Democracia representativa y corrupción
Las elecciones normalmente son las ocasiones para ajustar o corregir la manera de conducir los asuntos públicos o de la ciudad, esta última entendida como sociedad o Estado; tal como en la Grecia antigua, cuna de la democracia.
Comencemos por el tema de la corrupción que, siguiendo los sondeos, no figura a la cabeza de la lista de prioridades tanto de los electores como de los abstencionistas, pero sí su generalización en la práctica político-administrativa se prosigue, corremos el riesgo que tales comportamientos den al traste precisamente, con la ya degastada democracia.
El peligro, ha sido sin embargo, bien detectado por la ciudadanía y denunciado por los mismos políticos, periodistas y numerosos comentaristas, lo que prueba que la sociedad busca protegerse así sea mínimamente de este flagelo.
Ahora, tal como escribía por este medio recientemente Milton Zambrano, la culpa viene de arriba, pero también y sobre todo de abajo, es decir, de los mismos electores que venden su voto. De mi parte agregaría que si el mal es multifacético, éste se anida en la modalidad misma del ejercicio de la democracia actual y más precisamente en su variante representativa. Para intentar hacer más explícito este propósito, tenemos que tocar un poquitín la historia y mirar de reojo algunas definiciones:
El poder en general puede definirse en una forma simple y un tanto tautológica con la fórmula: poder es poder hacer. En cuanto al ejercicio del poder político, éste se escinda en lo que va de nuestra historia en dos generalidades: Dictadura y democracia. La primera derivando en la segunda a medida que el ejercicio singular del poder le da cabida a otros actores. Por ejemplo, cuando el monarca absoluto fue obligado a compartir el poder o a componer con otros nobles o con el clero como sucedió en Inglaterra desde 1215 , y que más tarde, se le multiplicó la dosis, al tener que hacerlo con los plebeyos.
Quitando el registro aristocrático, las democracias (gobierno del pueblo), también conocieron restricciones, como las censitarias donde el derecho de voto era condicionado al monto de la riqueza del votante, la exclusión del voto femenino, el apartheid…etc. Lo cierto es que en esa conjugación del singular al plural, la democracia muchas veces es descrita como la dictadura de las mayorías.
Pero dejemos aquí este catálogo institucional, porque lo que nos interesa decir es que tanto la dictadura como la democracia conocen y practican ampliamente la corrupción, incluyendo los resquicios de esas monarquías, como recientemente en España, con el escándalo de su Infanta o el de la realeza inglesa enterrando algunos activos financieros en los paraísos fiscales…
Incluir a los monarcas y emperadores en la antigüedad en cambio, es sin embargo delicado al menos desde el punto de vista jurídico, mas no práctico, porque siendo estos en primera y última instancia la ley, -que determina lo punible o lo admitido-, es decir, que confunden de hecho, persona, poder y ley. Esto no quiere decir que no existieran leyes en semejantes contextos, solo que quien las emiten es el propio soberano y en este trajín, nadie, ni en el peor de los delirios puede imaginar a este personaje promulgando una ley, donde él mismo se prohíba meter la uña en la alcancía del Estado.
Así, emperadores, reyes, reyezuelos a la manera de un jefe de bandidos disponían como bien se les diese en gana de las riquezas expropiadas o conquistadas a sangre, hacha y fuego, recuperadas con la sutil persuasión del miedo o constituidas con las exigencias de tributos e impuestos, bien que matizadas con la legalidad y la justificación de los gastos públicos y militares.
Podemos argumentar que este flagelo es mundial, la calamidad es que muy probablemente seamos los primeros en los montos del defalco público, por ejemplo los 8.016 millones de dólares de sobrecostos en la ampliación de la refinería de Cartagena, Reficar; el escándalo del cartel de la hemofilia y los robos en la gobernación de Córdoba, la Autopista del Sol, etc. Pero lo que preocupa altamente es que la institución que esta censada reprimir estos actos, tiene algunos de sus más eminentes miembros acusados igualmente de corrupción. Lo que nos pone sobre el tapete la siguiente pregunta ¿es un problema de los individuos o es un problema de las instituciones y su funcionamiento? Si estamos prevenidos y somos conscientes de lo que describe Francis Fukuyama (2012) a propósito del nepotismo: los humanos somos naturalmente propensos a favorecer nuestros aleles cromosómicos más próximos, o dicho de otro modo: nos inclinamos a beneficiar a nuestros parientes más cercanos, por extensión a los amigotes y a nuestros compinches políticos, solo que esta propensión natural y hasta bienvenida va la mayor parte de las veces en contravía del interés general, es a la sociedad entonces, de inventar la manera de sacarle esquiva. Pero la democracia representativa va más allá de sus esperanzas perversas.
