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¡Con licencia para ofender!

¿Más condenable el episodio de Teo a esposa de Ovelar o los repudiables calificativos de Abel González  a la mujer?

 

 

No es mi costumbre involucrarme en temas escabrosos sin contundentes argumentos que tengan que ver con hechos familiares o personales de gente que tengan o ejerzan  alguna influencia de tipo social o cualquier otra índole.

Me refiero en este caso al particular en el que los protagonistas son figuras del equipo Junior.  Ellos: Teófilo Gutiérrez, Roberto Ovelar y James Sánchez.

El escándalo suscitado en las últimas semanas por un filtreo de Teo a la esposa de Roberto Ovelar y en la que también se incluye una supuesta relación amorosa entre el propio Gutiérrez y la esposa de Sánchez, se constituyó en todo un episodio novelesco que parece aún no llega a su último capítulo.

Cuando digo -supuesto- lo hago basado en las declaraciones que entregó a la revista Miércoles de El Heraldo, la señora Karina Barros, esposa de James Sánchez. Sostiene que nunca ha conocido ni menos tenido algún tipo de relación con Teófilo. Que de él sabe que ha jugado en el extranjero y que es compañero de su esposo James. Deja en claro que su matrimonio atraviesa por excelentes momentos y las notas publicadas en redes sociales de internet no son más que chismes y ofenden su dignidad  y buen nombre. He ahí un primer mentís que deja sin fundamento publicaciones en las redes por personas inescrupulosas y con propósitos oscuros.

Pero más allá de este punto, hay otros en los que es menester intervenir con criterio propio sobre el particular. Bien dice el refrán que La palabra tiene poder. Tal parece que una sola palabra, una sola que sepamos porque no se ha dado a conocer más, fue la piedra del escándalo. Esa palabra fue 0LA. Así escrita, sin H, en el twiter de Teófilo y aparecido en la red de la esposa de Ovelar. Más que criticar la mala caligrafía de quien escribió la palabra (referida entonces a las olas del mar) y no al Hola (saludo) creo que cualquier persona con algún grado de educación, así sea de primaria debe saber cómo debe escribirse la palabra hola.

Si bien los asuntos de parejas, personales y familiares se dice que no corresponden ser publicadas  por parte de los periodistas, es importante recordar que al entrar a campo abierto, es decir al hacerse públicas, en el caso que nos referimos el periodista está facultado para darlas a conocer. Eso es parte de su trabajo como comunicador. Los deportistas profesionales como Teófilo, Ovelar, Sánchez y cualquier otro del club Junior, dejan de pertenecer al entorno familiar y se convierten en personajes públicos, por lo mismo que se deben a un público y mucho más si son considerados ídolos. Desde luego al hacer pública una noticia de tal magnitud, deben guardarse normas de respeto y dignidad. Sin entrar en detalles morbosos, tendenciosos o con el ánimo de causar algún impacto social.

Lo grave en este caso especial es que algunos, por no decir muchos periodistas, especialmente del deporte parecen regodearse calificando, agrandando, sentenciando y complaciéndose con el   oprobio, el morbo e irrespetando la dignidad que merece toda persona. Aprovechar los medios de comunicación para “sentar cátedra de moralidad”, predicando y lejos de practicar normas de moral y buenas costumbres es más reprochable creer tener la verdad y la potestad para usar términos morbosos y denigrantes contra el ser humano y más si es la mujer. Mucho, pero mucho más si corresponde a un profesional con muchísimos años de ejercicio periodístico.

Explicar o aceptar una acción de un hombre que ciertamente o supuestamente faltó el respeto, morboseó o insinuó a una mujer de un amigo o compañero porque la dama luce vestido corto, propio de su condición de modelo  o por lucir la belleza escultural de su cuerpo no nos parece justificable desde ningún punto de vista. Pero resulta más denigrante si dicha “justificación”  se hace con frases como “es que la mujer se viste mostrando las nalgas y sus partes íntimas y eso a cualquier hombre lo  enerva a punto de llevarlo a la excitación”.

Frases parecidas fueron utilizadas por un experimentado comentarista de radio que tratando de mostrarse como el plus ultra- en un ya tradicional sentido egocentrista del que todo lo sabe- quiso dictar cátedra moralista sin recato alguno en términos ofensivos a la mujer. Desde luego, no se hizo esperar la respuesta en las redes sociales contra las ofensas al género femenino. Hasta un reconocido periodista como Jorge Cura Amar, director del Noticiero de la misma empresa radial, rechazó y dejó sentada su posición frente a la brutal manera de calificar a la mujer por parte  del periodista en mención.   

Pretender justificar la falta de respeto cometida contra la mujer del goleador paraguayo Roberto Ovelar, es, por demás, indignante. Nada justifica el hecho de que alguien intente coquetear a la mujer de su compañero, más aún si quien comete la falta dice profesar la Palabra de Dios.

“Más reprochable resulta el hecho de que desde unos micrófonos, bajo una completa morbosidad, se pretenda señalar a la mujer como provocadora de la falta por el simple hecho de lucir su contextura física. El irrespeto total hacia ella lo hizo Abel González Chávez describiendo el físico de la mujer, de manera despectiva, con un tonito de burla, pero, sobre todo, cargado de un inusitado morbo”, publicó Jorge Cura en su nota del portal de Zona Cero titulada “Los  repudiables comentarios de Abel González Chávez”.

“El hecho de que González Chávez emita su programa por Emisora Atlántico no significa que esté trabajando con nosotros ni mucho menos sea compañero nuestro”, puntualizó Jorge Cura Amar.

Importantes medios de comunicación y las redes sociales de internet a nivel nacional han hecho eco y condenado las tan aberrantes manifestaciones del director del programa Satélite. En Barranquilla, periodistas no deportivos y los deportivos afiliados al Colegio Nacional de Periodistas  y de la Acord han solicitado públicamente un pronunciamiento de dichas entidades pidiendo sanciones para el comentarista y como en el caso de Acord Atlántico hasta la expulsión de dicho organismo.