El Frente por la academia en la Uniatlántico
Casi siempre que los medios mencionan a la Universidad del Atlántico es para referirse a sus dificultades: que el tropel, la toma, que el pasquín y la pelotera interna entre sus agentes. Que los malos manejos, la politiquería, el clientelismo, la antiacademia.
El pasado viernes, 20 de enero, el señor Gobernador, Eduardo Verano de la Rosa, invitó a un grupo de personas de la institución para discutir de academia al interior de su despacho. Hay que agradecerle al Doctor Verano su preocupación por mantener estable a la Universidad y, sobre todo, por empeñarse en discutir con nosotros sus problemas académicos.
La cara que casi siempre permanece oculta a la ciudadanía es la de las fortalezas académicas que la institución posee. Y esto es provocado, en parte, porque lo que vende periódicos, atrae audiencia, o los periodistas consideran noticia, es aquello que menos le conviene a la institución: la pedrea, las disputas internas, o los malos manejos en que, supuestamente, se ven envueltos algunos directivos.
Pero, a pesar de todos los problemas, la institución sigue avanzando en lo que realmente importa, que son sus procesos académicos: en ella trabajan los mejores docentes que es posible conseguir en la región, los cuales participan en los 62 grupos de investigación categorizados por Colciencias, y en otros más.
Entre estos, 3 grupos obtuvieron la categoría A1, 8 la A, 8 más la B, 32 grupos la C y 11 la categoría D. La institución cuenta, también, con 20 grupos de investigación de fortalecimiento institucional y 200 semilleros de investigación en las diversas facultades.
El trabajo de los grupos de investigación se ve reflejado no solo en la docencia sino en las revistas, algunas de las cuales han alcanzado estándares nacionales e internacionales, y aparecen registradas en importantes bases de datos de circulación global.
También el esfuerzo de nuestros profesores y estudiantes se proyecta en la participación en eventos académicos nacionales y mundiales. El año que ya pasó, 346 ponencias fueron presentadas por los estudiantes de nuestros semilleros en diversos certámenes, 37 docentes se movieron a nivel nacional para participar en congresos u otra clase de escenarios, y 61 profesores salieron al exterior a mostrar sus trabajos en otros países.
La mala imagen que hemos vendido hasta ahora ha provocado el ocultamiento de los proyectos de proyección social ejecutados, de los programas de educación continua ofrecidos y de todas las labores de extensión que la Universidad desarrolla, en beneficio de la ciudadanía.
De igual manera, poco o nada se sabe de los 62 proyectos de investigación que se ejecutaron en el 2016, 56 de ellos con recursos internos y 9 con recursos externos. Tampoco a nadie parece interesarle que la Universidad tenga abiertos 47 programas de pregrado para servir a los jóvenes costeños, y que lleve a cabo 35 programas de postgrado.
La institución avanza académicamente, a pesar de las dificultades, y una prueba de eso es su intensa actividad intelectual, y la acreditación de 8 de sus programas, así como los progresos en los informes de autoevaluación en 14 carreras de pregrado ante el Consejo Nacional de Acreditación, y el de los 17 programas que están en proceso de autoevaluación, con miras a la acreditación, en esta última instancia.
Si no pensamos a la Universidad del atlántico como nicho para la academia; si no entendemos que su razón de ser se centra en la academia, podremos perder el norte y deslizarnos hacia donde se deslizan siempre los politiqueros y clientelistas, es decir, hacia convertir a la institución en un simple instrumento de sus intereses ideológicos, políticos o económicos.
La Universidad no fue creada para que una élite politiquera saque provecho de ella, sino para servir a las mayorías regionales, que la tienen como su única oportunidad para recibir una educación superior de buen nivel, tanto para cambiar su vida como para mejorar a la región y al país.
Para los académicos, la Universidad es su principal proyecto de vida como escenario de la ciencia, el conocimiento, la docencia, el arte y la cultura. Para los politiqueros que quieren tomarse la institución, su principal proyecto de vida no es la academia sino su partido, su ideología o lo que puedan obtener para llenar sus bolsillos.
Sobre todos estos asuntos fuimos a dialogar con el señor Gobernador Verano con franqueza y preocupación. Por eso concluimos que se requería crear un gran frente o bloque por la defensa de la academia en la Universidad del Atlántico, pues esta se haya asediada por la presión de los politiqueros que la sabotean y que no dejan que se desarrolle como es debido.
Un gran frente por la defensa de la academia que esté más allá de las ideologías, de las posiciones políticas y de los intereses creados (diferentes a los académicos) que se expresan al interior de la institución.
Y que esté siempre abierto hacia todos los que quieran participar en la defensa de la educación pública, sin ninguna clase de moralismo, pero teniendo claro que la politiquería, el clientelismo y la corrupción (que provocan estos) son los verdaderos enemigos de la buena marcha de la academia.
Un frente para estimular la libertad de cátedra, la libertad de expresión, de pensamiento, pero que respete el funcionamiento adecuado de la administración, la cual debe avanzar al margen de las distorsiones inducidas por la politiquería, el clientelismo y los corruptos.
Hay que cambiar la imagen de la Universidad ante la ciudadanía, y para eso se hace necesario que los medios sepan ver y que destaquen el rostro académico de la institución, las cosas buenas que ella tiene como el más importante centro de educación superior de la Región Caribe.
Pero para eso también se requiere que dentro de la Universidad lo más importante sea garantizar el adecuado funcionamiento de los procesos académicos, que deben avanzar sin los problemas que generan la violencia, la politiquería y el clientelismo.
La verdadera razón de ser de la Universidad del Atlántico es la docencia, la investigación, la extensión y todo cuanto gira alrededor de esos ejes. Si logramos ver (como mayoría) que tales procesos deben operar lo mejor posible, al margen de cuanto los destruya o distorsione, habremos conseguido el objetivo de posicionar a la academia como algo que no se puede destruir.
Este es el gran propósito del Frente por la defensa de la academia que está surgiendo en la Universidad, más allá de las diferencias ideológicas y políticas, y al margen de los apetitos politiqueros y clientelistas de algunos agentes internos y externos.
La defensa de la academia como principal razón de ser de la institución requiere entenderla como nuestro principal proyecto de vida y comprender, también, que la Universidad del Atlántico no es patrimonio de las élites politiqueras, sino de la mayoría de la comunidad universitaria, del pueblo costeño y de las autoridades comprometidas en su defensa y progreso.