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“Del Chateo al Bateo” del Junior para el Medellín

Tan famosa y de moda la palabra “Chateo”, resultante del apellido Chará y el nombre Teófilo, las dos grandes figuras del Junior y del fútbol colombiano este último semestre, que ya se ha vuelto incómodo para muchos en el balompié nuestro. Tanto así que a muchos comentaristas y periodistas del interior del país, les resulta incómodo pronunciar este vocablo. Prefieren pronunciar los nombres completos Yimmi Chará y Teófilo Gutiérrez para referirse a la actuación de cada uno de ellos cuando el equipo está en la cancha.

Duele tanto a esos periodistas reconocer la formidable llave de estos dos jugadores que al momento de comentar una jugada en la que Teo y Chará tienen presencia, prefieren hacer comparaciones y hablar de otras duplas en la historia del balompié colombiano.

Pero igualmente, tan de moda es el denominado “Chateo”, que, los equipos rivales se han preocupado en preparar a sus jugadores para afrontar esta máquina de fútbol de los junioristas. Y una de las principales armas para contener a Chará y Teófilo es la del juego violento. Tal como ha sucedido en los últimos partidos del cuadro barranquillero, bien en la liga como en la Copa Colombia. El fútbol es de y para hombres, dicen quienes lo juegan, pero si es verdad que se vale el juego de pierna fuerte, otra cosa es la maldad intencional para lesionar al rival.

En los partidos frente al Medellín, ambos celebrados en la capital antioqueña, defensores del cuadro de la montaña no han tenido contemplación. Teófilo ha sido blanco de patadas malévolas, igual que Yimmi Chará. Sometidos a la violencia se les ha intentado aniquilar el poderío futbolístico. La muestra última sobre Chará  es la más reciente prueba.

Y en ese sentido, el equipo rojiblanco ha sido demasiado noble. Quizás porque el armonioso juego que despliega no le anima a responder de la misma manera; quizás sea porque  no tiene en sus filas, por lo menos no se distingue, un jugador que haya intentado responder el “ojo por ojo, diente por diete”. Tal vez el de más temperamento lo sea Luis Narváez quien por momentos parece decir “aquí estoy para hacernos respetar”. Muy frío el equipo en ese sentido, ni siquiera el capitán Sebastián Viera se le ve reclamar con vehemencia como cualquier otro líder en la cancha.

Hay quienes prefieren un Junior apacible y medido como este de Comesaña y no otro de más temperamento y respeto como aquel de José Varacka en los años 77 y 80. Lo ideal es tener un equipo con las dos condiciones: que juegue bien y desespere al contrario, pero que también se haga respetar cuando sea necesario y haga respetar a los jugadores hábiles y desequilibrantes como Teófilo, Chará, Jarlan y Díaz. 

Todavía falta camino por recorrer en este Junior que atiende tres frentes de alta competencia. El primer gran paso se ha dado para lograr el primer objetivo. El empate en Medellín deja en inmejorables condiciones al onceno “Tiburón” para lograr el primer objetivo. El 8 de noviembre podrá darse la primera gran celebración para la hinchada: el título de la Copa Colombia. Y quedar listos para la Liga, en busca de la octava estrella. Pero no hay que dormirse en los laureles, ni creer que ya todo está ganado. Además del rival, Junior tiene que tener en cuenta otro “enemigo” como son los árbitros. Históricamente Junior es el equipo que más perjuicios ha recibido de los jueces colombianos. Resultaría inacabable señalar tantos acontecimientos en tal sentido.

Además es el club menos agradable para la crónica deportiva del país. Los ejemplos son muchísimos también. Por eso, no nos extrañó nada que curtidos comentaristas de la radio y especialmente de la televisión que hicieron por ejemplo un escándalo con el caso de Teófilo en el juego en el que fingió una agresión  y que le mereció una sanción de 4 fechas y más de 40 millones de pesos, hayan hecho oídos sordos y cerrados sus ojos ante la simulación gigantesca del jugador Rodrigo Erramuspe en la supuesta falta de Ávila y que sancionó el árbitro Carlos Betancur como penalti.

En el caso de Teófilo, no dejaron pasar minutos en la misma transmisión para afirmar que fue una simulación que merecía todo el castigo disciplinario y monetario. En esta ocasión, tratando de mostrarse imparciales dijeron que no era clara la jugada pero que parecía haber una sujeción del defensor  del Junior. ¡Hipócritas..!  He ahí el criterio periodístico interiorano que no juzga ni califica de igual manera. Muy por encima, prevalece el criterio, disfrazado quizás, en un falso regionalismo en procura de intereses de los clubes cachacales.  A esos criterios se suma el ignorar las fallas de jueces de líneas y árbitro central que, como en el juego ante el DIM, no solo sancionó un penalti  inexistente, sino que ignoró una mano enorme de un defensor del poderoso que sí debió ser sancionado como penalti. Y para rematar, dejó prosperar el juego violento y mal intencionado de los rojos de la montaña.

Pero aunque siga causando ronchas, el “Chateo”, de aquel primer juego y que esta vez se convirtió en “Bateo” (Barrera-Teo) para el gol del empate, seguirá dando de qué hablar. Y desde luego con el nombre y los colores rojiblanco del Junior  para mayor mal de los “enemigos gratuitos del  equipo.