Por ejemplo, el primer ejemplo de comportamiento general de fraude lo dan los políticos, no que roben, hay muchos que son pulcros y sin reproche, sino en un hecho más transcendental, como es el incumplimiento casi sistemático de sus promesas electorales. Incumplir una promesa o como dijo un político en Francia, “las promesas comprometen solamente a quienes las escuchan” es un fraude político, moral y ético y sus consecuencias desencadenan una dinámica inconsciente y consciente fatalmente destructora para cualquier sociedad y sus democracias. Un voto no valiendo nada, ni comprometiendo a nadie, se resiente como una pérdida de tiempo, haciendo calcular a un elector landa, al menos si me pagan 50 000 pesos o menos, me pagan la molestia de desplazarme hasta las urnas. Ahora, visto del político corrupto, hacer una inversión para pagar dicha molestia y para alcanzar unos cien mil votos que le aseguren su curul, necesita unos cuatro mil millones de pesos, financiar tal suma, no es para sacar estrictamente el monto de lo invertido y solo apostar por una ostentación de poder, ¡No! El político que compra el voto aspira a multiplicar su inversión robando muchísimo más. Reviniendo al elector, es lo que dice Zambrano, entre más robo al erario, menos inversión en infraestructuras, menos escuelas, menos salud, perjudicando de contragolpe al mismo elector que vende su voto, para colmo, éstos en la mayoría delos casos son extremamente vulnerables económicamente. El incumplimiento de las promesas electorales, compra de votos y robo administrativo, hace que se cree un círculo vicioso que gira cada vez con más ímpetu y velocidad, o visto con otra metáfora es la serpiente que se muerde la cola hasta la nuca; lo que nos lleva a retomar el problema de la democracia representativa.
Es curioso notar que ninguna legislación en el mundo contemple una ley que prohíba o castigue el incumplimiento de una promesa electoral; cuando mentir a un elector, es arrebatarle con engaños, al menos temporalmente, su parcela individual de soberanía política. En el mejor de los casos, existe la posibilidad de la revocación dispendiosa en diligencias y tiempo, en el peor, es esperar cuatro o cinco años para cambiar de opción y sancionar al mentiroso en las urnas. Pero como se ha visto, una vez un político en el poder, tiene el sartén por el mango, sobre todo si tiene una firme vocación a la corrupción, con el robo o el tráfico de influencias, el poder burocrático, la capacidad de ofrecer contratos públicos, de comprar o nombrar jueces a su conveniencia, de inspirar terror y otras posibilidades extremas que concede el poder, puede hacer maravillas, comprar congresistas para modificar la constitución para poder repetir mandatos y hasta pernotar a perpetuidad en el poder, como se ve en algunos países africanos. La toma del poder les da manera de revolotear todavía y todavía en el poder.
Esta ausencia generalizada de represión al fraude político se debe a que en el momento donde la burguesía le confiscó el poder a la aristocracia en América del Norte y en Francia, por conveniencias del poder económico que montaba en régimen, no se escogió el modelo de democracia directa y con obligación de mandato, es decir con el mandato de medios y resultados de cumplir lo que se había prometido. Se escogió la modalidad de democracia representativa, donde el individuo una vez elegido, no representa más lo que había dicho y prometido, el representa el interés supremo dela nación, con este argumento imparable en el contexto, adiós promesas mi hermano. El resto del mundo siguió el ejemplo, incluido el régimen soviético, es lo que vamos a explicar en una segunda parte.
1) Carta Magna en 1215.
2) ZonaCero. « Fiscal dice que corrupción de Reficar es la más grave y pide severidad”. 18 de Enero de 2018. http://zonacero.com/?q=generales/fiscal-dice-que-corrupcion-de-reficar-es-la-mas-grave-y-pide-severidad-99047
3) Fukuyama Francis. « Le début de l’histoire. Des origines de la politique à nos jours ». Trad. “El principio de la historia. Desde los orígenes de la política a nuestros días ». ». Ed. Saint-Simón. Paris, 2012.
4) ficanas.blog.lemonde.fr/. « Les promesses n’engagent que ceux qui les écoutent. ». 2012/03. http://ficanas.blog.lemonde.fr/2012/03/14/les-promesses-nengagent-que-ceux-qui-les-ecoutent/