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El paro y el movimiento en la lucha de los universitarios

En la batalla que libran los universitarios por mayor presupuesto para la Universidad Pública, se pueden utilizar diversas formas de lucha, entre las cuales la movilización de las masas debe ser la principal. Con las mayorías estudiantiles, profesorales y de trabajadores apoyando, se hace menos duro alcanzar el objetivo.

Es necesario distinguir entre el paro como forma de lucha y el movimiento de masas, esta última la mejor estrategia para obtener resultados positivos ante el gobierno. Resulta evidente que la lucha de masas tiene un propósito común que une a todos los estamentos: la necesidad de incrementar el presupuesto para la Universidad Pública.

Se comprobó en las movilizaciones del 10 de octubre (un ejemplo de participación masiva), que ese propósito es popular, que une a todos, debido a la certeza de la importancia de la educación pública para los sectores populares, como medio de movilidad social y de redistribución del ingreso nacional a favor de los estratos con más dificultades.

El movimiento que se acaba de iniciar tiene un gran potencial, sobre todo si se hace lo correcto. Es posible convertirlo en una gran movilización masiva a nivel nacional, si no se comete el error de cortarle las alas a la participación de la gente, es decir, a los estudiantes, profesores, trabajadores y a la ciudadanía en general.

Para lograr eso, es pertinente evitar que algunos utilicen métodos de lucha ya desgastados (como la papa u otros de corte violento), porque estos alejan a las mayorías, e impactan negativamente en la ciudadanía externa, generando desprestigio, y porque sirven, además, para justificar las respuestas represivas del Estado.

Hay que implementar formas que no ahuyenten a la gente, que la mantengan ahí, pendiente de la defensa de la Universidad Pública. En tal sentido, el paro no es la mejor estrategia, porque disgrega en vez de aglutinar. El paro sume en la desolación a la universidad, reduciendo la participación al liderazgo, y a otras personas que se irán alejando a medida que pase el tiempo.

El paro no es el movimiento, pues este último está más allá del simple paro. El movimiento de masas tiene el potencial de integrar a las mayorías universitarias (por la justeza de su propósito), y de ganar la simpatía de los ciudadanos externos, por la conexión que existe entre el interés de los universitarios y el de los integrantes de la mayor parte de la población.

El paro no es el movimiento y viceversa. Contrario a lo que piensan algunos, el paro se puede convertir en el principal enemigo del movimiento, al dividir a sus participantes, y al convertir a las universidades en campos desolados, en moles con sillas tapando las entradas. Y esto es así porque su efecto en la universidad es distinto al de un paro en una fábrica o un banco.

En una fábrica o un banco, un paro indefinido hace mucho daño, y golpea sobre todo a los propietarios o a los patronos. En una universidad pública, el golpe es más general, y su efecto negativo hiere a los grupos que, supuestamente, se defienden, aparte de eliminar a la academia. El principal damnificado, aunque no lo parezca así, no es el Estado, sino el movimiento de masas.

Con el paro indefinido, se pone en alto riesgo la construcción de ese movimiento, que empezó tan bien con la toma de las calles el 10 de octubre. Pero, así mismo, peligra el semestre académico, y peligran los sueldos de los contratados, a nivel de profesores y estudiantes vinculados a la universidad.

Eso, que para algunos no es tan importante, para otros sí lo es, y provoca división y desmovilización, aunque los afectados no se pronuncien. En este sentido, el paro no es un aliado de la movilización de masas, sino uno de sus peores enemigos.

Lo ideal sería tener en cuenta todos los intereses implicados, y actuar en consecuencia. El eje transversal que une y moviliza a la mayoría es la lucha por mayor presupuesto para la Universidad Pública. La mejor estrategia para adelantar esa lucha no es el paro, sino la movilización de masas.

En consecuencia, es pertinente levantar el paro indefinido para continuar luchando en las calles, en los centros comerciales, en los parques, donde sea, pero con las masas. Hay que saber combinar academia (clases, investigación, extensión…) con la batalla por el presupuesto, quizás como nunca se había visto en la universidad.

Hay que usar la reflexión reposada para actuar de acuerdo con lo que más conviene, para conseguir el triunfo para la Universidad Pública, para defenderla y fortalecerla en beneficio de todos sus estamentos, y de los sectores populares.

Defender el paro indefinido como si fuera un principio inamovible es un error fatal que puede conducir al desastre; defender la lucha de masas, pacífica, como principal forma de presión es el camino menos traumático para alcanzar el objetivo.

Las movilizaciones masivas del 10 de octubre están ahí, aún frescas en la memoria, para corroborar esta verdad. ¿Por qué insistir en un paro indefinido que destrozará la movilización y dividirá a los participantes? ¿Por qué no reflexionar, con calma, en lo que más le conviene al movimiento?