De todo un poco
Reflexionando un poco en la Semana Santa que nos invita a apaciguar ánimos y acrecentar la espiritualidad, hemos preferido dedicar estas líneas a hacer análisis de situaciones actuales que se viven en nuestro país. Dos frentes nos llaman la atención por lo que pueden significar en tiempos cercanos. Uno, la próxima jornada electoral para alcanzar la Presidencia de la República. Dos, el momento deportivo que viven, la selección Colombia lista para asistir al campeonato mundial de Rusia, y el Junior, club que mantiene expectante a la hinchada barranquillera ante la posibilidad de la octava estrella.
En lo político, es sin dudas, las estrategias y argumentos que desenvuelven de una enredada madeja los protagonistas al solio presidencial. Son seis, siete o diez los candidatos inscritos oficialmente en la Registraduría. Pero son dos los candidatos que parecen ensañados en la dura lucha dado las supuestas preferencias del pueblo.
Los nombres de Iván Duque y Gustavo Petro parecen acaparar las preferencias y decisiones de las gentes. Y según los especialistas, son estos dos los llamados a la gran final por el título de Presidente.
El primero, pupilo escogido por el ex presidente Álvaro Uribe Vélez con la esperanza de proseguir un mandato que en ocho años ostentó y que aún parece mantener en medio de un país dividido bajo su influencia. No cabría en ningún espacio la cantidad de señalamientos e investigaciones que sobre Uribe Vélez pesan y se adelantan desde hace años. Pero es tan grande su poder que sigue orondo y altivo paseándose por calles y veredas sin que nadie sea capaz de llevarlo a los estrados judiciales para someterlo a una sentencia definitiva.
Y acorazado por “sirios y troyanos” de la justicia, el ex presidente sigue desafiando la voluntad de todos. Hoy su pupilo, al que califican de títere y muñeco de ventrílocuo, luce envuelto en esa gran coraza de su jefe. Carente de un discurso, con verdadero contenido social, convierte en diatribas los argumentos aconsejados por el ex presidente. Y, los fundamenta en ataques personales sobre la calidad su rival al que califica de guerrillero, de comunista y de que querer implantar el modelo socialista del fracasado Hugo Chávez y hoy Nicolás Maduro.
Y con frases amedrentadoras quiere imponer al pueblo el “terror” de que Colombia si vota por Petro se convertirá en otra Venezuela. Terror que pretende hacer mella en la gente con mentalidad mediana y de escaso análisis de profundidad social.
En una de sus últimas desafortunada alocución Iván Duque a manera de burla preguntó a Petro que ¿cuántos bultos de aguacates necesitaría para reemplazar un barril de petróleo? En un afán por hacer quedar en ridículo a Petro quien ha dicho que para la gente es más importante la agroindustria que la industria del petróleo.
En las mismas redes sociales le enseñaron a Duque que un bulto de 50 kg. De aguacate en los Estados Unidos tiene un precio de 500 mil pesos mientas que el barril del petróleo es de 185 mil pesos.
No pretendemos defender ni asegurar que el programa de gobierno de Petro es más importante y valedero que el de Duque. Simplemente creo desagradable los argumentos con los que el candidato del expresidente pretende acaparar la simpatía del pueblo colombiano, que dicho sea de paso, tampoco es muy creyente de las que se consideran manipuladas y sesgadas encuestas de las últimas semanas bajo el amparo de los grandes empresarios y medios de comunicación.
Selección. Y como no todo es política, es también necesario meternos un poco en el orden deportivo. Bajo el influjo de buenos resultados en las recientes fechas FIFA con triunfo frente a la poderosa Francia y empate ante Australia, también es bueno reflexionar para no creer que somos equipo para figurar entre los grandes favoritos.
La experiencia nos enseña que esta creencia no es aconsejable. Para el mundial de Estados Unidos 94 tras la aplastante derrota que Colombia propinó a Argentina 5-0 en el propio monumental de Buenos Aires, hasta el Rey Pelé nos calificó entre los favoritos para ganar. El despertar no pudo ser más triste luego de la eliminación en la primera ronda.
Tenemos sí buenos jugadores, hay armonía y equilibrio en el equipo. Y contamos con un excelente cuerpo técnico. Pero no soltemos campanas al vuelo. Dejemos que sea el tiempo el que nos demuestre si el técnico José Pékerman y los futbolistas escogidos son los que realmente lo merecían. Seamos sí, optimistas, pero no exageremos creyéndonos los mejores de todos.
Y de nuestro Junior ¿qué? La hinchada no termina de convencerse. Si bien, como afirman a nivel nacional, tenemos la mejor nómina del torneo, es en la cancha donde se confirma la apreciación. Y hasta ahora, Junior no lo ha hecho. Unas de cal y otras de arena. La derrota humillante frente a Envigado desdibujó enormemente la confianza que comenzaba a afianzarse entre el público. Resultados frente a Rionegro y Equidad, aún en calidad de visitante no convencieron. Rivales a los que debió superar solo arrojaron sendos empates y contados dos puntos para la tabla cuando debieron ser seis.
Además existen dudas por la capacidad de jugadores claves como Teo Gutiérrez y “El loco” Álvez. El primero por las seguidas muestras de cansancio o lesiones que no le dan continuidad en todos los partidos. El segundo por su ninguna capacidad goleadora de la que vino precedido. A todo ello se suma la falta de actitud en la cancha de muchos de los jugadores bien de la plana mayor o del llamado segundo equipo.
Es por eso que se hace urgente un cambio de mentalidad. Los partidos y los títulos se ganan con actitud y profesionalismo total y no creyendo que con el nombre y el color de la camiseta lo tenemos todo ganado.