Share:

Dueño del balón, pero sin contundencia

Independiente de si fue legal o debió invalidarse el gol del Unión en el juego clásico, lo cierto es que Junior de nuevo volvió al empate. Ante los samarios, el empate es el número seis que acumula en las doce fechas que ha jugado. Esto significa que en tal guarismo se han escapado doce puntos posibles; claro no se pretende que todos los gane. Pero de local ha desperdiciado puntos importantes que en este momento lo tendría clasificado a los cuadrangulares. Y esos puntos dejados de acumular en casa han sido desperdiciado por falta de goles en posibilidades muchas que ha tenido.

La falta de un verdadero goleador  en el plantel  es parte del déficit. Pero igual hay que anexarle la forma de juego que despliega el equipo en la cancha. Si bien es inocultable su dominio en posición del balón, tampoco podemos negar que el exceso de posesión y la regresión en demasía de la pelota le resta oportunidades.

Junior que terminó el año anterior mostrando un despliegue futbolístico de buen manejo, posesión y avances, ha revertido en gran parte tal condición. Ahora prefiere no correr riesgos y adopta medidas que resultan improductivas y que desagrada al público por el exceso de devoluciones del balón, aun estando en posición clara ofensiva. Pareciera que sus atacantes tuvieran temor de rematar al arco. Esa falta de confianza en sí mismo es uno de los factores negativos que la afición exige sea cambiado mentalmente.

Con Hinestroza, uno de los pocos que se atreven a disparar, aun en posición incómoda pareciera ser la excepción. Igual la decisión de Cantillo que con remates fuera del área intenta suplir en parte la falta de decisión de sus compañeros de ataque. Junior que por momentos mostraba buen promedio de anotaciones ha venido disminuyendo en las estadísticas dado el conformismo que le enmarca cuando tienen una mínima diferencia

En el caso correspondiente al clásico ante Unión Magdalena, la del miércoles fue una repetición de lo acontecido una semana atrás en Santa Marta. A pocos minutos de la final, Junior es sorprendido al bajar la intensidad en las marcas. Hay jugadores que se quedan enganchados arriba y no regresan a colaborar en el medio o la zona defensiva. Por ello se ve el equipo acorralado y sin claridad para contragolpear.

Hay quienes cuestionan severamente al equipo no solo por la falta de contundencia que no permite mayores victorias, sino también por  la pérdida de ese fútbol exquisito y armonioso que enamoró el año pasado y que le llevó a ganar la octava estrella. Y se establecen comparaciones entre lo que realizó Julio Comesaña y lo que ha hecho ahora Luis Fernando Suárez.

Si bien se ha logrado una marca de invicto (12 juegos) en comienzo de un campeonato, las últimas muestras del plantel no ha sido del total agrado. Ni siquiera el triunfo 3-0 frente al Huila dejó plena satisfacción. Hubo baches futbolísticos en el encuentro aunque ello fue disimulado ante la necesidad que se tenía de volver a ganar tras cinco empates consecutivos.

Si bien creemos que el clásico ante Unión quedó marcado por dos acciones del segundo tiempo: la expulsión de Sambueza y el gol que no debió ser validado, Junior  está dando muestras de debilidad en los tiempos finales de los partidos. No creemos justa la expulsión del jugador rojiblanco en una jugada que no fue mal intencionada sino accidental y que no fue medida como otras que los “bananeros” cometieron a los locales y que el árbitro dejó pasar. Junior deberá corregir su forma de afrontar a los rivales porque le están cobrando lo mínimo en las fricciones. Las expulsiones se han hecho costumbre y las consecuencias no se han hecho esperar.

Al margen de estas consideraciones se requiere mayor compromiso de los jugadores para no seguir entregando ventajas. Y aprovechar todas las oportunidades de marcar goles, especialmente en los primeros tiempos cuando parece actuar con mentalidad más meridiana, toda vez que en los tiempos finales el conformismo parece adormecer en sus laureles con lo mínimo conseguido.

Hay un compás de espera que deberá darse el próximo martes frente al equipo Melgar  en la Copa Libertadores. Junior enfrenta al rival peruano  en Arequipa, Perú. Está obligado a ganar o ganar si aspira a seguir metido en la pelea. Caso contrario estaría prácticamente eliminado de la Libertadores. En tal caso deberá concentrar entonces toda su energía en las Liga colombiana donde pese a todo se mantiene en los primeros puestos.

Como coletazo final, los directivos del club deberán comenzar a alzar la voz ante la Comisión Arbitral de la Dimayor, para que errores garrafales de “árbitros y jueces novatos” o malintencionados, no vuelvan ocurrir en contra del onceno juniorista.