De la Niña Emilia a Alberto Gamero
Dice el refrán popular que “muerto el toro, acabada la corrida”, pero en el caso del Junior el espectáculo circense, porque Junior hace bastante rato no es más que eso un circo, el “espectáculo” parece no tener fin. Los payasos del equipo ni siquiera poseen la capacidad de divertir a la gente. El gran mérito es el de acabar con la paciencia de sus seguidores. Ahora acaba de cerrarse otro capítulo más de la novela que semestralmente nos ofrecen los dueños del club, tiempo máximo otorgado a los técnicos de fútbol contratados para el onceno rojiblanco.
Después de Alexis Mendoza a mediados del año anterior, llegó Giovany Hernández y siguió en turno Alberto Gamero, exitoso joven entrenador campeón de liga con Chicó Boyacá y campeón de Copa Colombia con Deportes Tolima. ¿Quién seguirá en turno? Acaso, Julio Comesaña- el más opcionado y a quien ya comenzaron a denominar el “Bombero” por aquello de apaga fuego. ¿O Leonel Álvarez, aquel que en el 93 dejó tirado al Junior por un puñado de dólares más ofrecido por el cartel de Medellín?
Coincidiendo con la serie de la Niña Emilia, bajo el título de “Déjala morir” que se cerró la noche del pasado viernes, dos días después, el domingo culminó en Junior la temporada para el técnico samario Alberto Gamero. Curiosamente la serie de la Niña Emilia tiene como fondo musical sus interpretaciones en la que famosa cantautora recrea el ambiente con el grupo “Soneros de Gamero”. Al equipo que dirigió apenas en cuatro meses Alberto Gamero, también se le llamaba los “Soneros de Gamero”. Se creyó entonces que así como muy bien sonaba la música de la Niña Emilia, así sonarían los triunfos del equipo rojiblanco.
Y una de las más escuchadas canciones de la cantante revivida en la serie que exitosamente transmitió Telecaribe, fue “Se va, se va, se va mamá..” la misma sonó y bastante seguido con la partida del entrenador samario. En las redes sociales y medios radiales jocosamente las notas de “Mi papá tenía un defecto/ que no se amarraba el calzón/ se la adjudicaron por similitud a Gamero, quien en el plantel no supo amarrarse los pantalones y se dejó perratear de los jugadores.
La diferencia entre la corta serie de la Niña Emilia con la corta historia de Gamero, es que mientras la primera copó la atención de miles de televidentes especialmente de la Costa Caribe, la del entrenador fue triste y vergonzosa. Los protagonistas de la novela se robaron todos los aplausos y reconocimientos por cada actuación. Los intérpretes (jugadores) del equipo se robaron todo el desprecio rayando en el odio de una afición que creyó y confió en ellos y que nuevamente volvió a ser desilusionada como lo ha sido en los últimos años.
Pero también lo que más molesta al público es que al técnico Gamero se le impidió trabajar y llevar a cabo un proyecto que pudo haber sido exitoso como lo fue en el Chicó y el Tolima. Todo porque un grupo de jugadores entre quienes se anuncian Mario Sebastián Viera, “Andrés El Pecoso” Correa, Michael Rangel, Jorge Aguirre, Deivy Balanta y uno que otro más le “hicieron la rosca” al técnico; unos porque no fueron rigurosamente titulares y otros porque nunca estuvieron de acuerdo en las dobles jornadas de trabajo de Gamero.
Lastimosamente un mínimo grupo se impuso aun mayor plantel que igual debería sentirse avergonzado por haberse dejado manejar por los llamados “rosqueros” del equipo. Y desafortunadamente el entrenador confió siempre en las “buenas intenciones” de sus dirigidos que hipócritamente decían ser obedientes. Y como siempre, la cuerda revienta por lo más débil, no quedó otra alternativa que salir de Gamero en vez de echar del plantel a los cinco ó seis jugadores que desestabilizaron al equipo.
El gran interrogante es ¿Qué viene ahora? La incertidumbre se aumenta día a día y la desilusión se acrecienta en la hinchada. Ya este semestre como los otros tantos anteriores parece estar perdido. Los directivos en cabeza de su máximo accionista parecen afirmar “hemos cumplido, les prometí muchas figuritas y se las contraté”. Las muestras son evidentes, las figuritas no han sido más que eso, figuritas.
¿Será acaso que con Julio Séptimo o Miguel Ángel Octavo, se volverá a situar al equipo en los sitiales de privilegios que le historia le reconoce? ¿O por el contrario seguiremos sumando más vergüenzas a nivel nacional haciendo ver al Junior como un equipo chico?