¡De aquel ”Ciclón samario”, solo ha quedado una leve brisa..!
Duró más un merengue en la puerta de un colegio que la ilusión del equipo costeño en seguir compitiendo en el fútbol profesional colombiano. Fue una temporada efímera de ilusión. La celebración del ascenso a finales del año pasado llenó de regocijo no solo a la ciudad de Santa Marta y todo el Magdalena, sino a toda la Costa Caribe. Después de trece años de ausencia del espectáculo de primera división, el diciembre último fue toda una fiesta costeña y el renacer de esa pasión que la hinchada creyó permanecería por siempre. Nadie quisiera entonces saber de competencia de segunda categoría.
Vana creencia. Unión Magdalena fue apenas un remedo. En sus filas, un goleador como Ricardo Márquez, artillero de la segunda división y la enjundia a lo largo del campeonato del año pasado, les auguraban tiempos de gloria al jugador y al propio equipo. Y en ese entusiasmo comenzó la temporada del 2019 teniendo como escenario el nuevo estadio Sierra Nevada. Pero muy pronto comenzó el desencanto. Unión ganaba partidos esporádicamente y perdía más seguidamente, especialmente en su propio patio donde los rivales del interior llegaban para hacerle la fiesta.
Pese a todo, hasta faltando dos fechas se tenía la creencia de poder seguir en la división mayor. Aquel encuentro frente al Bucaramanga que tenía en el bolsillo se convirtió en una amarga derrota que señalaría definitivamente el camino al descenso. En menos de tres minutos perdió un partido que le aseguraban tres valiosos puntos. En aquel encuentro pudimos ver a un equipo sin carácter, sin decisión, falto de actitud y sin esa verraquera que en tiempos pasados caracterizaba a los bananeros. Mientras se creían ganadores, los jugadores del Unión marcaban de mirada, veían correr a su rival y no entregaban esa cuota extra que deberían entregar para sostener la victoria.
Entonces, mientras veía el partido a través de la televisión, recordé aquella frase que en Barranquilla se hizo célebre desde hace muchos años: “Unión Magdalena solo se prepara para ganarle al Junior”. Ante los tiburones entregan hasta la última gota de sangre. La verraquera va de principio a fin y en cada pelota disputada dejan alma y cuerpo. Pero eso solamente parece ser el objetivo de los samarios en cada encuentro frente al Junior. Si al menos en algunos partidos en su propio patio se hubieran entregado con ese pundonor y orgullo-seguro estamos- que hoy el onceno del Magdalena seguiría siendo de la primera división.
Y mientras revivimos imágenes de este vergonzoso torneo para el Unión, acuden a la mente aquellos recuerdos de los años sesenta, setenta y más acá cuando frente al rojiblanco se protagonizaban los verdaderos clásicos del fútbol colombiano. Y recordamos aquellas tardes dominicales en el Romelio Martínez en épocas de los Pipico, Odacir, De Luque, Chapa Salla, Aurelio y Justo Palacio, Pablo Huguett, Vilarete, Raúl Peñaranda, Jailton Do Santos, Luis Carlos Franca, Manuel Manjarrés, Los Montufar, Arango, Illidge, los Cevallos, Viloria, Quarentinha, Iris Britto, Wagner Rodríguez, Obdulio Torres etc. Y más acá, los Valderrama, Quiñónez, Leo Hernández, etc. etc. Enfrentados a las figuras del cuadro rojiblanco en los que Toño Rada, Dida, Airton, Dacunha, Pardo, Segrera, Segovia, Calixto Avena, Valentín y otros tantos y tantos, hacían las delicias esplendorosas de fútbol y espectáculo.
Sin importar el candente sol ni el torrencial aguacero en la 72, igual el espectáculo estaba garantizado. Por eso, hoy nos llena de nostalgia y tristeza ser testigos de un cuadro samario plagado de errores en vez de virtudes, de desgano en vez de actitud, de desvergüenza en vez de pundonor y orgullo. No importando que fuera nuestro “eterno enemigo” para los barranquilleros, seguro estamos, era y es siempre ´preferible tenerlo en competencia como el quizás único aliado del Caribe para enfrentar toda la jauría cachaca.
¡Qué tristeza..! Tener que irnos acostumbrarnos a ver a nuestro contendor costeño en una división de segunda que en nada hace honor a uno de los emblemáticos e históricos equipos de nuestro país. Para la temporada 1995/96, la Dimayor implementó el nuevo sistema de descenso mediante la tabla de promedio, consistente en la sumatoria y división del puntaje por partidos jugados de las últimas dos temporadas y luego de quedar en el puesto 14 del campeonato con 44 puntos, el Unión descendió a la Primera B, tras ser último de la tabla de promedio con 1,099 contra el 1,138 del Atlético Huila.
Pasaron entonces seis años (2005) para un segundo descenso que se extendería por trece años. Y ahora después de un primer semestre ajustado y un final desastroso regresa al abismo. Tanto en la primera ocasión a pesar de tener una buena nómina, como en la segunda y esta por tercera vez, se debió -según se dijo entonces y se sigue afirmando- al pésimo manejo administrativo que lo aquejó. Es hora, según nuestro criterio, que los dueños y directivos del club vecino sean cambiados. La afición samaria y el periodismo deportivo de Santa Marta deberán pronunciarse severa y contundentemente. Exigiendo a los manejadores del plantel, una verdadera vocación de competencia y profesionalismo. Para que entonces Unión Magdalena vuelva a ser considerado como el Gran Ciclón que fue. Para orgullo de los suyos y de toda la costa. Y como verdadero aliado de un Junior en la Costa Caribe.