salto extraordinario de 48,75 centavos (+16%), y al día siguiente una fuerte corrección. Los analistas coinciden en que el detonante no fue un cambio radical en la producción mundial, sino la combinación de operaciones especulativas, algoritmos, fondos de inversión y movimientos técnicos propios de los mercados financieros.
Al mismo tiempo en las montañas cafeteras no había cambiado nada. El productor seguía enfrentando lluvias, sequías, enfermedades, costos crecientes e incertidumbre climática. La especulación hace parte de cualquier mercado y aporta liquidez. Pero una cosa es facilitar su funcionamiento y otra muy distinta provocar episodios de volatilidad alejados de la economía real.
Quien compra y vende contratos en minutos arriesga una posición financiera. El caficultor arriesga el patrimonio familiar. No puede cerrar una posición con un clic ni abandonar su cultivo cuando cambia el mercado. Por eso, cuando la especulación domina los precios, quien soporta la mayor incertidumbre es quien menos participa en esas decisiones.
Paradójicamente, los mismos analistas que atribuyen estos movimientos a factores financieros reconocen que los fundamentos del mercado siguen siendo sólidos. Los inventarios permanecen bajos, la cosecha brasileña enfrenta retrasos y el fenómeno de El Niño vuelve a introducir incertidumbre sobre el próximo ciclo productivo.
Casi todos los analistas presentan cinco o 10 millones de sacos adicionales en la cosecha mundial actual, como si fueran suficientes para cambiar el rumbo del mercado. Y la realidad es otra. En un mercado que consume cerca de 180 millones de sacos al año, 5
millones representan apenas alrededor de una semana y media de consumo global. Poner esas cifras en contexto ayuda a entender que las expectativas de corto plazo no siempre modifican los fundamentos de largo plazo.
Y por otro lado, estos eventos se convierten en una clara invitación. Los países productores no podemos limitarnos a esperar un mejor precio en la bolsa. La verdadera estrategia no consiste en perseguir el precio de la bolsa, sino en capturar una mayor parte del valor que genera el café.
Eso significa industrializar más en origen, desarrollar productos de mayor valor agregado, fortalecer la trazabilidad, construir marcas, innovar y estimular el consumo. Cada paso en esa dirección reduce nuestra dependencia de la volatilidad financiera y aumenta el valor que permanece en los países productores.
El verdadero valor del café no nace en las pantallas de los traders y especuladores, nace en la finca, se fortalece en la industria y se multiplica cuando recorremos toda la cadena de valor. Ese seguirá siendo el gran propósito de Colombia, capturar mayor valor y dejarlo en el origen.