Barranquilla y los Juegos Centroamericanos y del Caribe
No es la primera vez (en este año 2018) que la ciudad lidera las principales competencias deportivas de los países que habitan dentro y en los alrededores del Mar Caribe y de Centroamérica. En el año 1946, Barranquilla organizó este evento, por cuanto San José de Costa Rica había declinado hacerlo.
En efecto, como consecuencia de la II Guerra Mundial, San José no cumplió con el compromiso de los V Juegos Centroamericanos y del Caribe (que habían sido establecidos para 1942), y por eso la ciudad asumió el reto en condiciones muy difíciles.
Tan dura estuvo la situación que, faltando tres meses para el inicio de las pruebas, todavía el estadio de béisbol no había sido construido. Finalmente, se pudo terminar y se le puso el nombre de Tomás Arrieta, un atleta y beisbolista barranquillero, quien fuera el primero en jugar en una liga extranjera (en Táchira, Venezuela, en 1945). Su nombre fue asumido gracias a una campaña del periodista deportivo Marco Aurelio Vásquez, más conocido como Niño Yeyo.
Los V Juegos se desarrollaron del 8 al 28 de diciembre de 1946, y contaron con la participación de 1540 deportistas de 13 países, distribuidos en 18 competencias, entre las cuales estaban el béisbol, el fútbol, el atletismo, el boxeo y el levantamiento de pesas, entre otras.
Ese evento fue ganado por Cuba, que obtuvo un total de 78 medallas, de las cuales 29 fueron de oro. Le siguió México, con 76 medallas, entre las que hubo 26 de oro. Colombia alcanzó el sexto lugar (detrás de Panamá, Puerto Rico y Jamaica), con 16 medallas en total y 5 de oro.
Un sitio importante de los Juegos fue el Estadio Municipal, bautizado con el nombre del futbolista Romelio Martínez, a petición del locutor y escritor deportivo Chelo De Castro, quien, en 1971, promovió una campaña para darle ese nombre al recinto futbolístico y atlético (en el cual también se había practicado béisbol), en razón a que el personaje había sido un renombrado jugador de balompié.
El Estadio Municipal se concluyó en 1934 para servir en los Juegos Atléticos Nacionales de 1935, y luego fue readaptado para los V Juegos Centroamericanos. Fue el primer estadio olímpico techado en el país, y su tribuna principal se realizó con el estilo art decó.
En este estadio, el equipo de fútbol se coronó campeón invicto, en un torneo de 7 oncenos que se enfrentaron todos contra todos. El primer triunfo de Colombia fue contra Curazao (4-2), y el de cierre frente a Panamá (2-1). Cabe destacar que en ese certamen hubo marcadores como de béisbol: Costa Rica 12, Puerto Rico 0; Curazao 14, Puerto Rico 0. Y, además, se permitían los empates.
Un empate con República Dominicana sirvió para darle el campeonato al país en el torneo de béisbol realizado en el Estadio Tomás Arrieta. Resulta que al final del evento quedaron igualados en puntos los dos equipos más regulares. Pero el partido final, para definir el título, no se pudo realizar porque los dominicanos adujeron que tenían su vuelo ese día y no lo podían perder.
Por lo tanto, Colombia ganó el campeonato casi por abandono, como a veces se estila en el boxeo. Pero, a pesar de esto, la novena nacional hizo méritos para conseguir el título, sobre todo mediante la actuación del lanzador Carlos “Petaca” Rodríguez, quien le propinó una blanqueada descollante al ya poderoso conjunto cubano.
En este 2018, Barranquilla es de nuevo sede de los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe. La situación es un poco parecida a la de 1946, por cuanto en esta oportunidad también se le otorgó el privilegio porque Quetzaltenango (Guatemala) no pudo cumplir el compromiso “por falta de presupuesto”.
Sin embargo, lo que ocurrió también es bastante diferente debido a que la ciudad cuenta con experiencia en la organización de eventos internacionales, con más escenarios deportivos y con más apoyo del gobierno central. De hecho, la coyuntura de los XXIII Juegos ha servido para renovar y construir varios centros deportivos, y para afectar positivamente el entorno de las zonas de deporte.
Es destacable el magnífico trabajo que se hizo en el Romelio Martínez, convertido hoy en una tacita de plata; la transformación del Elías Chegwin, dotado de especificaciones internacionales para practicar basquetbol y otros deportes, el cual cuenta, además, con un efectivo sistema de aire acondicionado.
Otro cambio trascendental se produjo en el antiguo coliseo Humberto Perea, que ahora llevará el nombre del primer campeón mundial de boxeo de Barranquilla, el boxeador Sugar Baby Rojas. Este es otro escenario polifuncional, definido por las autoridades como Palacio de Combates, pero con capacidad para albergar eventos distintos al boxeo.
La renovación de sitios deportivos ha abarcado casi todos los puntos cardinales de la ciudad, y tendrá un efecto notable sobre el ciclismo, el atletismo, el patinaje, las raquetas, la natación, entre otras actividades, pues se han construido o renovado escenarios de primer nivel, con especificaciones internacionales en todas las disciplinas importantes.
Quizás la joya de la corona sea el nuevo Estadio de Béisbol Édgar Rentería, llamado así en homenaje al mejor beisbolista profesional de la ciudad. Esta obra representa el campo de pelota más moderno de Suramérica y la cuenca del Caribe, y fue realizada siguiendo los parámetros de la organización del béisbol de Grandes Ligas.
Lo que se espera es que toda la gran inversión realizada por el gobierno en obras deportivas, para cumplir a cabalidad con el compromiso de los XXIII Juegos, sea aprovechada por la ciudadanía y, sobre todo, que los dineros públicos invertidos allí no se desperdicien por la miopía o negligencia de las autoridades futuras.
Es muy probable que Barranquilla se sobre en estos XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, si se tiene en cuenta la calidad y cantidad de escenarios deportivos y la experiencia acumulada por las autoridades que lideran el proceso, tanto las citadinas como las nacionales e internacionales.
En el 2018, los juegos van del 19 de julio al 3 de agosto, y tendrán como subsedes, para algunas disciplinas, a Cali, Bogotá y ciertas poblaciones del Departamento del Atlántico, como Tubará y Puerto Colombia. En el Coliseo Chelo De Castro, de la Universidad del Atlántico, se desarrollarán competencias de alzamiento de pesas y otras, y lo mismo ocurrirá en algunos colegios privados de la urbe con otras actividades.
Esta vez llegaron a Barranquilla más de cinco mil competidores, provenientes de 37 países, los cuales participarán en 35 deportes (y otras disciplinas), para disputar 1010 medallas de oro, 1010 de plata y 1200 de bronce. Los favoritos para ganar las justas son, otra vez, México y Cuba, los únicos países que han ganado estos juegos desde el año 1926, cuando empezaron a realizarse (Cuba lleva 12 victorias y México 10).
Se espera que después de la extraordinaria inauguración, las autoridades puedan mejorar algunos detalles que ensombrecen las justas, como la lentitud en la venta de la boletería, y la dictadura que los revendedores han montado, en los principales escenarios, contra los asistentes nacionales y extranjeros.
Barranquilla en estos XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe le ha mostrado un rostro de eficiencia y buena organización a los nativos y a los foráneos. Es posible que, al terminar las justas, estas se conviertan en las mejores de cuantas se han desarrollado, por la calidad de los centros deportivos, por la atención a los deportistas y por el trato a la ciudadanía participante.
Barranquilla se sobró como sede de los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, para bien de los barranquilleros y de toda Colombia.