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El terrorismo del Estado Islámico

 

El Estado Islámico atacó otra vez en París de manera atroz e inhumana. Con mucha sevicia y sin respetar a los civiles que no participan en la guerra. Cuando se actúa de esta manera (a mansalva, con sevicia y contra objetivos no militares) tales prácticas caben en lo que se ha denominado terrorismo.

El terrorismo del Estado Islámico no se aplica solo a los países occidentales sino también a los propios musulmanes. Esta organización de fanáticos religiosos asesina inocentes y coloca bombas en todas partes donde perciba enemigos, y estos van desde los “cruzados de occidente” hasta los árabes o islamistas que no comparten sus interpretaciones extremas de los textos religiosos o sus métodos bárbaros para someter a quienes se les enfrentan.

El principal causante de las prácticas de terror de esta organización es su fanatismo religioso. Ellos se creen defensores de la verdadera religión y hacen valer su creencia a sangre y juego. Supuestamente, realizan la obra de Alá en la tierra al propalar sus designios por la fuerza de la palabra o por el poder de las balas y las bombas. Esta es la base del modelo político y religioso totalitario al que denominan Califato, el cual tiene como eje la saría o ley islámica.

El terrorismo del Estado Islámico se alimenta de una larga lucha por la fe contra propios y extraños en los países de influencia musulmana, y de un pasado reciente de invasiones extranjeras que han contribuido a incrementar el potencial de odio de los habitantes de esos territorios de Asia y áfrica. El mal trato, la discriminación y el despojo de los recursos naturales y de la tierra por parte de las potencias occidentales han contribuido a la formación de un monstruo que hoy parece estar fuera de control.

Es inadecuado justificar los ataques terroristas del yihadismo criminal con el argumento de la crueldad y de la injusticia que imponen las potencias imperialistas a los pueblos oprimidos, así como tampoco es decente justificar la lucha contra el terrorismo defendiendo los intereses de la burguesía internacional más rapaz. Ambos extremos muestran el peor rostro de la humanidad… la cara de la muerte alimentada por el fanatismo o por los intereses económicos más oscuros.

Es vergonzoso que en pleno siglo XXI existan personas o grupos que vivan la religión como si estuvieran en la antigüedad o en el medioevo. En aquellos tiempos, la gente se mataba por sus dogmas y participaba en guerras de religión donde los intereses económicos y políticos permanecían ocultos detrás del disfraz de las creencias y de la fe.

Es muy criticable que las personas organizadas bajo el Estado Islámico intenten imponer su modelo político totalitario utilizando el nombre de Alá y El Corán como sus divisas. Al proceder de ese modo pretenden encubrir o legitimar sus métodos terroristas, aparte de enlodar al islamismo como religión y a todos los musulmanes.

Estoy seguro de que Alá, El Corán y la mayoría de los musulmanes de todo el planeta son completamente distintos al rostro violento, fanático, discriminatorio y cruel que nos está vendiendo el Estado Islámico. Por lo tanto, enfrentar los métodos salvajes de los yihadistas radicales no equivale a acabar con la religión de los musulmanes ni a destruir su cultura.

El Estado Islámico no es solo un peligro y un lastre para el resto de la humanidad sino, sobre todo, para los propios musulmanes.