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¡El Sí, por la paz!

El pan de cada día en Colombia es el tema de los acuerdos del Gobierno con la guerrilla de las Farcs en  el proceso para llegar a la paz. A diario se escucha en la radio, se ve en la televisión y se lee en los medios escritos, las posiciones de unos y otros en torno al tema. Tal parece, y de hecho lo es, el acontecer más importante del país desde que comenzaron hace más de cuatro años las conversaciones en La Habana, Cuba.  No es extraño entonces encontrar en cada uno de los medios de información conceptos y opiniones a favor y en contra.

Desde el inicio de los diálogos del Gobierno y la guerrilla de las Farc, comenzó también  una “pelea cazada” primero,  entre quienes defendieron y los que se opusieron siempre al proceso de La Habana. Ahora, la pelea sigue abierta-concluido los acuerdos-por los que dicen SÍ y los que dicen NO al plebiscito. Por eso-repito- no es extraño encontrar en los periódicos nacionales y locales en sus columnas habituales de páginas editoriales que alguien defienda a muerte el proyecto del Presidente Juan Manuel Santos, mientras otros condenan los acuerdos bajo el supuesto que se  les está entregando el país a los insurgentes de la guerrilla.

A estas alturas, con un acuerdo definitivo ya firmado,  la gran controversia se centra entonces en la consideración del pueblo. Las posiciones siguen mostrándose cual “rebatiña” buscando adeptos en pro y en contra.  El pretexto para cada posición tiene nombre propio: plebiscito. Los que defienden la cusa del Gobierno consideran que tal como se ha planteado se puede y se debe adelantar la convocatoria nacional. En cambio para la otra parte, el plebiscito constriñe la voluntad de la gente, por lo que es necesario algo más contundente, algo llamado referendo.

Sostienen los opositores que no es posible que la voluntad del pueblo se congregue exclusivamente en torno a un interrogante ¿aprueba o no aprueba los acuerdos? Quienes prefieren el referendo estiman que además deben conocerse cuáles son los distintos puntos acordados. Dándole más importancia  a la forma que al fondo del problema.  Los de línea radical por el NO, enmarcan la oposición en el plebiscito. Restándole importancia a lo que en verdad se quiere: la paz. Que es lo de fondo.

Los ex presidentes Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana Arango, los más enconados opositores gastan toda clase de argumentos procurando adeptos para el momento de la votación. En el fondo-según los entendidos en materia política- lo que les molesta y les duele es que sea el Presidente Santos el que llegue a la paz a la que ellos no quisieron llegar.

No  seremos abogados del diablo, defendiendo el Presidente Santos, del que condenamos gran parte de su administración pública en contra de los intereses del pueblo. Pero en lo que sí estamos totalmente de acuerdo es en su empeño por conseguir la anhelada paz que los colombianos venimos pretendiendo desde hace más de cinco décadas.

Se habla de impunidad para guerrilleros que cometieron crímenes de lesa humanidad y barbarie en todas las regiones del país, violaciones a los derechos humanos y desplazamientos forzosos a casi media población, especialmente de los campos. “Pero hay algo mucho más importante- afirman los que piensan de otra manera- y es   lo que  causa reverendo temor a la clase política: el derecho que les asistirá a los guerrilleros de las Farc para ocupar posiciones en el Congreso”. ¿Cuál es el temor- preguntaba una reconocida  periodista barranquillera en su columna titulada ¿Y tú qué haces por la paz? ¿por qué le tienen ese pánico a las Farc transformadas en movimiento político regular?

“En el fondo- agrega la columnista-  supongo que es porque se saben privilegiados y que el acumulado es fruto de  la desigualdad rampante que han mantenido como sistema  socio-económico para la mayoría”. Totalmente cierto, apuntamos nosotros. Sin duda, ese pánico tiene su trasfondo: no querer por ningún motivo que lleguen otros al dominio que por largos años, décadas, han ostentado a costa del erario, vale decir, del erario salido de nuestros propios bolsillos.

Si a los muchísimos, millares de colombianos que han  sido víctimas del terror de la guerrilla en más de 50 años, se les preguntara están de acuerdo o no con el acuerdo de paz entre las Farc y el Gobierno, seguro estoy que más del 90 por ciento responderá que sí. Las encuestas y las consultas que desde hace años se vienen haciendo siempre han  dado una respuesta positiva en la búsqueda de esa paz. Y sería entendible, que quienes han sufrido directa o indirectamente el rigor de secuestros, muertes, desapariciones y toda clase de violaciones dijeran lo contrario. Y que no quisieran que los guerrilleros sean perdonados, ni indultados, muchos menos que tuvieran posibilidades de llegar a posiciones de mandatos en el país. Pero vemos que quienes han padecido todo el rigor de tales males, no solo dicen estar dispuestos a perdonar, sino a conciliar con quienes fueron sus victimarios. “Queremos una Colombia en paz, sin más guerra fratricida; queremos una Colombia limpia de muerte y violencia, una Colombia donde quepamos todos”.

No hay peor guerra que la guerra misma. Nadie gana, todos pierden. Lo dijo el Presidente Juan Manuel Santos: “las Farc han muerto. No hay más guerra”. Y lo ratificó Iván Márquez. “Con la paz,  se gana la más bella de las guerras, la paz misma”.