Con Gustavo Cuéllar, devolvemos parte de lo que Dida dio al Junior
Cincuenta años después que Junior mostrará en sus filas al que es considerado quizás el mejor jugador extranjero pasado por sus toldas, Dida, el club rojiblanco parece devolverle el favor a uno de los clubes más emblemáticos del Brasil como lo es el Flamengo. Favor con nombre barranquillero: Gustavo Cuéllar.
Que sepamos, Cuellar es el primer futbolista de La Arenosa en militar en el Flamengo de Rio de Janeiro. Sobra desearle el mayor de los éxitos en el reconocido club brasilero.
En 1966 cuando regresó el Junior a la competencia profesional en Colombia luego de una ausencia de 12 años, la afición barranquillera fue premiada con la contratación de tres baluartes brasileros, entre ellos el más emblemático de la historia: Edvaldo Alves de Santa Rosa, mejor conocido como Dida. Los otros dos excelsos jugadores fueron Othón Alberto Dacunha y Airton Batista Do Santos.
Estos tres mosqueteros fueron sin duda, las estrellas que brillaron con el uniforme rojiblanco y que mostraron al país el verdadero fervor por una divisa. Y desde luego, sin temor a equivocarnos, Dida fue el que mejor embrujó a la hincha, a tal punto que hoy medio siglo después quienes tuvimos el privilegio de verlo jugar, reverdecemos grandes tardes de un fútbol pletórico en el Estadio Municipal Romelio Martínez. Tiempos de romanticismo y exquisitez que aún añoramos y que quisiéramos volver a vivir.
A los treinta años, Dida, convertido desde 1954 hasta 1963 en el más grande ídolo del Flamengo y superado luego solo por Zico años después, fue vendido al Sao Paulo donde permaneció tres temporadas hasta cuando fue contratado por Junior. Poco conocida su exitosa carrera deportiva en Colombia, directivos como Alberto Mario Pumarejo, Imre Danko y el entrenador brasilero Marinho Rodríguez de Oliveira, aprovecharon un momento crucial para traer a Dida, adelantándose al Santa Fé que intentó su concurso pero en trámites telefónicos, mientras los junioristas lo hicieron personalmente y con la marmaja en mano.
Airton Batista fue el más costoso: 23 mil dólares pagados al Flamengo, seguido por Dida por el que se pagó al Sao Paulo 16.500 dólares y Othón Dacunha comprado al Olaria en 5 mil dólares. Desde los entrenamientos en el coliseo de la 72 y con el debut mismo el 8 de mayo del 66 frente al Unión en un partido que finalizó sin goles, este astro brasilero, Dida, de diminuta estatura ( 1.65 mts.) hizo enormemente grande su calidad. Se convirtió en la alegría de cada juego del Junior, capaz de hacer delirar a la afición con sus malabares y goles.
De cabeza, ganándole a defensores de casi dos metros, de pique cortó desdibujando dos y tres rivales, gambeteando por izquierda o por derecha, colocando pases precisos para que Toño Rada rompiera redes y elevándose en vertiginosas maniobras para rematar de chalaca y anotar increíbles goles, Dida nunca se cansó de alegrar al público. Siempre tenía genialidades y muchas veces por eso fue sacado en hombres del propio estadio por la fanaticada.
De sus 33 goles, 21 en el año 66 y doce en el 67, tres de esas anotaciones las anotó en su hoja de vida como favoritas de las que marcó en Colombia, vale decir con el Junior que fue el único equipo colombiano en el que actuó. Fueron tres goles de chalaca marcados a los arqueros Largacha del América, Jaime de Luque, del Unión Magdalena y a Adolfo Riquelme, del Bucaramanga.
En el Mundial de Suecia (1958) fue titular frente a Austria en el primer partido que ganaron 3-0. No marcó gol, pero fue importante en el triunfo. Nunca entendió porque entonces el técnico Vicente Feola lo sustituyó en el siguiente juego frente a Rusia. Pelé entró por Altafini y Vavá por él. Hay quienes dicen que Dida fue reemplazado por Pelé quien a partir de entonces se convertía en la gran figura mundial.
Su sueño de ser ingeniero se truncó cuando Flamengo lo fichó en 1954. La pobreza de sus padres Jaime y Erlinda lo motivó a decidirse por el fútbol, pero aún retirado de su actividad deportiva, guardó la ilusión de estudiar la ingeniería.
El 5 de noviembre de 1967 jugó su último partido con Junior. Se despidió con un gol anotado a los 30 segundos al arquero Luis Reyes del Medellín en la victoria de su equipo 3-0. Debió partir a su país por una calamidad doméstica en su casa en Brasil.
Dos años militó en el Junior, tiempo suficiente para admirar su grandeza, pero insuficiente para seguir con el deleite que aún se mantiene vivo en la mente de quienes tuvimos la fortuna de verlo jugar.
Hoy, 50 años después, Barranquilla parece decirle a Brasil y más especialmente al Flamengo, le devolvemos con Gustavo Cuéllar, parte de esa grandeza futbolística que nos entregó el ídolo Dida. Cuéllar, de corte distinto al del brasilero, podrá no tener la virtud del astro carioca, no posee la habilidad y el dominio del balón, ni los goles que convirtieron a Dida en un verdadero genio, pero el atlanticense tiene el ímpetu, la entrega y la voluntad del profesional dispuesto a triunfar. Es un todo terreno, un volante de ida y vuelta en los 9i0 minutos, con proyección y llegada de gol. Ojalá que su ilusión de triunfo, se acerque aunque sea un poco a esa maravillosa e inolvidable jornada que en dos años nos dio Edvaldo Alves de Santa Rosa, Dida.
Si así llega a ocurrir, Colombia y particularmente Barranquilla y Junior podrán decir orgullosos, “brasileros le devolvemos parte de todo lo que su ídolo, el ídolo del Flamengo y del Junior nos dio.!”