El ‘marxismo’ de los pilotos de Avianca
¿Se justifica siempre protestar?, ¿tenemos siempre el derecho de juntar a un puñado de personas que nos hagan el eco y ponernos a marchar? La santa protesta, hurtada en un pintoresco barrio periférico de una ciudad cosmopolita al proletariado de Marx, está hoy en manos de jóvenes acomodados, encerrada en la casita de los espejos del progresismo liberal por allá en los empoderados confines del internet, donde manda la clase media alta y poco más. Protestar es, hoy por hoy, un asunto de identidad, no de causas, con consecuencias muy reales.
Desde luego no todas las protestas son igual, no siempre las motivan ideales abstractos como la igualdad o la paz, esos que no se alcanzarán jamás sin solucionar los problemas reales de un sistema con falencias, ¿quieres ayudar al mundo? Piensa como matemático o apoya al político que lo haga más. A veces las marchas y las manifestaciones de rebeldía encierran reclamos tangibles, prácticos, discernibles, más allá de que sean justificables o no, al menos en esos casos entendemos el porqué de la rabia
-¿Qué quieres cambiar?
-Pues que me paguen más
-Va, pues yo también, a protestar.
Entonces, ya habiendo escapado al abismo metafísico de los reclamos de los jóvenes esbeltos y caucásicos del primer mundo, victimizados por sus ojos claros; pasamos a las protestas en las que de verdad se reclaman cosa y a esas va encaminada la pregunta ¿se justifica siempre protestar?
Vivimos en peligrosos tiempos de inclusión extrema y alarmante victimismo. Si hoy los negros salen a marchar por las desventajas que ser negro tiene para su población, habrán blancos a su lado llorando aún más que las minorías mismas y, casi con seguridad, a alguien se le ocurrirá protestar por los problemas que los blancos enfrentan al ser juzgados por las ventajas que les da su piel, todos somos víctimas.
El problema es que si abres unas puertas es difícil establecer el criterio para cuáles cerrar. ¿Es igual de válida la valiente protesta que los campesinos de Colombia protagonizaron en 2013 frente al paro que un puñado de pilotos de Avianca protagonizan en 2017? Hemos desdibujado tanto las fronteras de lo bueno y lo malo con el paño de la tolerancia que ya ni sabemos juzgar.
En 2013 los pilotos de Avianca, a través de otra organización sindical la Organización de Aviadores de Avianca (Odeaa) ya habían exigido un aumento salarial muy por encima de la miseria que el trabajador nacional promedio se tiene que aguantar. En esa época –hace cuatro años- ya se ganaban 13 millones promedio, en palabras dichas por el mismo presidente de la organización, José María Jaimes.
Cuatro años después –y habiendo recibido su aumento en 2013- uno solo puede imaginarse que, en promedio, estén ganando efectivamente los mentados 20 millones de pesos que tanto suenan en cuanta tertulia de pasillo e internet se refiere al tema. Y nuevamente la pregunta ¿se justifica la protesta en el segundo país con los ingresos más bajos de Latinoamérica?, los pilotos hacen parte de una élite privilegiada que goza de vidas ricas y plenas que la mayoría de los colombianos promedio se van a morir sin conocer, vidas de las que se quejan por ser demasiado ocupadas pero cuyos privilegios no pueden entender metidos en sus burbujas de clase alta.
Se quejan de que en otros países en donde opera Avianca los salarios son mucho más altos. Si bien hacen falta cifras exactas para saber qué tan ciertas son las afirmaciones de los pilotos, vale la pena recordar que Avianca tiene empresas filiales en: Brasil, Perú, Ecuador, El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua. Basta hacer un barrido mínimo por internet preguntando cuánto ganan los pilotos de estos países para ver que en todos se quejan y algunos sufren condiciones de trabajo paupérrimas, mención especial a Bolivia que protagonizó la tragedia del vuelo del equipo Chapecoense en 2016.
Como en tantas otras cosas, no existen absolutos. Los pilotos de Avianca en Colombia no son los que más ganan en Latinoamérica, pero tampoco son los que menos. Su lucha es la lucha que mueve a todos los seres humanos de una forma u otra, quieren ganar más plata y si para ganar más plata les sirve quejarse pues se quejarán ¿Es eso loable?
El asunto es ¿nos queda aún la capacidad para determinar en qué momento es justo protestar? Con riesgo a sonar antisindical o paramilitar, me temo que si usted ha llegado en la escalera de ingresos hasta los 20 millones de pesos debería quédese ahí quietico y calladito a ver si los demás algún día alcanzamos a llegar, no desgastar las herramientas de reclamo social en su avaricia personal. A ver si le devolvemos las armas del pueblo al pueblo, aunque ya las hayamos dejado oxidar…