El país en manos del todo vale
Es necesario hacer un poco de historia para comprender mejor lo que ocurre ahora en Colombia. En la época de los dos gobiernos de Álvaro Uribe Vélez, sectores del establecimiento acuñaron una fórmula que se volvió recurrente en los medios de comunicación: el todo vale.
El todo vale tiene su origen en el hecho de que desde el Estado se promovían toda clase de comportamientos ilegales, y hasta delincuenciales, bajo la justificación de enfrentar al terrorismo. Pero terroristas no eran solo las guerrillas, sino todo sospechoso de concordar con ellas o de hacerle, supuestamente, el juego a su política.
En el combate contra todo lo que oliera a terrorismo, Uribe y los suyos utilizaron la mentira como estrategia desinformadora, emitieron globos engaña bobos, persiguieron al periodismo crítico, acosaron a la justicia y promovieron crímenes de toda índole.
Esa fue la triste época del DAS de Noguera y Hurtado, institución que se alió con la delincuencia común para espiar, perseguir y asesinar profesores, periodistas, jueces y a todos sus reales o potenciales enemigos. Las chuzadas, y otros crímenes de esos aciagos años, tienen en la cárcel o huyendo a varios alfiles del jefe que pone los votos.
Esos fueron los tiempos del asesinato en masa de jóvenes inocentes, y de las masacres de pueblos enteros. Los falsos positivos, y los demás delitos de lesa humanidad, preocupan mucho hoy a quienes los alimentaron en el pasado cercano, y por eso tales señores de la guerra se han vuelto demasiado alérgicos a la justicia transicional.
No parece ser casual que, desde el regreso del uribismo y el resto de la ultraderecha al poder, se hayan recrudecido los asesinatos de los líderes sociales, y las violaciones sistemáticas al Estado Social de Derecho que se plasmó en la Constitución de 1991.
Es decir, para nada es casual el regreso del todo vale, repotenciado por las votaciones del plebiscito y de la elección presidencial que sacó triunfante al señor Duque. Saber que medio país apoya lo que sea con tal de derrotar la amenaza terrorista, ha hecho casi imparable el nuevo asalto al poder de las hordas uribistas.
La opción política y del diálogo; la estrategia de fortalecimiento de la legalidad y de las instituciones para desarrollar la democracia y combatir la desigualdad y los demás problemas sociales, parecen cerrarse cada vez más ante la fuerza de los proyectos autoritarios y totalitarios que yacen en las testas de la ultraderecha.
El incumplimiento de los Acuerdos de Paz de La Habana; la promoción de militares de perfil fascista, comprometidos en probables delitos; el nombramiento de funcionarios que no creen en la ley ni en las instituciones, sino solo en su ideología de tierra arrasada, son síntomas muy definidos de la ruta que sigue el uribismo, remasterizado, en el poder.
Lo que ocurrió recientemente con Andrés Felipe Arias encaja con la política de todo vale que patrocina Uribe, y que acatan sus alfiles. Arias delinquió para su jefe y para su grupo, como lo hicieron en su momento Noguera y Hurtado, ahora tras las rejas.
Y lo que toca no es que se aplique la ley (pues el uribismo no cree en esta), sino defender al exministro como sea, contra las leyes, los magistrados, el periodismo independiente, o lo que sea. El respeto por las normas constitucionales y legales, y el comportamiento decente son un chiste; presentar a Arias como una víctima, como un ser impoluto perseguido por los enemigos, es lo que toca.
Si hay que mentir y tergiversar, no importa. La masa se traga lo que sea, con tal de que lo diga Uribe. Arias fue golpeado por dos miembros de la alianza que ahora domina el poder: el Procurador Ordóñez y la Fiscal Morales. ¿De quién es víctima Andrés Felipe? ¿De los enemigos o de los aliados de Uribe?
¿Por qué Uribe y los suyos tratan a Arias como un héroe, cuando se demostró que era un delincuente? ¿Por qué dicen que es un perseguido político, si quienes lo sancionaron son amigos del jefe? ¿De qué lado está la mentira? ¿Del lado de los magistrados o del lado del campeón mundial del todo vale?
El uribismo se tomó otra vez el poder, y ya sabemos lo que nos espera como nación. El pasado se proyecta en el futuro con una potencia que preocupa. Esa gente no se detiene ante nada ni ante nadie, con tal de cumplir sus designios.
El país en manos del todo vale remasterizado corre un peligrosísimo riesgo.