Constituciones a la medida
Constituciones a la medida. Asambleas Constituyentes por conveniencia. Este es uno de los problemas que ha aquejado recientemente a la democracia latinoamericana. Y es que con la creación de una nueva Carta Magna, no se arreglan de forma mágica, ni inmediata, los problemas de un país. Por el contrario, esta especie de fetichismo normativo que sufrimos, nos ha hecho más de una vez incurrir en el error histórico de creer que el problema está en la Constitución y no en nuestras élites dirigentes (los gobernantes) o en el pueblo mismo (los gobernados). Es el caso de Venezuela, en donde lo que debe enmendarse es la sociedad y no el papel.
Hoy, un Nicolas Maduro inmensamente desgastado en imagen, con escasos márgenes de gobernabilidad y con un país que se hunde cada día más en sus altos índices de violencia urbana; pretende salvar lo que queda del proyecto pseudo-bolivariano, a punta de una nueva Constitución. Esa misma, bajo la cual el propio Hugo Chavez Frías se amparó tantas veces. Esa con la que orgullosamente el actual Presidente venezolano también respaldó tantas de sus decisiones.
Si bien no podemos negar que en ocasiones los países excepcionalmente pueden llegar a requerir de una nueva hoja de ruta, como lo que sucedió en Colombia cuando la Constitución del 86 era anacrónica e incapaz de responder a las demandas de una sociedad que había evolucionado con una serie de problemas que más de 100 años antes, no eran si quiera contemplados. Lo cierto es que en Venezuela el escenario es totalmente distinto, pues la convocatoria de una nueva Constituyente no nace de la necesidad de escuchar a diferentes sectores poblacionales que buscan representación sino por el contrario, de acallarlos. El objetivo del oficialismo es silenciar a los diferentes, negarle una voz a la Oposición.
Lo que ocurre en el vecino país es grave. La comunidad internacional debe estar atenta y vigilante, porque la inestabilidad que acarrearía una Constitución casi que exclusivamente elaborada por Maduro y sus secuaces, traería consecuencias a largo plazo. ¿Hasta cuándo perdurará el caos en Venezuela?, no lo sabemos, pero por lo pronto, enfoquemos la mirada en esta propuesta, que de materializarse conllevaría a que la recuperación de nuestra nación hermana tome muchos años más. Y en la misma medida, que los daños que han sufrido sus instituciones políticas sean bastante más difíciles de reparar de lo que imaginamos.