A Colombia le sobra dignidad y le enferma la apatía
Que nos traguen las bombas, que vuelvan los atentados, que los secuestros plaguen las ciudades y que nuestras selvas se disuelvan en un mar de glifosato. Señores de las Farc, vuelvan a la selva y maten, maten mientras los matamos, que mate el ELN, que mate el Clan del Golfo, que la estirpe condenada a vagar por este suelo no tenga segundas oportunidades…
Ya basta de verdades a medias, de diplomacia, de tacto… los colombianos no somos más que la suma de la ignorancia, la violencia, la intolerancia y una completa falta de empatía y compasión, un desastre de nación. Porque, en un país en el que menos de la mitad de la población se salva de ser un completo idiota, la tendencia se impone, en Colombia los violentos son mayoría.
Basta de eufemismos para esconder la lógica de muerte que rige en este país. ¿Votar ‘No’ para renegociar? ¿Renegociar qué? Están poniendo en las manos de la guerrilla una muestra de mayor calidad humana de la que este país ha sabido mostrar, están contando con que esos guerrilleros se queden sentados esperando a que los maten a todos y sin ninguna garantía, cuando la mayoría de los colombianos no fueron capaces de hacer el esfuerzo minúsculo de estirar su mano dos veces sobre el recuadro que dice ‘Sí’, de, al menos, levantarse de la cama para decidir el futuro de millones de personas condenadas a seguir naciendo aquí.
El plebiscito solo ha servido para ser una especie de examen psicológico o, si tal cosa existe, un diagnóstico de ignorancia. Es que pensando con la cabeza, no con el corazón, son miles de millones de pesos los que se acaban de dilapidar por una capacidad atrofiada para comprender el mundo por parte de cada uno de los votantes del ‘No’ y la mayoría aplastante de apáticos que no salieron a votar.
Son más de mil millones de dólares (más de dos BILLONES de pesos) anunciados en ayudas internacionales que ya no vamos a percibir. Pero la guerra va a seguir igual y la vamos a seguir costeando, la crisis económica internacional que golpea a las economías en desarrollo (o sea toda Latinoamérica para explicar a nuestros amigos ignorantes) tampoco va a terminar por su voto desperdiciado.
La reforma tributaria ya no es tan solo una alternativa para intentar capear lo que se le viene encima a la región, ahora es una obligación. O ¿cree usted que estas cosas las impulsaba Santos porque se quiere quedar con la plata de los impuestos? También habrá sido nuestro Gobierno ‘enmermelado’ el que hizo que el dólar subiera, que el barril de petróleo bajara, que la industria china se desacelerara, que hubiera sequía desde 2014 hasta entrado el 2016.
Ahora habrá que sumar a la ecuación la ingente cantidad de dinero extranjero que se va a perder, toda la confianza inversionista ganada durante cuatro años de negociaciones, vendiendo la apariencia de ser un país cuerdo… que alejado de la realidad. La zozobra por tener un Gobierno débil, por la incertidumbre ante la posición que tomarán los grupos insurgentes… siendo un inversor extranjero, si tuviera capitales en este país ya los estaría retirando para no volver a meterlos en un buen rato.
Alguien que iba a votar por el ‘No’ y me lo manifestó antes de las votaciones, me explicó que una de sus razones era que todos los criminales de la guerrilla no iban a pagar cárcel que eso era injusto, que iba en contra de la dignidad del país, que era una humillación (una razón que además era genérica entre este grupo). Le respondí como le respondo al país entero en estos momentos: Colombia necesita menos dignidad, nos sobra y nos enferma.
Esa misma dignidad –que fue el caballo de batalla de Uribe durante toda la contienda- es por la que la gente mata al que le cruza el carro en una esquina, por la que cuando una ambulancia está pasando los carros no se apartan, por la que la gente mata al que les reclama que bajen el volumen. Por este exceso de dignidad es que las riñas son la segunda causa de muertes en Colombia.
Ya se escuchan las voces que achacan la culpa del fracaso nacional a Santos. “Debió hacerlo pasar por el Ejecutivo”, lo del presidente habrá sido un error estratégico, pero el error ético es del país, al fin y al cabo, las responsabilidades hay que ponerlas en la cabeza de quien corresponde. Si el ‘Sí’ hubiera ganado, hoy estaríamos hablando de una hazaña de la democracia.
Sin embargo, resulta difícil saber quién es peor ser humano, si los seis millones que votaron por el ‘No’ o los más de 21 millones de inútiles (porque utilidad alguna no tienen) que se quedaron en la casa o fueron a tomarse un café. Esos que, en Barranquilla, podían mojarse un poco la cabeza para decidir el futuro del país y optaron quedarse dormidos o viendo fútbol.
“Para que el triunfe el mal, solo es necesario que los buenos no hagan nada”, felicidades y “hasta aquí los deportes, país de m…”.
Nota: La mayor ironía de toda esta comedia, es que las víctimas, las que pusieron los muertos, las que tienen todo el derecho a sentir rencor y estar prevenidos, votaron por el ‘Sí’ en masa. En las zonas más golpeadas por la guerra con las Farc ganó el ‘Sí’… vergüenza.
Bojaya, Chocó: Sí: 96%, No: 4%
Caloto, Cauca: Sí: 72,9%, No: 27%
Cajibio, Cauca: Sí: 71,1%, No: 28%
Miraflores, Guaviare: Si: 85%, No: 14%
Silvia, Cauca: Sí: 73%, No: 23%
Barbacoas, Nariño: Sí: 73%, No: 26%
Tumaco, Nariño: Sí: 71%, No: 28,8%
San Vicente del Caguán, Caquetá: Sí: 62%, No: 37%
Apartadó, Antioquia: Sí: 52%, No: 47%
Mitú, Vaupés: Sí: 77%, No: 22%
Valle del Guamuez, Putumayo: Sí: 86%, No: 13%
La Macarena, Meta: Sí: 73%, No: 39%
Puerto Asís, Putumayo: Sí: 57%, No: 42%
Turbo, Antioquia: Sí: 56%, No: 43%