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COC cambia “primogenitura por un plato de lentejas”

Los méritos por resultados deportivos no son ahora los preponderantes para la designación del abanderado por Colombia en los Juegos Olímpicos. Hoy pesa más el dominio y manejo comercial publicitario del atleta. Por lo menos eso es lo que ha quedado mostrado con la escogencia del gimnasta Jossimar Calvo por encima de la múltiple campeona de salto largo Catherine Ibaraguen.

En los últimos días tal decisión ha desatado una polémica entre quienes creen que Jossimar  tiene todos los derechos de portar la bandera colombiana en el desfile inaugural de los Olímpicos de Rio de Janeiro; pero hay quienes consideran que es mucho más representativo si el estandarte lo portara Catherine. Todo de acuerdo a los resultados de uno y otro a través de los últimos tiempos.

 Si por triunfos se tratara, sin duda que la mujer de ébano no debería tener discusión alguna. No solo los títulos mundiales de Moscú y Pekin, sino también la medalla olímpica de plata en Londres 2012 y todos los otros triunfos internacionales y la cantidad de victorias seguidas desde hace más de tres años que le han situado como la mejor de la distancia en el salto largo.

Más de treinta triunfos la encumbaron en el sitial de honor en el podio y los aplausos de todos los públicos internacionales donde se presentó conquistando todas las llamadas Ligas de Diamante la colocaron como la número uno en el mundo en la modalidad del salto largo. Jossimar ha logrado dos medallas de oro en los mundiales de Eslovenia y de Brasil y muchos triunfos en Panamericanos y otros eventos internacionales. Pero en Juegos Olímpicos no tiene figuración, lo que avala en mejor forma a Ibarguen.

Lo curioso es que hoy por hoy, la decisión de escoger al abanderado de nuestro país no la tiene el Comité Olímpico Colombiano ni ninguna otra autoridad deportiva. La decisión la dejaron en mano de empresas comerciales patrocinadoras o aportantes en uno y otro deportista.

Según se ha dado a conocer, una firma comercial  de telefonía móvil como es Claro realizó una encuesta en la que se indagaba quién debía portar la bandera tricolor.  Unos dicen que dicha encuesta la ganó Catherine; pero entonces como ella es patrocinada por otra empresa comercial de competencia como Direct TV., la firma Claro escogió a Jossimar.

En las últimas horas se dijo que la encuesta fue ganada por Jossimar y por ello fue el escogido. Quienes defienden esta teoría dicen que el gimnasta obtuvo poco más de 105 mil votos y Catherine obtuvo 57 mil votos.

Sea cual fuere el resultado de los votos, nos parece que la designación no debería estar en manos de patrocinadores. Porque allí entra a jugar el dominio y poder económico o publicitario. No sabemos si por la escogencia, el Comité Olímpico Colombiano haya recibido o esté recibiendo algún beneficio cuantioso de dinero.

 Un Comité Olímpico es el que debe estar sopesando y evaluando el comportamiento y resultado de cada atleta no durante un periodo relativamente corto, sino a través de los cuatro años de preparación a la competencia y acorde con los triunfos o medallas en el  ciclo olímpico (eventos nacionales, juegos bolivarianos, centroamericanos y panamericanos), competencias internacionales y  mundial de cada quien.

Para ello existen o deberían existir comisiones especiales en el COC que registren estadísticamente cada participación de los deportistas. Porque ceder este derecho a empresas comerciales es, no solo entregar tal derecho, sino propiciar también desigualdades en competencias desleales y conflictos entre los mismos atletas. El ideal de los Juegos Olímpicos, tal como lo visionó su creador El Barón Pierre de Coubertain es el de nobleza y lealtad no deslealtad ni soborno de prebendas monetarios.  Por eso, aquel pensamiento del Barón de Coubertain mantuvo incólume por mucho tiempo ese principio de jugar limpio sin permitir manchas como las de los tiempos modernos cuando se pone a competir al deportista amateur con el profesional. Perdiéndose así  el ideario olímpico de los juegos.

Sus más de treinta victorias internacionales en forma consecutiva que la ubican en el primer puesto del mundo en su modalidad deberían otorgarle su designación como la portadora de la bandera por Colombia en Río de Janeiro. Pero otra cosa piensan quienes al frente del Comité Olímpico Colombiano traicionan el derecho natural del deportista, el del padre del olimpismo colombiano, el barranquillero Julio Gerlein Comelín y del gran padre del Olimpismo Mundial el  Barón Pierre de Coubertain. Como en la sentencia bíblica, en este caso podríamos afirmar que en el COC “se cambió la primogenitura por un plato de lentejas”.