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Del estadio, la grama y la boleta

En Colombia cada día aparece algún tema de moda del que hay que comentar. Pero sin duda que en los últimos tiempos, el centro de atención es la corrupción. No porque se ponga de moda, porque de eso, hace rato que se viene hablando o denunciando, sin que haya consecuencia alguna de los responsables.

Está en todas partes: En la política, en lo social, en la salud; en fin, en los servicios y en las contrataciones. Las famosas coimas, que generan en derroche miles de millones hasta pasar a billones de pesos. La sangría es general. Ahora en el deporte también se ha descubierto la tramposería, vale decir el engaño que al final de cuenta también forma parte de la corrupción.

Y el caso al que queremos remitirnos es el que tiene que ver con la ciudad de Barranquilla. Por aquello de ser sede de la Selección Colombia que participa en las eliminatorias mundialistas a Rusia 2018. Para el juego frente a Brasil, la Superintendencia de Industria y Comercio puso el dedo en la llaga al “descubrir” que la boletería correspondiente a la ciudad sede fue entregada a los conocidos “revendedores” en un claro negocio de la empresa Ticket Shop que pretextó haberse agotada la boletería vía internet apenas unos minutos después de haberse abierto la página web.

La estafa fue de gran magnitud, al punto que muchas personas que habían pagado vía internet recibieron como respuesta que no había boletas y fueron vilmente estafadas sin poder presenciar el partido de Colombia frente a Brasil.

Como medida de corrección la Super obligó a la Federación Colombiana de Fútbol a cambiar de operador para el juego venidero frente a Paraguay el 5 de octubre. “Tu Boleta” fue la empresa escogida; cuando “Tu Boleta” también es reconocida por actos similares en la venta de la boletería del club Junior. Como para “dorar la píldora” y evitar suspicacias, la Super decidió que las 6 mil boletas correspondientes a Barranquilla se vendan de una manera muy particular: primero los interesados (la afición) debe inscribirse en largas filas ante los contenedores ubicados en el parqueadero del Estadio Roberto Meléndez y en las afueras de la oficina de “Tu Boleta” localizada cerca del Parque Washington.

Decidió dos días para hacer las largas, sofocantes y agotadoras filas en horarios de 8 de la mañana hasta  las 6 de la tarde. Esto es apenas un primer paso. Ya que después de que usted se inscriba, deberá esperar un día específico cuando se anunciarán los nombres de los ganadores, es decir usted debe rezar para que su nombre, como  en el juego de la lotería, salga entre los sorteados. Y solo tendrá derecho a 2 boletas cuando en principio se dijo que se venderían 4 boletas máximo por persona.  No importa que usted, como muchas personas, incluso algunas venidas de otras ciudades del Caribe hayan estado días y días haciendo fila para obtener la bendita boleta.

Lo curioso es que del total de  las 46.699 -del supuesto aforo del estadio- (la capacidad real es casi de 50 mil), 22. 816 las vende “Tu Boleta” a aficionados del interior del país;  5.900 boletas son de cortesía, es decir son para regalar. A los clientes de Bancolombia se les reservan 4.000. Otras 2.600 son para los patrocinadores; 1.500 para los jugadores y cuerpo técnico; 2 mil son para venta a terceros por parte de la Federación. Para palco occidental se reservan 542 y 431 para palco oriental, 407 son para la prensa, 389 boletas de cámara y 114 para discapacitados.

En las últimas horas (el miércoles último) la inscripción y la fecha del sorteo para la venta se aplazó 24 horas  porque se descubrió una especie de bloqueo en el internet para los cuentahabientes de Bancolombia a los que les corresponden 4 mil boletas.  Todo esto nos lleva  pensar en la “jueguito malévolo”  contra los intereses de una hinchada que además de pertenecer a la Casa de la Selección, debería tener prioridad ante todos los demás aficionados del interior del país.

El segundo tema tiene que ver con el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez que ha sido banco últimamente por algunos detalles como el deterioro en parte del techo, con láminas partidas y coladeras que afectan a los aficionados, especialmente a los de tribuna occidental; y el desaseo y falta de mantenimiento en los baños y baterías en las tribunas.

Y como si fuera poco, quizás lo más preocupante el estado de la grama de la cancha. Sometida a una resiembra, o cambio de grama hace unos 7 meses, la cancha no presenta homogeneidad en consistencia, ni verdor. Se detectan baches en varios lugares a lo largo y ancho, el verdor no es igual y el terreno es de color blanco amarillento. Además no es consistente el terreno en varias partes. A tal punto que pueden suceder casos como el reciente de Teófilo Gutiérrez que desperdició un penalti  porque su pie de apoyo se hundió a la hora de patear con la derecha, enviando el balón sin dirección.

Aunque el propio jugador intentó justificar el hecho señalando que “el terreno está perfecto” y que fue él quien cobró mal el penalti, todos los asistentes al partido y los entendidos, saben que el estado de la cancha no es el mejor.  La firma Equiver, encargada del mantenimiento y de la nueva grama a través de su gerente ha dicho que se debe al proceso de maduración de la grama. Igual concepto ha emitido Gonzalo Baute, Secretario de Deportes del Distrito.

Lo cierto de todo es que tanto el estado de la cancha, el estadio mismo y sus alrededores es ahora una sumatoria a la malintencionada venta de la boletería para los juegos de la selección y de lo cual la Federación Colombiana de Fútbol no puede eludir responsabilidad afirmando  que es ajena, toda vez que es la entidad encargada de la organización del certamen eliminatorio.

El fútbol, en este caso las eliminatorias en lo que a la Selección Colombia se refiere, tampoco escapa al molde de corrupción que nos caracteriza no solo a nivel nacional sino también en el ámbito internacional. Y es obligación de todos, desde el gobierno  y de Fedefútbol tomar  medidas urgentes para corregir que no sigan empañando certámenes como las eliminatorias, en las que el gran perjudicado es sin duda, la afición deportiva y en grado sumo, la hinchada barranquillera y la propia ciudad.