Claudia López y la Marimonda
La senadora López se ha caracterizado, como política, por ser frentera, seria y rigurosa en sus análisis. No le ha temblado la voz al denunciar la corrupción, y al criticar en el congreso a los corruptos. Esta cualidad la ha convertido en una congresista visible, y de las más productivas y comprometidas con el cambio en las costumbres políticas.
Pero ella tiene un defecto mayor muy común en quienes se inician en las batallas que requieren contacto con las masas para obtener aprobación o legitimidad. La senadora Claudia es terriblemente impulsiva y, a veces, ese defecto de principiante suele embarcarla en líos difíciles de resolver.
Su temperamento (tan propenso a provocar embarradas) fue el que la indujo a proferir aquel tuitazo contra la Marimonda, el cual por poco le arranca un mundo de votos independientes en la Costa Caribe. Habrá que ver en un futuro si el efecto Marimonda es capaz de tumbarle su aspiración presidencial.
La senadora olfateó bien la magnitud del problema y se hizo fotografiar en un medio local con una máscara marimondil, pero todo indica que el daño ya está hecho, pues el tuitazo lesionó la sensibilidad carnavalérica, aparte de haber sido una cachacada discriminatoria.
Fue una cachacada desobligante que pordebajeó un símbolo del Carnaval y que golpeó la autoestima colectiva, pues la senadora dejó entrever en su tuit que regalarle esa prenda al Papa era casi una falta de respeto, exhibiendo un moralismo medieval y una falta de comprensión profunda del espíritu de nuestra fiesta máxima.
Fue ese moralismo exagerado el que provocó la reacción imprudente de Claudia López, pues la máscara y el disfraz de Marimonda reivindican el órgano sexual masculino, pero transformado en un fetiche inocuo que adquirió entre nosotros un sentido muy cómico y lúdico.
Es ese mensaje lúdico, fiestero y cómico el que se quiso resaltar entregándole a su Santidad un atuendo que expresa el sentido iconoclasta, transgresor e imaginativo de la fiesta más importante de Colombia. No se buscaba herir la sensibilidad moral de nadie y, mucho menos, agredir al Papa Francisco.
El pontífice comprendió con facilidad el mensaje y, de seguro, captó que la Marimonda es una representación objetivada de un jolgorio donde cualquier cosa puede ocurrir, en medio de un desorden generalmente pacífico. Es decir, de un festejo que invita al goce pagano y a la vida dionisiaca, en cuatro días que destrozan la cotidianidad y las convenciones sociales.
¿Qué quería la senadora que los barranquilleros le regaláramos al Papa? ¿Otra ruana, como lo hicieron en el macizo cundiboyacense? ¿Una bicicleta de las que usa Nairo Quintana?
No, senadora, los barranquilleros acertamos entregando un símbolo de nuestra fiesta suprema, el cual está mucho más allá de la simple representación fálica, pues expresa el espíritu antiformalista e irreverente de todo un pueblo.
La protesta costeña contra la cachacada de Claudia López ha sido justa y necesaria. Ya ella ofreció sus disculpas por la agresión, y se las aceptamos. Pero parece que su arrepentimiento (y los brincos disfrazada de marimonda) serán insuficientes para superar la base interna que originó el tuit.
La arrogancia y la impulsividad de la senadora López deben ceder su lugar a la tranquilidad y a una mayor reflexión antes de tuitear o de proferir declaraciones que se devuelven contra ella.
Ya es suficiente con Uribe y con Ordóñez calumniando y diciendo mentiras a través de los medios, como para aguantarnos ahora las cachacadas de Claudia López agrediendo a la cultura costeña.
Ella no es solo integrante del congreso, sino aspirante presidencial. En el caso de alcanzar la primera magistratura, ¿se la imaginan lanzando rayos y centellas contra las expresiones culturales que no le agraden porque no hacen parte de su universo cachacal, o porque trascienden su formación moral?
Calma, senadora, que usted es una política importante y necesaria para el país. Le queda mejor darle rejo a la corrupción que golpear con su látigo de moralismo cachacal a la fiesta barranquillera.
Ojalá esta experiencia infeliz sea útil para que surja una Claudia más reposada y menos propensa a garrotear a la Marimonda. Porque ya Colombia no soporta más políticos despotricando a través de las redes. ¿No es suficiente con aguantarnos las tonterías de Álvaro Uribe?